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Faltaba el 'Libro de los abrazos'

14/04/2015 11:02 CEST | Actualizado 13/06/2015 11:12 CEST
JORGE DAN LOPEZ/REUTERTS

Tu voz nos llegó desde lugares remotos, no por la lejanía geográfica, sino por otras distancias. Nos traía ecos y palabras y desgarros de confines perdidos. Pero a veces esos lugares, rincones del corazón o de la conciencia, estaban tan próximos que nos habitaban sin que fuéramos conscientes de ello hasta que nos enfrentabas al espejo: "Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".

Si te dijera que estamos huérfanos de ti mentiría. No nos dejas en la orfandad. Tu marcha multiplica las presencias. Más allá de la guardia pretoriana, del círculo íntimo de la amistad, ¡son tantos y tantas los que aún no conocíamos hasta que hemos coincidido ahora en sentir el dolor de tu ausencia! Tú nos hermanas. Como has hermanado una América Latina que hoy sería otra a la luz de muchos ojos si no se hubieran posado sobre "Las venas abiertas..."

No te alarmes, no te indignes: no te lloramos. O no te lloramos más de lo estrictamente necesario. Porque tampoco vamos a permitir que nuestras lágrimas se sequen antes de brotar. ¡Déjanos empuñar nuestra rabia y nuestro dolor! Con ellos seguiremos vagamundeando en un mundo patas arriba durante días y noches de amor y de guerra mirándonos en los espejos como hijos de los días entonando las palabras andantes con las bocas del tiempo que nos traen la canción de nosotros en la que habita la contraseña de la memoria del fuego y el secreto del libro de los abrazos.

Y ahí estás con nosotros, hermano....