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¿Qué tienen que saber los padres sobre la forma de la cabeza de sus bebés?

Muchos, al ver la carita de su bebé, se preguntan: "¿Es normal que la cabeza sea así?".

11/02/2018 09:08 CET | Actualizado 11/02/2018 09:08 CET

El nacimiento de un bebé es una experiencia hermosa y única que acaba frecuentemente con lágrimas de felicidad y una pregunta de preocupación: "¿Es normal que la cabeza sea así?". La forma de la cabeza de un bebé cuando acaba de nacer (alargada y un poco parecida a la de un alien) puede resultar chocante, pero eso es normal y no es un motivo de preocupación. Con los partos vaginales en concreto, la forma inicial del cráneo del bebé dice poco aparte de si el canal de parto ha sido cómodo o no. Conforme estos bebés se hacen mayores, la cosa cambia.

"A menudo, la cabeza se deforma debido a las presiones que sufre al nacer y estos bebés salen con la cabeza en forma de cono como pequeños alienígenas", comenta Kathleen Rowland, médica y profesora universitaria del Rush Medical College (Estados Unidos), en declaraciones a Fatherly. Por lo general, estas pequeñas cabezas en forma de cono se corrigen por sí solas durante las primeras 24 a 72 horas.

A partir de entonces, la forma de la cabeza del bebé empieza a dar señales sobre si padece algún problema médico congénito o sobre si pasa suficiente tiempo bocabajo. Aunque la frenología (una pseudociencia muy popular en el siglo XIX que defendía que la forma de la cabeza dictaba determinados aspectos de la inteligencia y la personalidad) se considera hoy una disciplina acientífica, racista y ridícula en aspectos generales, sí se basa en determinados principios que funcionan cuando se aplican a los niños pequeños. Eso sí, no pienses que se puede detectar un impulso criminal a partir de una de una determinada forma del cráneo.

La mayoría de los bebés nacen con unos puntos blandos en el cráneo llamados fontanelas, que no deben ser motivo de preocupación. Es más, estos puntos blandos del cráneo de los bebés, que se cierran por completo durante los dos primeros años, no son solo normales, sino también necesarios. Su carencia, un problema médico que se conoce como craneosinostosis, provoca que no haya espacio para el crecimiento del cerebro y puede derivar en una deformación permanente del cráneo, así como en problemas visuales, trastornos del sueño, dificultades para comer y problemas de desarrollo mental, incluida la reducción del cociente intelectual.

"No tener estos puntos blandos es un problema médico. Su ausencia es un problema grave", insiste Kathleen Rowland.

La craneosinostosis es una afección relativamente rara y solo afecta a uno de cada 2000 o 3000 bebés, según las estimaciones. No obstante, existe un problema para los bebés más frecuente que consiste en tener la cabeza con una zona plana, sobre todo por la parte trasera: la plagiocefalia. Afecta a la mitad de los bebés y la tasa se ha incrementado durante los últimos años debido a que los padres se han concienciado sobre la importancia de acostar a los bebés bocarriba para reducir el riesgo de muerte súbita del lactante (SMSL).

Las superficies planas pueden desarrollarse en cualquier zona del cráneo, algo que se conoce como plagiocefalia posicional, pero suele darse sobre todo en la parte posterior porque pasan demasiado tiempo bocarriba (descontando lo que pasan durmiendo) y demasiado poco tiempo sobre el vientre. Kathleen Rowland explica que hacerles pasar un tiempo sobre el vientre, siempre bajo supervisión, no solo les ayuda a desarrollar los músculos de la cabeza, del cuello y de la parte superior del cuerpo, sino que también contribuye al desarrollo de un cráneo con una forma normal.

En algunos casos, ha habido padres que le han dicho a la doctora Rowland que sus bebés detestan estar bocabajo, pero se pueden hacer muchas cosas para que disfruten esos ratos. La mejor forma es tumbarte bocabajo junto a al bebé. Puede parecer ridículo, pero es importante para unos bebés que en el futuro quizás quieran llevar sombrero.

El hecho de que la plagiocefalia sea común no implica que sea normal.

Aunque hay investigaciones que sugieren que los bebés con plagiocefalia tienen mayor riesgo de sufrir retrasos del desarrollo, los estudios aún no son conclusivos. A veces se emplean cascos para tratar el problema, pero los investigadores no se ponen de acuerdo en si interfiere en el vínculo que se establece mediante el contacto piel con piel o en si esos cascos acaso funcionan. Los tratamientos quirúrgicos son aún más controvertidos, de modo que los pediatras suelen recomendar cambiarles de postura cuando están despiertos para evitar poner más presión en el lado plano.

Es importante señalar que el hecho de que la plagiocefalia sea común no implica que sea normal. Kathleen Rowland también indica que los padres no deberían dar por hecho que una forma rara del cráneo no supone ningún problema o que pasar más tiempo bocabajo es la solución. A veces puede ser síntoma de tortícolis, otra afección muscular congénita que puede ocasionar que los pequeños no sean capaces de girar la cabeza cuando crezcan. Ya se trate de craneosinostosis, plagiocefalia, tortícolis o nada de nada, los padres del bebé estarán en mejor posición para tomar decisiones si le comentan al pediatra sus preocupaciones al respecto. (No tiene por qué ser una preocupación sobre una forma concreta del cráneo, basta con que sea una preocupación real).

Hay formas de reducir la probabilidad de que un bebé desarrolle una forma plana en la cabeza, pero la doctora Rowland advierte que es fundamental que los padres no sean duros consigo mismos si ocurre. Según su experiencia, es la primera ocasión en la que los padres se enfrentan a un momento del tipo "es enteramente culpa nuestra". En lugar de eso, recomienda que se lo replanteen como una oportunidad para entrenar la fortaleza necesaria para criar niños.

"Es una buena ocasión para dejarlo pasar, perdonarse a uno mismo y saber llevar los altibajos que supone la labor de los padres. El bebé puede estar 'en riesgo' y, al mismo tiempo, no ser culpa de los padres. A veces simplemente son cosas que pasan", asegura.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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