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Productividad e Inclusión Financiera: una respuesta a la desaceleración económica

29/02/2016 17:18 CET | Actualizado 29/02/2016 19:19 CET

Por Tomas Miller y Verónica Trujillo

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Tomas Miller se unió al Fondo Multilateral de Inversiones en el 2000, donde dirige la Unidad de Acceso a Financiamiento, que incluye proyectos relacionados con microfinanzas, financiamiento de pequeñas empresas, y servicios financieros para personas de bajos ingresos.

¿Cómo se vinculan inclusión financiera y productividad? y ¿Por qué estas dos piezas del rompecabezas son importantes para el desarrollo de la América Latina y el Caribe (ALC)?

El insuficiente crecimiento de la productividad ha sido identificado como un factor clave en el relativo rezago de la economía de ALC frente a otras regiones del mundo. Entre los factores que limitan la productividad se encuentran: el gran número de empresas informales, los mercados de crédito poco profundos y el déficit de inversión en ciencia, tecnología e innovación. Incrementar la productividad en los países de la región es indispensable para generar un mayor bienestar en sus ciudadanos y para favorecer el crecimiento económico a pesar de lo poco favorable del contexto económico internacional actual.

Por su parte, la inclusión financiera --conceptualizada y analizada desde una perspectiva multidimensional-- ha sido identificada como un factor importante para el crecimiento económico y la estabilidad de los sistemas financieros, y puede tener impactos positivos en temas como la desigualdad y la pobreza.

Los objetivos de inclusión financiera deben estar alineados con los objetivos trazados para el aumento de productividad

Las iniciativas de inclusión financiera se dirigen a dar respuesta a problemas vinculados con factores que frenan la productividad. A nivel mundial, las estrategias de inclusión financiera incluyen el acceso a microcréditos, tanto para los empresarios formales como para los informales, un acceso más fácil al crédito para las pequeñas y medianas empresas, y el aumento del número de personas con cuentas de ahorro, con la meta de incrementar el ahorro nacional.

Entonces, ¿cómo promover la inclusión financiera con el fin de aumentar la productividad? Identificando la mejor manera de llegar a segmentos de la población que hasta ahora han sido excluidos del sistema financiero formal, con productos y servicios que los empoderen y les permita convertirse en actores de su economía local. Esto implica contar con productos financieros que estén diseñados para facilitar las inversiones; ya sea directamente (de crédito, factoring, leasing, o cualquier otro producto que financie actividades empresariales), o indirectamente (a través de los ahorros que ponen fondos a disposición de los bancos, los que pueden utilizarlos para créditos, factoring, etc.).

Las instituciones financieras y los nuevos actores que están incursionando en la oferta de servicios financieros basados en tecnologías (fintech) deberían diseñar nuevos canales de distribución y servicios financieros innovadores y adecuados, que lleguen a los jóvenes emprendedores, a las mujeres, y a los micro, pequeños y medianos empresarios. De esta manera, la inclusión financiera también contribuye a la inclusión social.

Para que las políticas para promover la inclusión financiera tengan éxito, deben ser coordinadas teniendo en cuenta las posibles repercusiones de cada política sobre los objetivos de crecimiento de la economía, la reducción de la desigualdad, y reduciendo los aún altos niveles de pobreza en América Latina y el Caribe. En las economías que están creciendo a un ritmo más lento, el sector público debe diseñar políticas de inclusión financiera que no representen riesgos ni para el sistema financiero, ni para los consumidores que no tienen experiencia en el uso de los servicios financieros.

Por ejemplo, el Banco de Bogotá, en colaboración con la Federación Nacional de Caficultores de Colombia (Red Nacional de Productores de Café de Colombia), ha diseñado, una propuesta de valor específica para más de 300.000 productores, dándoles acceso a un conjunto variado de servicios financieros y reduciendo sus costos: les proporciona una identificación que también funciona como tarjeta de débito, acceso cuentas transaccionales diseñadas para ellos, y acceso a los cajeros automáticos y a la banca en línea. Este acuerdo de colaboración entre ambos actores, ha facilitado el acceso a educación financiera para los productores de café, y ha propiciado el desarrollo del programa Red Cafetera, que permite a los productores vender sus granos a 38 cooperativas que tienen 480 puntos de venta en toda Colombia. Los productores se benefician de varias maneras. Por ejemplo, los pagos realizados por las cooperativas van directamente a las cuentas de los productores del Banco de Bogotá. La mayor cercanía de los diversos intermediarios que participan en la producción y comercialización de sus granos reduce sus costos de transporte y sus costos de transacción.

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Coffee pickers in Colombia's Coffee Triangle. Photo by McKay Savage, Flickr

El estado de la inclusión financiera en América Latina y el Caribe

Datos recientes nos hablan de la necesidad de avanzar aún en términos de profundización y alcance de los sistemas financieros de la región. América Latina y el Caribe tiene:

  • Una baja proporción del crédito sobre el PIB. Alrededor del 40% en la región (que se describe mayormente como de clase media alta). En comparación, el porcentaje para los países en similar situación económica a nivel mundial es de aproximadamente 90%, y en las economías de ingreso medio bajo, como la India, supera el 50% (World Development Indicators, 2014).

  • Un limitado alcance de servicios financieros. Los datos a nivel regional nos indican que los niveles de penetración en segmentos típicamente excluidos aún son muy bajos. Así por ejemplo, el crédito agrícola apenas representa alrededor del 5% del crédito total del sistema financiero formal, mientras que la población en el sector rural supera el 20% del total de la región. Observamos también que el número de prestatarios de microcrédito representa apenas alrededor del 20% de las personas que trabajan en el sector informal en la región.

  • Bajo niveles de ahorro interno. Estudios recientes indican que el ahorro interno precede a la inversión, y que para aumentar los niveles actuales de inversión la región deberá necesariamente aumentar su ahorro interno para no depender de la volatilidad de la inversión extranjera.

  • Población desatendida cuyas necesidades financieras van en aumento. La población que conforma la base de la pirámide - BOP (70% del total de la población) está creciendo y aumentando sus ingresos, y se espera que en el 2020 el 16% de la misma haya migrado a la clase media y requiera más servicios financieros. Se prevé contar con jóvenes más educados y con mejor salud en las siguientes generaciones, lo que con el tiempo producirá un aumento en los ingresos de este segmento de la población y, por lo tanto, más necesidades financieras (inversiones, seguros, pensiones, etc.). Hoy en día sólo el 37% de los jóvenes menores de 24 años tienen cuenta en una institución financiera formal y sólo el 11% cuenta con ahorros en instituciones formales (Global Findex 2014). Algo similar pasa con las mujeres, las que se prevé que continuarán aumentando activamente su participación en la fuerza laboral y la economía. Sin embargo, en la actualidad sólo el 45% de las mujeres tiene una cuenta en una institución financiera, y menos del 10% ha solicitado un préstamo de alguna (Global Findex 2014).

Verónica Trujillo

Verónica Trujillo trabaja en la Unidad de Acceso a Financiamiento del FOMIN en temas de regulación del sistema financiero, políticas y datos para la inclusión financiera. Doctora por la Universidad de Salamanca, donde se especializó en el tema de regulación de microfinanzas.

Del blog Tendencias del Fondo Multilateral de Inversiones

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