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La insólita entrevista de Eduardo Madina a Fermín Muguruza

17/02/2017 07:21 CET | Actualizado 17/02/2017 07:21 CET

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Foto: EFE

Alertado por Félix de Azúa, compruebo que, efectivamente, el diputado socialista y víctima del terrorismo Eduardo Madina accedió a entrevistar a Fermín Muguruza para la revista Jot Down (número 17, febrero de 2017).

A Madina, ETA le amputó una pierna el 19 de febrero de 2002 a través de una bomba lapa, cuando contaba 26 años. Muguruza, histórico destacado en el magma del entorno de ETA, ha pisado los caminos del apoyo expreso al terrorismo y, después, la neutralidad que hizo posible la perduración durante años de los asesinatos de la banda.

En la introducción de la entrevista, Eduardo Madina avisa de que "esta es una conversación que no tendría por qué haber sucedido" y concluye señalando que "sí, estamos en desacuerdo en muchas cosas, pero esto no es un debate. Es una conversación que busca parte de lo que siempre faltó: escuchar". No seré yo quién diga cuál debe ser la actitud de las víctimas del terrorismo ante sus victimarios ni, por lo tanto, si esa conversación tendría que haber sucedido... pero me tomo la libertad de hacer algunas reflexiones en voz alta una vez que no logro salir de mi asombro... y eso que, siendo vasco, es difícil que uno se sorprenda de algo.

Respecto a lo de que están en desacuerdo, así quiero pensarlo, porque tal cosa no se aprecia en la conversación (aunque se supone), la cual, ciertamente, no es un debate sino una entrevista ortodoxa donde el entrevistador pregunta y el entrevistado responde: siendo esto así, ¿cuál es el papel de la víctima del terrorismo que interroga? Ninguno. ¿Y cuál es el objetivo del experimento? Por lo visto, que el protagonista se luzca, cuente sus historias y publicite su vida. Respecto a que "faltó escuchar" que señala Madina, la mayoría lo hicimos; el problema es que había unos cuantos pegando tiros y, claro, no podía darse un diálogo excesivamente llevadero.

Cada cual es libre para mezclarse con quien considere, algo muy habitual por estos lares pero, ¿hacer ostentación gratuita de una cercanía que no resuelve nada?

A lo largo de las 14 páginas, Fermín Muguruza habla de la central nuclear de Lémoniz y de los comités antinucleares de los que fue miembro, celebra la fuga del etarra Sarrionandia, habla de drogas (anfeta, centraminas, minilips y otras), recuerda un atentado de los GAL en el Hotel Monbar de Baiona ("los muertos podríamos haber sido nosotros"), reivindica su compromiso con el euskera, critica la Transición, recuerda su participación en distintas marchas por los presos de ETA ("queríamos que salieran a la calle, toda una declaración de principios"), considera Barcelona su segunda ciudad, rememora lo mucho que le conmocionó el asesinato de Yoyes ("la muerte de Yoyes", "la espiral de violencia"), denigra a la Guardia Civil, se posiciona contra la guerra de Irak, el cierre del Egunkaria y el Presige, recuerda su apoyo "a la lucha armada" y nos cuenta su relación con el subcomandante Marcos.

Eduardo Madina escucha y apunta... y sigue preguntando, sin decir nada relevante. A veces, asiente o añade apuntes: "Sí, creo que la sociedad vasca necesita y necesitará muchas cosas. Entre otras cosas, la construcción de puentes". Y ni una condena expresa del terrorismo por parte de Fermín Muguruza; a lo más que llega es a decir que "la hemeroteca tiene múltiples declaraciones mías demandando la humanización del conflicto, el cese de la lucha armada y la reivindicación de la acción directa y la desobediencia civil". En otro momento de la extensa entrevista apunta que "en todos esos años había demandado en distintos escritos y entrevistas que ETA tenía que parar, que declarara de nuevo una tregua y que se retomaran las conversaciones". En todo caso, no puede evitarlo: en su opinión, Julio Medem "sufrió una persecución y una campaña brutal por dar una oportunidad a la palabra", mientras hace mutis por el foro en relación a los más de 800 asesinados a manos de la banda, los miles de heridos, los secuestrados, los perseguidos y, en general, las víctimas del terrorismo, una de las cuales la tiene a menos de medio metro de distancia. Le indigna la Guardia Civil y las detenciones de Alsasua ("es tremendo", dice) pero le importan un bledo los crímenes cometidos por ETA pendientes de resolución o la situación actual de las víctimas. Parece que evolucionó tarde y no demasiado: recuerda que "mi apoyo a la lucha armada era explícito en entrevistas y actuaciones". Y termina resumiendo sus objetivos inmediatos: "la salida de los presos y el reconocimiento del derecho de autodeterminación".

Félix de Azúa me ha escrito indignado y he procedido a leer la entrevista y escribir estas líneas. Cada cual es libre para mezclarse con quien considere, algo muy habitual por estos lares pero, ¿hacer ostentación gratuita de una cercanía que no resuelve nada? Como dice Félix de Azúa, "el diálogo podía haber sido un ejemplo de reconciliación" pero no lo fue en absoluto. Yo creo que estuvo más cerca de la humillación que de otra cosa: al menos yo, que no soy nadie, lo sentí así. ¿Entrevistar a Fermín Muguruza? ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? ¿Y no contradecirle en nada? ¿Pasar por allí como si no pasara nada?¿Ejercer de simple preguntador y soportar en silencio sus respuestas?

Pregunto y digo todo esto con todo el respeto que me merece Eduardo Madina, víctima de ETA; pero, ciertamente, también esta entrevista explica la situación en la que se encuentra el PSOE.

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