BLOGS

La renuncia de Benedicto XVI

14/02/2013 08:22 CET | Actualizado 15/04/2013 11:12 CEST

La renuncia de Benedicto XVI está dando lugar a una enorme cantidad de consideraciones de todo tipo. La mayoría aprecia el gesto de valor, humildad y desprendimiento sin apegarse al "poder" y con un talante positivamente evangélico. Se habla de dimisión, lo cual no es realmente correcto, pero sirve -Valenciano dixit- para insinuar la conveniencia de que otros cargos públicos, sobre todo políticos españoles de todos los niveles y otros parecidos, hagan algo parecido cada uno a su nivel. Me adhiero a esa exhortación, aunque no tenga que ver con el tema principal. Es un motivo secundario, pero interesante, para renovar la acción de gracias a Josef Ratzinger (¿hay que volver a llamarle así?) por su gesto.

Es difícil añadir algo nuevo a lo mucho que se dice, pero prescindiendo de lo personal y lo anecdótico, y ciñéndome más a lo teológico quiero fijarme en las repercusiones eclesiales de la renuncia. Que no son pocas.

En primer y más superficial lugar sirve para hacer ver a muchos lo que es realmente necesario y vinculado al ministerio papal y lo que no, aunque sea tan antiguo como creer que el papado sea percibido como cargo vitalicio.

Es esencial, además, distinguir el papado de la iglesia sin negar sus mutuas relaciones. Ciertas expresiones como "huérfanos del Papa" o parecidas no ayudan a esa distinción.

Y lo principal, la renuncia por agotamiento -así se podría llamar- es un indicio más de la obsoleta estructura de la iglesia. Que hoy día, teniendo presentes los medios de comunicación, todo esté tan centralizado es simplemente inhumano. Y no contribuye a la evangelización.

Y una reflexión final. Es sorprendente la cantidad de cosas inexactas que se han dicho -sobre todo por los presetadores/as de la televisión- y publicado a propósito de este tema. Queda patente la incompetencia teológica flagrante en nuestra sociedad. No es que todos tengan que estar al tanto de todo. Pero es necesaria más prudencia e información.