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¿Y a quién votamos ahora en Cataluña?

06/11/2017 07:31 CET | Actualizado 06/11/2017 07:31 CET
Getty Images/EyeEm

Tras la declaración de independencia de Cataluña y la proclamación de la República Catalana, las primeras elecciones que allí se celebrarán serán... las elecciones autonómicas, convocadas por el Gobierno de España tras el golpe a la democracia dado por los independentistas y la correspondiente e indispensable (aunque tardía) aplicación del artículo 155. Y serán el 21 de diciembre. Los independentistas, golpistas incluidos, ya han adelantado que ellos se presentarán porque, aparte de que pretenden supuestamente afianzar la inexistente república, las subvenciones públicas son las subvenciones públicas.

En estas circunstancias, toca que cada ciudadano tome partido en dichas elecciones, ya que todos nos jugamos mucho

Tras la pesadilla nacionalista (que todavía no ha terminado), el reto es doble, como siempre que nos amenaza el virus nacionalista y sus pretensiones separatistas y como siempre que se celebran elecciones democráticas: por un lado, defender la unidad cívica de España frente a quienes quieren romperla, como forma de garantizar un Estado que permita la redistribución de la riqueza y la defensa del interés general, el bien común y la igualdad; y, por otro lado, la implementación de las políticas que los ciudadanos residentes en el territorio del que hablemos necesiten: aquellas políticas sanitarias, educativas, de vivienda o de impulso de la actividad económica y de protección social que mejoren realmente la vida de los ciudadanos.

En estas circunstancias, toca que cada ciudadano tome partido en dichas elecciones, ya que todos nos jugamos mucho. Vaya por delante que no acepto algunas ideas que se están trasladando, entre ellas, esa que plantea que si ganan los independentistas será imparable la secesión de Cataluña dado que estarán legitimados para llevarla a cabo. Y que, por lo tanto, estas elecciones serán un veredicto definitivo sobre la cuestión, algo así como unas elecciones plebiscitarias.

El modelo territorial del Estado, la reforma de la CE o el futuro de España... nos corresponde decidirlo a todos los españoles

Y, en este punto, debo insistir en la idea que he venido planteando en otros artículos de opinión: el modelo territorial del Estado, la reforma de la CE o el futuro de España... nos corresponde decidirlo a todos los españoles. Una vez aprobada, la aplicación de la ley no se negocia y, si quiere cambiarse, debe proponerse a través de los mecanismos establecidos y tras alcanzar las correspondientes mayorías necesarias en el Congreso de los Diputados.

Por lo tanto, que los independentistas lograran nuevamente la mayoría en el Parlamento de Cataluña no implicaría cambio relevante, más allá de que serán ellos quienes gobiernen la comunidad autónoma y apliquen sus políticas en los ámbitos competenciales que les corresponden. Aunque, desde luego, es importante ganarles esa batalla política y ganarles en las urnas.

Frente a la polarización inevitable que algunos pretenden, propongo reflexión, inteligencia y libre albedrío

Así las cosas, toca que cada ciudadano decida qué hacer con su voto. Y analizar y decidir cómo somos capaces de, por un lado, ganar la batalla política a los independentistas y, por otro lado, elegir un proyecto político integral que defienda las políticas que los catalanes necesitan. Ambas cosas son indispensables.

No suelo ser partidario de votar al menos malo ni con la nariz tapada ni tampoco de dejar de votar a quien considero puede representar la mejor opción electoral, aunque no tenga supuestamente demasiadas opciones. Frente a la polarización inevitable que algunos pretenden, propongo reflexión, inteligencia y libre albedrío.

Por un lado, hay que defender la unidad cívica de España y, por otro lado, abogar por políticas progresistas que hagan frente al desempleo, la precariedad laboral, el adelgazamiento del Estado del Bienestar, los desahucios o la desigualdad, así como por medidas de regeneración en todos los ámbitos: desde la aprobación de una ley electoral justa y proporcional (en estos 40 años nadie ha tenido tiempo de hacerlo) hasta el cambio profundo de TV3 para que sea de verdad un medio público objetivo y veraz al servicio de todos los catalanes en lugar de un instrumento de adoctrinamiento nacionalista.

Y poner fin al adoctrinamiento en el ámbito educativo, y garantizar el bilingüismo real frente a la inmersión lingüística, y acabar con todas las redes clientelares construidas durante décadas, y luchar contra la olvidada corrupción política que ha anidado en Cataluña durante los últimos 40 años... y tantas otras cosas que a veces se olvidan cuando nos sumergimos en las obsesiones nacionalistas que obvian todo lo realmente importante.

De entre los partidos políticos constitucionalistas, tenemos al PP de Xabier García Albiol y a Ciudadanos de Inés Arrimadas, ambas caras visibles de entre quienes se han venido enfrentando al nacionalismo durante las últimas fechas. El PSC, por su parte, sigue siendo un partido catalanista cercano a las tesis nacionalistas, corresponsable de los excesos independentistas, más allá de que sobrevivan en su seno personas interesantes que no han callado durante todo este tiempo. Éstas son, sin embargo, inmensa minoría.

Podemos, por su parte, en lugar de defender los principios de la izquierda cívica ha asumido los planteamientos de los golpistas

Podemos, por su parte, en toda esta historia que hemos padecido, en lugar de defender los principios de la izquierda cívica (el internacionalismo, el republicanismo cívico, la igualdad, el laicismo identitario o los derechos de ciudadanía), ha asumido los planteamientos de los golpistas, de modo que si por Pablo Iglesias hubiera sido, tanto Cataluña como el conjunto de España serían hoy un caos absoluto: hoy, como Ada Colau, representan la izquierda reaccionaria que asume la parcelación del territorio y la defensa de la identidad en lugar de la defensa de la igualdad.

Puro populismo y oportunismo. De semejante posición saldrán abochornados miles de ciudadanos progresistas que confiaron en la formación que prometió tomar el cielo por asalto y ha terminando tomándonos el pelo a todos.

Hay miles de ciudadanos decepcionados porque no han encontrado en los últimos tiempos una formación de izquierdas nacional a quien poder votar.

Hay o habrá más opciones... o podría haberlas. Hay gente interesante y buenas ideas en formaciones o colectivos de izquierdas no nacionalistas como Recortes Cero, el dCIDE de Antonio Robles, la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña, el Foro de Izquierdas No Nacionalistas y otros como Unidos Sí o En Positivo, de donde podrían salir varias ofertas electorales o solo una. Por ahí andan Paco Frutos y Carlos Jiménez Villarejo, entre otros admirables resistentes catalanes.

Y cerca, miles de ciudadanos decepcionados porque no han encontrado en los últimos tiempos una formación de izquierdas nacional a quien poder votar. Frente a su posible y sugerente oferta de izquierdas no nacionalista, si es que efectivamente se concreta, se reivindicará como siempre el voto útil para las formaciones constitucionalistas, de modo que los que nos consideramos españoles y de izquierdas nos quedemos nuevamente a mitad de camino y con sentimientos encontrados.

Es, en todo caso, la reflexión que cabe hacerse antes de decidir el voto: para estas elecciones autonómicas y para las que vengan después, cuando la oferta electoral esté más definida y sea más completa.

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