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Anegarse, abismarse, inconsciente, en el supremo gozo

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En su extraordinario ensayo La llama doble, Octavio Paz analiza el contenido y la relación entre la sexualidad, el erotismo y el amor. Lo hace sobre la base de su inmensa erudición literaria, y muestra cómo la imaginación es el motor impulsor tanto del acto poético como del erótico. Escribe: "Ella es la fuerza que transforma el sexo en ceremonia y rito, la lengua en ritmo y metáfora". Es la imaginación, porque todas las cuestiones que los amantes se hacen cristalizan en la frase "¿Quién eres tú?" La intuición nos abre los ojos y los oídos a "otro mundo en este mundo, el otro mundo que es este mundo" y, por eso, con una sutil intuición, cita la frase de Rimbaud "et j'ai vu quelquefois, ce que l'homme a cru voir". Octavio Paz escribe su ensayo más allá de reflexiones morales. Según Paz, hay que tener siempre presente que la sexualidad se orienta a la reproducción. El erotismo, en cambio, niega la fecundación. El significado de la sexualidad se puede comparar al lenguaje de la comunicación, mientras que el del erotismo se puede equiparar a la poesía en la literatura. El amor encuentra su expresión en la relación entre Psique y Eros, de la cual Canova, en su escultura de mármol, nos ha dado la imagen más bella. Platón investiga al respecto con mayor o menor acierto. Y el significado del amor lo encontramos en el amor cortés, tal como lo han desarrollado los trovadores en sus canciones. Cabe destacar que en este momento, esta relación supone la emancipación de la mujer, con Leonor de Aquitania como modelo. El caballero debe hacerle la corte a su dama.

En cuestiones de sexualidad y erotismo, la moral sólo surge a partir de los tabúes que el ser humano se ha impuesto a sí mismo para evitar que el instinto de la sexualidad animal se convierta en una fuerza destructiva para la sociedad. Ello es posible porque la sexualidad del ser humano es totalmente diferente a la de los animales. "La estirpe humana sufre de un hambre sexual insaciable. Por eso los seres humanos hemos tenido que inventarnos reglas que canalicen el impulso sexual y que protejan a la sociedad de sus excesos", escribe Paz. Resulta empero erróneo relacionar estas prohibiciones y tabúes con leyes divinas, cuya conculcación será castigada con el fuego del infierno y la maldición eterna, tal como Dante lo describe en su encuentro con Francesca Da Rimini en el Infierno. La relación entre pecado y erotismo surge en el siglo III, cuando el emperador Constantino instaura la doctrina cristiana como religión del Estado. La Iglesia cristiana nos enseña que la sexualidad solo resulta aceptable si se vincula a la procreación, razón por la cual no solo había que censurar las pervertidas costumbres del Imperio romano desde Tiberio y Nerón hasta Heliogábalo, sino también degradar a Epicuro por lujurioso. Algo que no se correspondía ni un ápice con la verdad. En una de sus cartas escribió Epicuro: "Si afirmamos que el gozo es la máxima aspiración, no nos referimos a los placeres de la intemperancia y la gula, como algunos ignorantes, opositores y difamadores alegan, sino a la liberación del dolor físico y espiritual. No son la ebriedad y las orgías las que constituyen la vida llena de gozo, sino el pensamiento sobrio que procura los cimientos de todas nuestras elecciones y rechazos".

En su estela, el poeta Lucrecio escribió en la época de Cicerón un poema de 17.000 versos, De rerum natura, en el que analiza la doctrina de Epicuro y que inicia con una loa a la fuerza impulsora de la primavera. Los primeros fragmentos de este poema se hallaron en la Villa dei Papiri en Herculano, enterrado bajo la lava del Vesubio, donde el suegro de Julio César reunió en torno a sí a un gran círculo de epicúreos. Todo ello se puede leer en el libro The Swerve. How the World Became Modern, de Stephen Greenblatt, el reconocido especialista en Shakespeare. Lucrecio, como sucesor de Epicuro, afirmaba que todo lo visible está formado por partículas invisibles que se mueven en un vacío infinito. Esto constituye pues la base de la que surge la teoría del átomo y añade, además, que no existe creador alguno; que el universo no ha sido creado ni por ni para los seres humanos. Para ellos, el alma es mortal, no hay vida después de la muerte, las religiones organizadas son ilusiones supersticiosas y todo ello espantoso. "Todas las cosas surgen de pequeñas desviaciones en el movimiento de las diversas partículas y los seres humanos no son singulares. La muerte no debe conmovernos porque no hay vida más allá de la muerte, y por ello la máxima aspiración es el incremento del gozo y la disminución del sufrimiento".

