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El papa Francisco

14/03/2013 13:10 CET | Actualizado 14/05/2013 11:12 CEST

Prescindiré en estas cortas líneas de evocaciones personales y anécdotas (a los españoles, Francisco I nos suena al rey francés adversario de Carlos V, lo que no tiene nada que ver con el tema) para ceñirme a las pocas consideraciones procedentes de la breve aparición pública del Papa en el balcón de San Pedro y datos generales de otro tipo.

La elección fue una sorpresa para todos los que no están en los entresijos eclesiásticos operantes en el Cónclave. Pero yendo más allá.

Los medios están destacando -y yo coincido con ellos- la humildad y sencillez en esa aparición, lejos de toda parafernalia vaticana, junto con las palabras allí pronunciadas. Y su condición de jesuita. Así como la de argentino.

¿Qué se puede deducir de todo eso? Más bien poco. Es más lo que se puede desear y colegir de los datos generales que tenemos sobre él, con el consiguiente riesgo de equivocarse.

Desde una perspectiva teológica ha sido interesante la insistencia de Francisco sobre su condición de obispo de Roma. No es que a la mayoría de los católicos les importe mucho. Pero sería un buen comienzo para desmitificar la función del papado que se ha multiplicado exponencial -y a mi modo de ver errónea e innecesariamente- para volver a la colegialidad y descentralización augurada por el Vaticano II y presente en los mil primeros años de historia de la Iglesia. Tarea larga y complicada.

Ha sorprendido que después de los años de predominio de tendencias conservadoras de grupos eclesiales (Comunión y Liberación, Kikos, etc) fomentadas, también a mi modo de ver, desafortunadamente por Juan Pablo II, haya pasado a primerísimo plano un jesuita. Ello solo no es garantía de nada. También en la Compañía se han dado caso de personas retrógradas. Pero son las menos y más bien, dada la formación característica de la orden, se fomenta la sensatez y moderación eclesiales. Y hasta la apertura.

Lo que está destacando por doquier: al ser de América Latina, poco vinculado con la Curia romana que tiene una historia y presente tan negativa en parte, cercano a la gente por lo que parece... y otros rasgos semejantes, hay buenas bazas para esperar, por ejemplo relaciones mejores con movimientos eclesiales más populares, directos e implicados en la realidad humana y social. Los pobres, la Teología de la Liberación... Aunque ello no sea seguro ni mucho menos.

Pero tenemos que esperar y ver. Y orar, como se hizo en los primeros momentos de este pontificado.

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