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In Trump We Trust

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Foto: EFE

Ha ganado Trump. Lo que parecía imposible, improbable y hasta indeseable para una gran parte del mundo, ha ocurrido. La extrema derecha populista se ha impuesto en las elecciones. La democracia tiene estas cosas.

Pero más allá de los análisis postelectorales que vayan a hacerse a partir de hoy, la cuestión no es tanto qué ha podido fallar en la campaña del Partido Demócrata, ni si Hillary Clinton era o no la mejor candidata para oponerse a Trump (que también). La pregunta clave es ¿por qué tantos millones de norteamericanos han optado por votar a Trump diciendo todas las barbaridades, mentiras y descalificaciones que ha lanzado durante todo este tiempo? ¿Por qué a casi 60 millones de personas les ha parecido una buena idea que Donald Trump sea el presidente de los Estados Unidos? Nadie podrá alegar que les haya engañado. Se le ha entendido todo.

Lo que ha sucedido hoy no es un hecho aislado. Ni es fruto de la casualidad. Es producto de una mayúscula y creciente desafección ciudadana con la clase política dirigente y con las instituciones gubernamentales, que se han declarado incapaces de hacer frente, con equidad, a los efectos devastadores de la crisis económica que ha azotado al mundo entero. Pero también del hecho de que durante todo este tiempo hayamos asistido, impasibles, a la creación de monstruos, de individualismos atroces, incultos e insolidarios. Gente asocial, enlatada, condenada a la ignorancia y sin inquietudes culturales. Gente que vive pegada al televisor y a los videojuegos, a Gran Hermano y a la telebasura. Gente acrítica que ve por televisión a un tipo que habla y actúa igual que ellos y que les promete recetas mágicas sin saber, ¡santa ignorancia!, que les va a hundir aún más en la miseria de la cual pretenden salir.

El culto a la mediocridad ha dado sus frutos y la personalidad irreverente e insultante de algunos (ir)responsables políticos se ha convertido en un modelo a seguir para millones de personas en los Estados Unidos y en todo el mundo. Y lo son porque representan, con distintas caras, logos o siglas en cada país, la contestación a un establishment que no ha sabido conectar con el sufrimiento de millones ciudadanos provocado por los efectos de la globalización y de una crisis económica implacable. Pero también porque muchos han tenido verdaderos problemas para entender la importancia y los efectos de los medios de comunicación y de las redes sociales en un mundo global e interconectado.

Se ha impuesto la superficialidad, la política enlatada y deshumanizada, la falta de valores. Un planeta lleno de miedos, desesperanza, sin certezas ni expectativas de futuro es el terreno abonado para el espectáculo, la frivolidad, donde la política hueca e inconsistente se erige como la solución. El triunfo del populismo: In Trump We Trust. Un populismo que se ha demostrado tan implacable electoralmente como ineficiente en su gestión.

Por desgracia, no parece que el asunto vaya a solucionarse pronto. El problema es estructural. God bless America! Y al mundo entero... Porque el siguiente en salir a la pista de baile es Francia. Atentos.

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