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La ciencia de escuchar

20/06/2017 07:27 CEST | Actualizado 20/06/2017 07:27 CEST
PSOE

El mismo día en que he recibido el encargo de los militantes del PSOE de liderar nuestros esfuerzos en emprendimiento, ciencia e innovación para convertir España en un paraíso del talento, he recibido también un mensaje por Whatsapp de uno de los científicos más reputados de nuestro país.

Este es su mensaje:

"Los científicos solemos no confiar en los políticos. Históricamente, nunca nos han escuchado. Sólo se han interesado en nosotros cuando necesitaron salir de una guerra o frenar una epidemia. Así siempre ha sido desde que se reporta nuestra historia. Personalmente, quise dar un voto de confianza y me acerqué a varios políticos. Sin embargo, nunca escuchan. Cuando lo hacen, te dejan claro que no tienen tiempo y no te prestan atención. Cuando logras un mínimo de atención, sólo quieren confirmarse en lo que piensan. Si te digo la verdad, no creo que la cosa cambie mucho. Pero algo de luz he visto contigo al frente de esa Secretaría. Si alguna vez quieres escuchar, cuenta conmigo".

A principios de 2010, cuando tuve claro que quería emprender, tuve la suerte de contar entre mis amigos con un emprendedor experimentado. Le conté todo lo que quería hacer y enseguida me paró en seco. Me dijo que me olvidara de todo lo que le acababa de contar. Y me regaló un libro: The four steps to the epiphany, de Steven G. Blank. Me dijo que antes de hacer nada tenía que aprender a escuchar a las personas a las que pretendía ayudar.

Él era un emprendedor de éxito, había absorbido el conocimiento condensado de miles de emprendedores de Silicon Valley y estaba determinado a ayudarme. Y esa ayuda consistió en liberarme de esa magnífica idea que yo quería contarle a todo el mundo y proporcionarme un método, no para tener éxito, sino para reducir las probabilidades de fracaso de la tarea que me disponía a emprender.

Honestamente, fue muy duro. Ir a ver a decenas de personas, una tras otra, con unas ganas tremendas de contarles el proyectazo que tenía en mente, renunciar a ello y limitarme a preguntarles cuáles eran sus mayores retos. Preguntar y escuchar. Y escuchar de verdad, tomando nota de todo lo que decían, incluso aunque sintiera unas ganas irrefrenables de contestar, tenía que callar y anotar.

Al cabo de no tantos encuentros, empezó a hacerse la magia. Descubrí que algunas de las cosas que quería hacer no tenían en realidad ningún sentido para solucionar los verdaderos problemas que tenían. Empecé a desechar ideas al tiempo que validaba otras, haciéndolas cada vez más robustas.

Al final, mi trabajo preparatorio no consistió en hacer un powerpoint fantasioso, sino en invertir semanas y semanas para obtener información validada acerca de los verdaderos problemas de la gente. Y esa fue la clave del éxito que vino después.

Aprendí que escuchar es la clave para solucionar problemas. Porque solo cuando se escucha se es capaz de comprender. Y sólo cuando se comprende, se puede dar con soluciones que de verdad encajen con los problemas reales.

Se me hace extraño lo de denominarme como político, porque toda mi vida he intentando explicar que no debe haber diferencia entre ciudadano y político. Ambos deben compartir un fortísimo compromiso cívico por mejorar la realidad. Pero si sirve para hacerme entender, me gustaría hacer una promesa que creo que voy a poder cumplir: mi primer compromiso en el primer día de mi vida como político es escuchar.

Durante los próximos meses, particularmente, pero durante todo el tiempo en que tenga encomendada esta tarea, voy a dedicarme a escuchar a innovadores, científicos, emprendedores, inversores e instituciones para asegurarme de que el PSOE ofrece las soluciones que realmente necesitamos para poner el emprendimiento, la ciencia y la innovación en el corazón de nuestro progreso como país. Para convertir a España en un paraíso del talento.