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¿Qué pretende la Plataforma Ahora?

21/03/2017 12:33 CET | Actualizado 22/03/2017 07:25 CET
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Básicamente, habilitar un espacio de encuentro donde podamos encontrarnos personas que, formando parte de partidos políticos distintos o sin pertenecer a ninguno (lo más probable, habida cuenta la multitud de decepcionados y huérfanos políticos acumulados durante los últimos dos años), compartimos una serie de ideas y principios recogidos en el manifiesto de la Plataforma Ahora, con el objetivo de acumular fuerzas y defenderlos conjuntamente y, por lo tanto, con más fuerza; básicamente, los siguientes: igualdad, socialdemocracia, regeneración profunda de nuestra democracia y del comportamiento interno y externo de los principales partidos políticos, separación de poderes efectiva, ciudadanía, laicismo y europeísmo. Añado que, analizada la respuesta obtenida durante estos escasos días transcurridos desde que nacimos y la cantidad de personas que se está sumando, podemos sentirnos optimistas: ¡tiemblen los acomodados y los sectarios! Y, obviamente, los corruptos, los recortadores sociales... y los nacionalistas que quieren romper España.

Es obvio que los huérfanos políticos se han multiplicado en los últimos tiempos en España y es muy probable que muchos de ellos se encuentren cómodos en un lugar como éste, alejado del sectarismo político y partidario y dispuesto a trabajar con la máxima honestidad y decencia posibles en beneficio de España y de los españoles. En ese sentido, se trata de un formato que pretende ser innovador, abierto y flexible, dispuesto a sumar ideas y propuestas que puedan dar respuesta a los problemas esenciales que hoy día tenemos los ciudadanos españoles. Un lugar no apto para quien piense que no hay vida inteligente más allá de sus fronteras partidarias... ni apto para las élites políticas de los partidos políticos que pretenden cercenar la libertad de pensamiento y laminar al discrepante.

La izquierda y el nacionalismo son o deberían ser conceptos antitéticos.

Como señalamos en el manifiesto, reclamamos la ley común como elemento definitorio de la comunidad política. Abrazamos el republicanismo cívico, el liberalismo político y el ideal de ciudadanía desde la firme convicción de que no hay nada más emancipador, más progresista y más igualitario. Frente a quienes nos venden lo contrario, estamos firmemente convencidos de que defender la igualdad y la unidad de España frente a los nacionalismos que pretenden romperla es profundamente progresista. Y es que es imposible promover el fortalecimiento del Estado de bienestar y la justicia social si se disuelve o se fragmenta el Estado: España no puede ser una suma de parcelas con intereses contrapuestos, sino un país de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones. Y Europa, un espacio de convivencia democrática que recupere sus principios fundacionales frente a los defensores del mejor lo propio que lo óptimo, los xenófobos, los populistas, los separatistas y los separadores. Hay, en fin, tantos retos en el momento presente que no queda otra que seguir tomando partido hasta mancharse.

Los partidos políticos son indispensables en una democracia; lo que no es indispensable, sino justamente lo contrario (perfectamente prescindible), es que los partidos se dediquen más a defender lo suyo que lo de todos, pensar más en sus intereses que en el interés general de los ciudadanos... o tratar de engañarnos con artimañas, teatro o trucos varios. Por estas cosas y otras, hay bastantes millones de huérfanos políticos que esperan otra cosa; además, deberemos analizar qué tipo de partidos queremos, con qué nivel de democracia interna, con qué trato al afiliado de base, con qué grado de discurso y argumentario, con qué líderes, con qué formato y estructuras, con qué forma de proceder y con qué ideas.

Por otro lado, en España se da una anomalía democrática (una rareza) que también provoca millones de huérfanos políticos: no hay un partido ubicado a la izquierda del centro político, una formación progresista y socialdemócrata, que defienda la igualdad y se enfrente, por tanto, a los nacionalistas que quieren romper España. Ya lo denunció Antonio Muñoz Molina: "primero se hizo posible ser de izquierdas y ser nacionalista; después se hizo obligatorio". Sin duda, una contradicción en los términos que se da por cierta en amplios espacios políticos, económicos y mediáticos. Nosotros nos disponemos a rebatirlo: la izquierda y el nacionalismo son o deberían ser conceptos antitéticos. Es la izquierda progresita frente a la izquierda reaccionaria. Si además, a esto añades la regeneración de la democracia y las reformas políticas, institucionales y constitucionales que España y Europa necesitan... cerramos las cuestiones esenciales que defendemos.

En fin, son muchas cosas que deben ser defendidas. Con humildad y ánimo constructivo, sumando fuerzas y esfuerzos. La tarea merece la pena. Y observando a la multitud de personas que ya han empezado a sumarse... apuesto a que no vamos a aburrirnos. Es más, creo que vamos a divertirnos. Ya lo estamos haciendo...

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