Naturalmente, se llevó a cabo una guerra milenaria contra el texto de Lucrecio que se ganó con gran éxito. Y así vencieron el sufrimiento y el dolor sobre el gozo. El único que se mueve entre ambos es San Francisco de Asís, que si bien recibe los estigmas, también escribe una loa al Sol; percibe en el canto de los pájaros la presencia de Dios y se entrega por completo al ángel músico. No es extraño pues que Tristan und Isolde y Saint François d'Assise acaben con la misma palabra: "Lust" y "Joie".

La guerra comenzó con la afirmación de que la expulsión de Adán y Eva del Paraíso ya no estaba relacionada con el deseo del ser humano por el conocimiento sobre el Bien y el Mal, sino con su incontrolable impulso sexual, con lo que el pecado original dejaba de ser un pecado contra el espíritu para convertirse en un pecado carnal. Al mismo tiempo, en el siglo VI, con San Benedicto, se instala un culto a la castidad del cuerpo -vapulatio, disciplinas, flagelatio- que debe exterminar todo deseo de los sentidos. El afán de dolor triunfa sobre el del placer. Y en ningún otro país de Europa se cultivó tanto este principio como en España, cuya cristalización se plasma en la Semana Santa de Sevilla, y razón por la cual solo en Sevilla podía surgir la mitología sobre Don Juan, formulada por el jesuita Tirso de Molina.

«La única salida que le queda a Tristan es el anhelo de muerte»

Con el redescubrimiento de De rerum natura al principio del Renacimiento por los humanistas, se introduce una contraofensiva cuyo mayor promotor será Montaigne, mientras Copérnico y Galileo se basan en Epicuro y Lucrecio para desarrollar su teoría sobre el sistema solar. Montaigne poseía una de las primeras ediciones impresas del poema, en la que hizo muchas anotaciones. A través de Montaigne, el texto llega a Shakespeare, que era un entusiasta lector suyo, y por eso envía a Hamlet, con los Ensayos de Montaigne bajo el brazo, a escena en su primera aparición. En su narración sobre la reina Mab, en Romeo y Julieta, traducirá de un modo fascinante la idea de Lucrecio sobre los átomos. Por supuesto, también las grandes figuras de la Ilustración, Diderot y Grimm entre ellos, conocían el poema, y por tanto no debe sorprendernos que el segundo presidente americano, Jefferson, se reconozca como seguidor de Epicuro en una carta que escribió a los 77 años: "Siento, luego soy yo. Siento cuerpos que no son yo mismo, luego debe haber otras existencias. Yo las llamo materia. Siento cómo cambian de lugar. Eso me procura movimiento. Sobre la base de impresiones sensoriales podemos construir certezas que podemos tener o necesitar".

A pesar de la moral victoriana en Inglaterra y los sulpicianos en Francia, la visión de Lucrecio se mantendrá. Por eso me pareció importante, en la actualidad, desarrollar mi segundo gran proyecto para esta temporada partiendo de estas reflexiones.

Ambas óperas -Tristan und Isolde y Brokeback Mountain- nos conducen, de distinta forma, a través del laberinto del erotismo y el amor hasta el sufrimiento que causan las prohibiciones instauradas por la sociedad. Creo que sería importante reflexionar, a través de las obras de arte, sobre las causas por las cuales la sociedad tardoburguesa cae en el sexismo, el culto a la silicona y la pornografía. Eso está relacionado con la represión de las cuestiones que plantean tanto Octavio Paz y Epicuro, como Lucrecio. Ahí radica también una de las causas de la actual crisis social, que va mucho más allá de los problemas económicos y financieros.

La relaciones amorosas en Tristan und Isolde son más complejas de lo que se piensa. Isolde se enamora de Tristan cuando le mira a los ojos mientras le cura la herida mortal que le ha infligido su amante Morolt, muerto en el duelo entre ambos, con su espada envenenada. Como en la historia de Jack y Ennis, se mezcla lo cotidiano con la gran pasión. ¡Cuántos soldados y enfermeras no se enamoraron en la Primera Guerra Mundial cuando les llevaban a la retaguardia en Inglaterra para curarlos y enviarlos de nuevo al frente! Se comprende por ello la ira de Isolde al principio de la ópera, cuando Tristan la conduce a Inglaterra como trofeo matrimonial para el rey Marke. Por otra parte, Tristan no puede resistirse a cumplir este servicio para su eterno amigo del alma, aunque él también esté desesperadamente enamorado de Isolde. Poseemos dibujos medievales en los que Tristan se encuentra en el regazo de Marke tocando el arpa. En su desesperación, acepta como señal de penitencia el elixir de amor que Isolde le ofrece, pensando ambos que se trata de un elixir de muerte. Como director de escena, Wieland Wagner fue el primero que dejó claro este momento, al hacer que los amantes caigan uno en brazos del otro tras apurar la copa, porque ambos creen que van a morir y por eso pueden reconocer su amor. El que ambos tomen el elixir de amor es una pura convención social, al tratarse de un amor que la sociedad rechaza radicalmente. Brangäne les dio, al parecer, un buen vaso de vino, como en L'elisir d'amore. Lo importante es que ambos creen hallarse en una situación en la que pueden conculcar el tabú social. Para ello necesitan a Brangäne, que sirve a Isolde como Geschwitz a Lulu.

