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Esto es lo que significa ser mejores amigos de verdad

"Mi mejor amiga es infinitamente más que una amiga. Ha sido una hermana, una compañera de cuarto, una figura maternal y, a veces, incluso mi enemiga".

30/11/2017 07:27 CET | Actualizado 30/11/2017 12:05 CET

Michelle Zunter

¿Qué es exactamente un "mejor amigo"?

¿Es esa idea mítica de la persona perfecta que nos encantaba tener a nuestro lado en primaria o en el instituto? ¿Es una especie de premio? ¿Es lo mejor que nos puede pasar?

La respuesta a todas esas preguntas es "sí", pero también muchas otras cosas.

Mi mejor amiga me conoce tan bien como yo misma, a veces incluso mejor. Tiene otros amigos cercanos y yo también, pero si alguien me preguntara quién es mi mejor amiga, la respuesta sería ella, claramente. La respuesta lleva siendo ella casi tres décadas.

Mi mejor amiga me sacó de mis mayores pozos de desesperación cuando nadie más sabía nada. Mi mejor amiga estuvo a mi lado noches enteras cuando me destrozaron el corazón y el orgullo. Me arropó en mis momentos de mayor angustia.

Mi mejor amiga es infinitamente más que una amiga. Ha sido una hermana, una compañera de cuarto, una figura maternal y, a veces, incluso mi enemiga.

Mi mejor amiga me conoce tan bien como yo misma, a veces incluso mejor.

Me dijo la verdad aunque no me gustara. Me cantó las cuarenta cuando me ponía rebelde y cabezona. Me dijo que me estaba portando como una estúpida cuando me creía que lo sabía todo. Ha luchado y viajado por mí, me ha cuidado y, por encima de todas las cosas, nunca me ha dejado de lado.

Tras todas nuestras aventuras, travesuras y chanchullos, nuestra amistad sigue intacta. Independientemente de la distancia que nos ha separado, hemos seguido en contacto.

Dicen que el amor es eterno y coincido, pero una amistad verdadera supera cualquier clase de amor. Nos han separado miles de kilómetros, amoríos, matrimonios, divorcios e hijos, pero nuestro vínculo fraternal ha seguido intacto. Sin fisuras. Está y ha estado siempre consolidado.

Incluso a día de hoy, pueden pasar meses hasta que volvemos a hablar y siempre estamos como si hubiéramos hablado el día anterior. El momento de ponernos al día es un placer. El salseo, las travesuras que hemos hecho y pensado, sobre maridos, novios, flechazos y fantasías. Hablamos de todo. No nos juzgamos. No nos da vergüenza. Lo único que importa somos nosotras. Hablamos, nos reímos y nos provocamos. Y después colgamos hasta quién sabe cuándo.

Pero no pasa nada.

El paso del tiempo no es más que otro factor más de nuestra experimentada amistad. El caso es que, conforme pasan los días, no dejamos de pensar la una en la otra. Siempre retomamos el contacto. Somos almas gemelas.

Me dijo la verdad aunque no me gustara. Me cantó las cuarenta cuando me ponía rebelde y cabezona.

Sin mi mejor amiga, no habría podido superar mis desastres, errores o tropiezos tan bien como lo hice. Fueron tantísimas las veces en las que no habría sido capaz de ver la luz al final del túnel si no hubiera estado ella ahí al otro lado del teléfono, o con algún mensaje cuando mi vida se desmoronaba...

Un mejor amigo no comparte tu ADN ni tiene por qué coincidir contigo en muchos aspectos. Un mejor amigo es tu manto, tu escudo y un espejo en el que mirarte para lo bueno, lo malo, lo bonito, lo feo y los complejos grises que hay entre medias.

Por eso, hermana de travesuras, compinche de risas y compañera de supervivencia, te quiero. De verdad significas ser lo mejor.

Dedicado a Marie.

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Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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