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Sebastien Vettel ya es merecido cuádruple campeón del mundo de F1

28/10/2013 13:30 CET | Actualizado 27/12/2013 11:12 CET

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Sebastien Vettel celebrando su victoria. Foto: Red Bull Media House

Lo viste este domingo, y seguro que ya lo sabes, pero sí, Sebastien Vettel no sólo es cuatro veces campeón del mundo de fórmula 1, sino que también es el piloto más joven en conseguirlo, y el único, junto con Juan Manuel Fangio, en haber conseguido sus primeros cuatro títulos de manera consecutiva. Y lo que queda por venir...

Habrá (y ya lo hay, lo hemos visto), quien justifique que Vettel ha logrado esta gesta gracias a su coche, que sus éxitos son los éxitos exclusivos de Newey, y la suerte del que supo estar en el momento justo en el sitio adecuado.

Pero yo te diré que no. Ya lo hemos comentado alguna vez, pero no me canso de repetirlo: un gran piloto no sólo debe saber correr y administrar puntos. También debe saber elegir su equipo, su coche, la gente que le rodea, para asegurarse una máquina capaz de ganar carreras.

En la Fórmula 1 nadie gana mundiales con malos coches. Por lo menos tienes que tener un coche competitivo, capaz de ganar carreras de manera asidua y lograr podios. Este campeonato va de eso, y el que quiera negarlo debería mirar hacia otro lado, hacia otro tipo de carreras donde la máquina no influya.

Vettel ha demostrado su valía muchas veces, empezando por aquella épica victoria a los mandos del Toro Rosso en Monza bajo la lluvia, cuando todo el paddock se quedó impresionado, no sólo por su velocidad, sino también por su madurez a los mandos de un coche de una escudería que no había ganado ni ha ganado después una sola carrera.

Vettel se merendó allí a sus compañeros de equipo, como ya hizo antes en las World Series by Renault. Se hizo querer por sus jefes, por su equipo, cometió errores (¿recordáis aquel choque en su primera temporada en Red Bull tras el safety car con su compañero de equipo calentando ruedas?), pero aprendió de ellos y maduró.

Sí, este año no lo ha tenido especialmente complicado, porque ha mezclado sus capacidades con una máquina excepcional una vez más, y lo ha hecho mientras McLaren pasaba del año centrada en 2014, Ferrari seguía sin acertar a hacer un coche decente, y Mercedes empezaba un tímido intento de ganar carreras de manera consistente.

No, Vettel no ha tenido rival, por unas cosas o por otras. Y su dominio aplastante, a lo Schumacher, ha hecho que algunos no le den valor a su gesta, o que incluso no le aguanten. Pero se merece ser campeón, y su equipo también, porque han logrado la mejor mezcla posible entre piloto y máquina en un campeonato con tantas y tan variadas carreras.

Y a aquellos que se centran en hablar de que le dan el coche malo a Webber y que por ello se desdibuja el tema de la rivalidad entre compañeros, os voy a recordar una frase que me dijo un monitor de pilotaje cuando yo estaba aprendiendo a ir rápido: los pilotos buenos saben cuidar sus coches y no romperlos. Recuerdo cómo el mismo monitor me contó una anécdota de cómo Fernando Alonso ganó la Fórmula Nissan con un coche averiado, con el que intentaron dar un par de vueltas tras el evento final de aquella copa con otro piloto, y tras dos curvas se rompía el cambio. Los buenos pilotos saben aprovechar sus máquinas sin romperlas, lo mismo que las ruedas.

Webber es un gran tipo, y seguro que el año que viene nos saca sonrisas durante el campeonato de resistencia a los mandos de su Porsche, pero sabiendo Red Bull que se va de allí, es normal que ahora trabajen para favorecer al chico alemán de la casa.

En fin, valga este post como homenaje al nuevo cuádruple campeón del mundo. Veremos si con el cambio reglamentario enorme que tenemos en 2014 es capaz de repetir gesta. Lo tendrá mucho más complicado, eso es seguro.

Artículo originalmente publicado en Autoblog.

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