«El universo no ha sido creado ni por ni para los seres humanos»

Tras haber roto este tabú, Tristan incluso se alegra de su infidelidad y la reconoce sin tomar en consideración a Marke como amigo, por lo que, en su puesta en escena, Peter Sellars hace que le bese en el momento en el que debe reconocer su traición. Marke lo descubrirá gracias a Melot, el compañero de armas de Tristan, también consumido por el amor que siente hacia Isolde, razón por la cual es infiel a Tristan e incluso le traiciona.

La única salida que le queda a Tristan es el anhelo de muerte, el regreso al país desde el cual su madre le mandó, "el oscuro país de la noche, en el que la luz del sol no brilla". Como todos los amantes consumidos por un amor prohibido, se entregará a la noche. Esa es la razón también de que los castillos de Luis II de Baviera, Linderhof, Herrenchiemsee y Neuschwanstein resulten más hermosos a la luz de la luna y las velas. Isolde glorificará la muerte de Tristan sumida en el más pleno gozo.

La historia de amor que Charles Wuorinen, el compositor, y Annie Proulx, la escritora, desarrollan en la ópera Brokeback Mountain va mucho más lejos que la película homónima, basada en el relato de Annie Proulx. Ella se sintió un tanto insatisfecha con la interpretación de la película y por ello se decidió a escribir el libreto para la ópera. En todos nuestros encuentros remarcó siempre lo importante que le resultaba que el público comprendiera que se trataba de una pasión entre Jack y Ennis que se extiende a lo largo de 25 años. Una pasión que no termina hasta la muerte de Jack, asesinado por una banda homófoba. Ambos son unos pobres diablos, que se ganan algo de dinero pastoreando enormes rebaños de ovejas durante los tres meses de verano, con la única compañía de algunos lobos y osos, en un fascinante pero peligroso paisaje montañoso, Brokeback Mountain, en Wyoming, al noroeste de Estado Unidos. La soledad y el peligroso empleo los lleva una noche al encuentro. Al día siguiente, Ennis se negará a asumir esta experiencia, para él tabú porque, cuando era un adolescente, su padre le creó un trauma al obligarle a asistir a la castración de un homosexual en su pueblo del Medio Oeste. En el otoño siguiente a este verano, se casará de inmediato con su prometida, pero tras una larga separación, cuando ambos hombres vuelven a encontrarse, estalla entre ellos una relación apasionada, que, aunque esporádica y en cortas escapadas, se extenderá a lo largo de 25 años, hasta que asesinan a Jack. Ennis se instala solo después de que su mujer y los hijos le abandonen, pero se niega a convivir con Jack en una granja porque sigue sin comprender esta pasión a pesar de que no puede sustraerse a ella. Cuando, tras la muerte de Jack, visita a los padres de este, descubrirá en la habitación de su compañero que conservaba como una reliquia una camiseta suya, manchada con su sangre tras una pelea entre ambos. Entonces comprende que esta pasión, con su erotismo, era la expresión de un gran amor.

A raíz de la composición de Tristan, se produjo una historia amorosa más bien banal entre Wagner y Mathilde Wesendonck, la esposa de su antiguo amigo, quien le había procurado alojamiento en Zúrich durante su exilio. Así son la mayoría de los líos amorosos, pero a menudo se transforman en situaciones existenciales que han dado lugar a miles de extraordinarias obras de arte, desde el Cantar de los cantares de Salomón al Tristan de Wagner, pues los laberínticos caminos y el entretejido impenetrable del erotismo y el amor no se pueden restringir con reglas ni definiciones. El impulso sexual puede analizarse. El erotismo y el amor solo se pueden sentir, y sumirse en ellos hasta la perdición. Por ello necesitamos las obras de arte, para poder identificarnos con los protagonistas. Necesitamos a Julieta para exclamar con ella: "¡Dulce noche, noche amorosa, ven con mi Romeo, y córtalo en estrellas pequeñitas, dará tal esplendor al firmamento que el mundo, enamorado de la noche, se olvidará del sol y de su fuego!"

Este artículo se publicó originalmente en La Revista del Real, del Teatro Real.