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Catedrático: «Mi tesooooroooo»

16/09/2017 10:28 CEST | Actualizado 16/09/2017 10:28 CEST
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«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.»

Esta frase mítica de un cómic de Spiderman me hace pensar siempre que los catedráticos universitarios deberían leer más comics de superhéroes y menos su propio currículum.

Aclaro, por supuesto, que no todos los catedráticos deberían sentirse aludidos. Muchos que he conocido han cumplido y cumplen con la dignidad que corresponde a su cargo. En resumen... Quien se pique, ajos come.

Sin embargo, la figura de «catedrático» en la universidad me parece un error en Matrix, heredado de viejas lecturas idealizadas del mundo, ante todo por todos los «agraciados» que no suelen entender que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Si una gran parte de los catedráticos fueran los Leónidas de los estudiantes y de los compañeros precarios, quizás les defendería. Pero la ciencia ficción me gusta solo en cine y literatura.

(Ya, ya, esto ocurre con muchas profesiones y con muchos cargos, pero ahora me estoy ocupando de los cátedros.)

Escucho dos falaces tipos de defensa de esta figura, así que dedicaré unas palabras a cada una.

La primera que escucho siempre es la del mérito y el incentivo. Es decir, los profesores universitarios trabajamos y trabajamos sin reconocimiento alguno, sin posibilidad de ascenso. Con la campaña de desprestigio existente contra la universidad —unida a lo que algunos compañeros se esfuerzan por desprestigiarse a sí mismos—, lo de ser los Sócrates de la sociedad nos compensa tan poco como a cualquier otro trabajador. Cuando se tienen CVs de 35 páginas y subiendo, cuando se han aportado conocimientos punteros y únicos en España y a veces en el mundo, cuando se ha formado a miles de estudiantes para que sean mejores personas, una palmadita en la espalda no es gran cosa. Y no suele conseguirse ni la palmadita.

(Ya, ya, tampoco la tienen el camarero, el conductor de autobús, el periodista o el barrendero, todos ellos igual de imprescindibles para el funcionamiento de nuestra sociedad o más. Deberían tenerla, sin duda.)

Ahora bien, como incentivo quizás estaría mejor otro tipo de reconocimientos aparte del de la «jerarquía». ¿De verdad debemos recompensar a un investigador mediante el aumento de un ambiguo poder sobre otros compañeros? «BWAH-HA-HA-HA-HA... ¡Ya he conquistado vuestro débil planeta! ¡¿Quién es el loco ahora?!» Los que trabajáis en la uni sabéis a qué me refiero.

Hablo de todos los departamentos que basan la elección de asignaturas en ese enemigo del humanismo y del conocimiento que es «el cargo y la antigüedad» y no por especialidad o conocimientos de la materia. Hablo de su poder en los tribunales de plazas para «ascender a los suyos». Hablo de su influencia sobre reformas universitarias. Hablo de ese clasismo que impregna la sociedad española en general y la universidad en particular. A ver, no podemos seguir ascendiendo al Joker por ser el descerebrado que despreció toda su vida personal y vendió su alma a Cthulu a cambio de prestigio académico.

Por si fuera poco, cualquier profesor sabe que la equivalencia entre ser catedrático y saber más que los demás no se cumple siempre. Ni de lejos. Podéis contemplarlo con los mejores CVs de los profesores con contratos temporales.

Recordemos que solo hay tres problemas para las reformas universitarias: la obsesión con los rankings, la falta de financiación y los egos de las personas.

Quizás los incentivos económicos representen una posibilidad de premiar a aquellos que hacen más o mejor lo indicado en sus contratos. «Que hacen más o mejor.» Investigar y dar clases puntual y eficientemente es solo cumplir lo que pone en nuestros contratos. No veo lo de la recompensa por hacer lo que firmaste en tu contrato.

Vayamos al segundo tipo de defensa que escucho.

Con el nombre «CATEDRÁTICO» se reconoce la dignidad de nuestros mayores sabios de la universidad, se les dedica un «Cargo Institucional» diferente. Sirven de modelo, como próceres de nuestras más sagradas instituciones: ¡los Luke Skywalker del Saber!

Errr...

Dejémoslo en los Darth Vader.

Esta es la gran mentira teórica sobre la que se ha construido una falacia que no se cumple. Investigar mejor no le hace a alguien más sabio y humano, mejor coordinador, mejor gestor; no debería otorgársele mayor poder en la universidad. Eso es una chapuza. ¡Una chapuza enorme! ¿Acaso para convertir a alguien en catedrático se le realizan pruebas de coordinación de equipos, se le evalúa su capacidad de liderazgo, sus logros como director de equipos? ¡Por favor, si solo se cuenta la cantidad de días en un cargo o de publicaciones y no la eficiencia! Es como hacer presidente al gobierno al mejor jugador de Risk.

El principal problema de la figura es este: una falsa correlación entre los criterios para nombrar a alguien catedrático respecto a la sabiduría y ejemplo que se le presupone a esa persona. Excepto en contados casos, jamás ha existido esa correlación. La teoría nada tiene que ver con la práctica.

Con ello, se crea una estructura más psicológica que formal basada en tres cuestiones:

  1. El mito social de que el clasismo entre compañeros está justificado.
  2. La intuición social general de que todo es una gran mentira, porque todos vemos que la práctica no se corresponde con la teoría: los modelos no son muy modélicos. Por consiguiente, no se refuerza la confianza y el respeto a las instituciones, sino su desmérito, su desprestigio.
  3. La conclusión de que la figura de catedrático es solo una recompensa a unos méritos. Es decir, se extiende la idea de que la institución está hecha para los intereses de personas particulares y no como una entidad al servicio de la sociedad.

Por lo general, no dedican sus esfuerzos, su influencia, su experiencia a terminar con la precariedad, con las tasas prohibitivas, con los tratos de favor ni con las injusticias que se cometen. A ver... Han llegado ahí a base de estar horas y horas encerrados desentrañando el esoterismo de sus propios Necronomicones. No esperes que sean Nelson Mandela, joder. Son incapaces de mostrar la nobleza que se presupone en la figura. Demasiados la toman como algo que se merecen, porque «ellos lo valen», para contrarrestar cómo les machacaron sus predecesores o, en el «mejor» de los casos, para cobrar un poco más o para obtener más poder en las luchas internas.

¿Sabes quién es Gollum? Pues eso.

Recordemos que solo hay tres problemas para las reformas universitarias: la obsesión con los rankings, la falta de financiación y los egos de las personas.

Sí al reconocimiento del trabajo de los compañeros. No a alimentar el clasismo y a basar las figuras institucionales en la competitividad personal.

Conozco muchos catedráticos modélicos. Les aplaudo, les escucho, les admiro.

Creeré en la figura de «catedrático» cuando vea a la mayoría usar así su cargo —sabia y benévolamente— para apoyar a los más débiles, para crear mejor ambiente, para mejorar la institución.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

(Stan Lee)