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Carta abierta de una racista confesa

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ERIC GARNER
Eduardo Munoz / Reuters
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Si me hubieras dicho hace tres años, antes de la muerte de Michael Brown, antes de la de Eric Garner, y antes del movimiento de Black Lives Matter, que soy una racista, me hubiera defendido con uñas y dientes. No es posible. ¿Cómo puedes acusarme de algo tan horrible?

Soy liberal. Soy progresista, y llevo casi una década viviendo en el crisol cultural de Los Ángeles. Tengo amigos negros, creo yo. Muy buenos amigos, por dios. Me criaron para no prestar atención al color, y me enseñaron que todo el mundo es igual, independientemente del color de su piel, orientación sexual, etc.

Era una mentirosa.

En concreto, una mentirosa inconsciente.

Realmente creía que no era racista, pero lo cierto es que no había examinado el tema mucho y nunca nadie me retó.

Todo eso cambió hace dos años.

La tormenta de medios sociales después de la muerte de Michael Brown y de los disturbios en Ferguson me llamó la atención. Mis amigos negros publicaron contenido emocionalmente franco y doloroso. Yo seguí enlace tras enlace y publicación tras publicación. Me encontré en un mundo que no conocía, para nada.

Hablé con una de mis mejores amigas y me impactó descubrir el profundo dolor que nunca había mencionado en todos estos años. Fue traumático oírla sincerase conmigo como nunca antes lo había hecho; algo que sí había hecho con sus amigos negros y su familia.

Hablé con otro amigo al que conocía hace casi veinte años. Me explicó durante cuatro horas una realidad que no había visto ni entendido. ¿Cómo puede ser que yo no supiera nada?

Una cosa llevó a la otra, y al final me uní a un grupo de Facebook de personas blancas para aprender más sobre los afroamericanos y su experiencia única.

No sería capaz de explicar todas las lecciones que he aprendido en los últimos dos años. Es como tener acceso a una vida diferente. Una vida que parecía muy similar a la mía pero en un universo paralelo que se entrecruza.

Era una extraña en este mundo, más bien una extranjera. Vi y escuché cosas traumáticas que no había visto ni escuchado antes. Me di cuenta de que no sabía mucho de la cultura afroamericana, cuando antes creía con confianza que sí. Fue terriblemente desconcertante. No resulta agradable enterarse de que no sabes nada de algo de lo que creías saber mucho. No sé si he tenido una desconexión interna tan dramática en mi vida.

He llegado a darme cuenta de que muchos conceptos y frases que pensaba que me convertían en NO racista son justo la prueba de que sí lo soy.

La disonancia dentro de mí era casi intolerable. Quería escapar. No quería seguir. No me gustaba cómo me sentía y quería parar.

Pero después leí un aporte sincero de una mujer en el grupo de Facebook que decía: "Si no eres capaz de aceptar la realidad incómoda de la expresión honesta e íntegra de las voces negras, no eres lo suficientemente fuerte para ayudarnos y no te queremos aquí".

Joder.

¿Era demasiado débil para participar en el mundo de otra persona? ¿Soy demasiado débil para no sentirme cómoda con la verdad de otra persona? Mi identidad está tan relacionada con ser una mujer fuerte que mi ego no puede tragarse el concepto de no ser lo suficientemente fuerte.

Entonces di un paso al frente. Empecé a implicarme con el grupo. Empecé a hacer preguntas, y empecé a escuchar. Empecé a sentirme bien sintiéndome incómoda. Me presenté al grupo.

Y este otro mundo se abrió frente a mí. Ha sido un camino empinado pero he progresado. Paso a paso me he permitido vivir en lo desconocido. La experiencia no sólo me ha espabilado, me ha hecho más completa. Más integrada.

He llegado a darme cuenta de que muchos conceptos y frases que pensaba que me convertían en NO racista son justo la prueba de que sí lo soy.

Aprendí que afirmar que no hay ninguna distinción entre razas es dañino, no útil. Aprendí que significa que estaba borrando la identidad, la perspectiva y la experiencia únicas de los afroamericanos.

