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El candidato no tiene quien le toque la melodía

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Pocos de los que hayan escuchado el discurso de investidura de Pedro Sánchez serían capaces de rechazarlo de plano.

Son 42 folios que sintonizan con las exigencias de cambio que la mayoría de los españoles expresaron el pasado 20 de diciembre en las urnas, que incluyen esas palabras con las que a los ciudadanos se nos llena la boca cuando se trata de reclamarlas a los demás --acuerdo, pacto, diálogo...-- y que contienen suficientes propuestas de futuro para enmendar un pasado que es mejor olvidar. Aun así no sirven de nada.

La música suena bien: el problema es que no hay orquesta suficiente para interpretar la melodía. Las 12.000 palabras del texto se las llevará el viento este fin de semana. Salvo sorpresa mayúscula, Sánchez será recordado como el candidato que no consiguió ser investido presidente del Gobierno.

Nada ni nadie torcerá el brazo al PP para que cambie su postura y se abstenga en la votación, ni en la de mañana ni en la del viernes. Nada ni nadie cambiará la voluntad de Podemos de responder con un rotundo 'No' a la "mano tendida" ofrecida este martes en varias ocasiones por el secretario general del PSOE. Casi nada y casi nadie podrá evitar que España tenga que volver a votar el próximo junio en unas elecciones generales.

Pese a los guiños lanzados desde la tribuna a los miembros de Podemos y pese a las apelaciones a un "gobierno de cambio" --la dicotomía izquierda-derecha no atraviesa precisamente por su mejor momento--, Pedro Sánchez ha intentado contentar a todos y sólo ha dejado satisfechos a los diputados socialistas y a los de Ciudadanos. Aplausos que no suman.

No puede haber investidura cuando sólo se escucha 'no', 'no, y 'no'. De nada valen los buenos propósitos cuando todos --¿incluido el PSOE?-- tienen la vista puesta en una más que probable campaña electoral que en lo que se está debatiendo.

De nada vale "tender puentes" cuando nadie está interesado en cruzarlos. De nada sirve flirtear con la máxima de Groucho Marx ("Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros") cuando ya nada tiene que ver con los principios. De nada sirve apelar a los grandes valores cuando el candidato a la investidura se conforma con crear una expectativa. La expectativa de "la próxima semana". Tal vez con la vista puesta en ella, Sánchez dedicó varios minutos a golpear a Mariano Rajoy.

Al fin y al cabo, el presidente del Gobierno en funciones es la única amenaza --muy débil, eso sí--para impedir esas nuevas elecciones a las que estamos abocados desde el pasado 20-D. Ese día en el que creímos en palabras como pacto, acuerdo y diálogo.