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El premio Nobel y el mercado de órganos

18/10/2012 08:14 CEST | Actualizado 17/12/2012 11:12 CET

¿Un premio para los economistas (otorgado por el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel) que consideran el tema del matrimonio como un mercado donde la oferta debe estar equilibrada con la demanda?, ¿que recomiendan la apertura de un mercado de órganos?, ¿que miran el problema de dónde educar a nuestros hijos como una cuestión de economía de mercado? Después de hundirnos, los economistas parecen haber perdido el contacto con la realidad, con nuestra humanidad.

Estas preguntas no son nada más que una muestra (no pequeña) de los comentarios observados en (respetables) webs de información. No perderemos tiempo con las críticas interminables e inútiles de que la economía no es una ciencia y que, para no cambiar los hábitos, el premio debe ser necesariamente atribuido a los estadounidenses.

Cuando unos individuos -corporaciones o agencias públicas- tienen algo que proponer (un contrato, un objeto, un servicio) y otras personas buscan lo mismo, tenemos un mercado. Es un hecho simple. Calificar Portugal, Vietnam, Brasil o Irlanda como "países" no informa nada sobre la naturaleza de sus regímenes políticos. Pues es lo mismo para los mercados. Hablar del mercado de la sangre (los donantes por un lado, los hospitales y los pacientes por el otro lado) no nos obliga a considerar que debería ser organizado como la bolsa, este lugar de perpetua subasta donde el precio dicta su ley. Mejor así, porque nos damos cuenta de que hay un cierto malestar al considerar que el mercado de los riñones tendría que ser parecido al mercado inmobiliario. Afortunadamente, la venta de órganos está prohibida en la mayoría de los países (con excepción de Irán, donde se puede comprar y vender un riñón).

Ya que estamos, hablemos del mercado de riñones. En España hay más de 4.000 personas a la espera de un trasplante de riñón (la demanda). Son casi 100.000 en Estados Unidos. Hay dos fuentes para obtener un riñón (la oferta): un donante fallecido, que puede dar sus dos riñones, y un donante vivo, que solo puede dar un riñón. Antonio y Bernardo están esperando un trasplante de riñón. Amelia, la esposa de Antonio quiere darle un riñón. Lo mismo ocurre con Bárbara, la esposa de Bernardo. ¿Qué pasa si los riñones de Amelia y Bárbara no son compatibles con los sistemas inmunológicos de sus esposos? En tiempos normales, los médicos les dicen que se vuelvan a casa y sigan esperando. Pero, ¿y si el riñón de Amelia fuese compatible con Bernardo?, ¿y el de Bárbara con Antonio? ¿No sería una buena oportunidad para realizar un intercambio? Los urólogos no han esperado a los economistas para hacer este tipo de intercambio. Pero estos intercambios solían estar limitados al nivel local, de un hospital. Estudiar y desarrollar este mercado de riñones a gran escala es una de las aportaciones del premio de este año. Claramente, esto no nos resuelve la crisis. Pero ayuda a salvar algunas vidas.

No solo el mercado de riñones puede beneficiarse de un enfoque económico. El mapa escolar, la asignación de funcionarios, la asignación de viviendas sociales, o los intercambios de estudiantes son algunos ejemplos entre otros donde hay una oferta y demanda, pero donde la intuición económica estándar no cuadra. Desde luego, no hay ninguna pretensión de resolver estos problemas complejos en su totalidad, pero negar la utilidad de este método para proporcionar un bloque de construcción sería lamentable.

No todos los economistas son "ultra-neoliberales", prometiendo devoción total a la ley de la selva sin misericordia para los perdedores. Al contrario. Ya hace unas décadas que sabemos que no todos los mercados son adecuados para la desregulación total, que deben ser organizados con normas específicas teniendo en cuenta limitaciones éticas (no poner precios a los órganos), cuestiones de igualdad (no favorecer a algunos actores a costa de otras personas). Estos temas están en el centro de lo que los economistas llaman "diseño de mercado" (market design). Se trata aquí de tener la mirada de un ingeniero: tomar un problema concreto, estudiarlo, y encontrar una manera de mejorar el sistema, teniendo en cuenta las limitaciones sociales, culturales o políticas. Es esta actitud la que ha sido galardonada con el Premio Nobel de Economía para este año. Lloyd Shapley ha creado las bases necesarias para estudiar estos "mercados sin precio", Alvin Roth, con otros, ha mostrado cómo aplicarlos.

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