Aprendí que antes esperaba que me hablaran con amor y me respetaran como una profesional y eso era mi privilegio blanco, que no se da a todos los afroamericanos.

Como persona blanca, tienes que cuestionarte, reflexionar y después escoger claramente ser anti-racista y no sólo no racista.

Aprendí que soy muy susceptible a la comunicación directa y franca, cuando estaba llena de rabia por mis declaraciones ignorantes e involuntariamente racistas. Aprendí que esta es mi propia fragilidad blanca. ¿Quién quiere ser frágil? Yo no, y descubrir esto en mí probablemente fue la revelación más incómoda de todas.

Aprendí que ser racista no es lo mismo que ser intolerante o ser prejuiciosa. Son tres palabras diferentes con significados diferentes.

Aprendí que no puedes NO ser racista si eres blanco en Estados Unidos. Es imposible. Lee la frase otra vez.

Im-po-si-ble.

Todo lo que nos enseñan en los libros de historia, en la publicidad, en las películas, en los cuentos de hadas... mira a tu alrededor, casi todo recalca el principio de que las personas blancas son superiores a las personas negras.

Y la única manera de no ser racista es tomar una decisión todos los días. En cada momento del día, vas a tratar de ver más allá de la superficie para descubrir un contexto mayor de la experiencia afroamericana. Y la indígena americana. Y la latina. Y. Y. Y... como persona blanca, tienes que cuestionarte, reflexionar y después escoger claramente ser anti-racista y no sólo no racista.

Es cierto que requiere esfuerzo. Y no estoy segura de si vamos a poder desmantelar todas nuestras influencias racistas por completo. Creo que esto es unas de esas incómodas realidades a las que nos tenemos que acostumbrar.

He aprendido que, simplemente, al reconocer los constructos racistas en casi todos los aspectos de la vida y al decidir trabajar de forma activa para desmantelar mi propio sistema de pensamientos inconscientes racistas estoy dejando de ser una extraña en la experiencia afroamericana.

Puedo contribuir, puedo comprometerme y participar plenamente. Incluso me siento bienvenida, algo que no habría imaginado al principio. Algo que también pienso que muchas personas blancas piensan que nunca va a pasar.

Los afroamericanos no quieren una disculpa. Quieren que admitamos su realidad. Quieren que las personas blancas se despierten.

Otra percepción: los afroamericanos no quieren una disculpa. Quieren que admitamos su realidad. Quieren que las personas blancas se despierten. Que no seamos inconscientes, que hagamos el trabajo de educar a la comunidad blanca y desmantelar el sistema de racismo para que dejen de estar oprimidos. ¿Puede alguien realmente decir que es mucho pedir?

Ahora que estoy despierta, puedo trabajar y vivir con la intención de ser una aliada. No lo hago porque me sienta culpable. Lo hago porque es lo justo. Puedo sentarme ociosamente viendo a mis hermanos y hermanas negras sufrir mientras disfruto de mis privilegios blancos. Como dijo el reverendo Martin Luther King, "nadie es libre hasta que todos lo seamos". El movimiento de los derechos civiles fue un comienzo, pero ahora tenemos que acabar el trabajo.

Si no eres demasiado débil como para estar incómodo, si no eres demasiado débil para reflexionar y encontrar las mentiras inconscientes que te dices a ti mismo, te recomiendo que embarques en esta travesía. Sólo es difícil al principio y después se convierte en algo inmensamente profundo, revelador y satisfactorio. ¿Estas preparado para admitir que tú también eres racista? Es aquí por donde tenemos que empezar. Si no admites que el racismo sistémico en que crecimos es una realidad, no podremos progresar.

Cuando te despiertes, puedes ser parte del movimiento para convertir nuestros mundos en uno sólo. No sé tú, pero yo sólo quiero vivir en un país justo y unido. Llámame optimista, pero yo creo que podemos hacer de esto una realidad. ¿Te unes?

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Daniela Guillén