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Rajoy, el estudiante mediocre

18/06/2015 19:25 CEST | Actualizado 18/06/2016 11:12 CEST

Imagine que, ahora que termina el curso escolar, su hijo se presenta en casa con varios suspensos. Después de algunos parciales malos, se va de cabeza a septiembre.

Suponga que lo tiene frente a frente y el chico se justifica así:

  • Mis suspensos se explican claramente porque mis compañeros han sacado mejores notas de las previstas.
  • Se han incrementado los alumnos con buenas notas porque ellos no tienen consolas para jugar, y yo sí.
  • Si mi compañero, que ha sacado notables frente a mis suspensos, me hubiera respetado y se hubiera puesto a mi nivel, la cosa no me hubiera ido tan mal.
  • No admitiré una imagen distorsionada de mi auténtico valor como alumno.
  • He estado a punto de no suspender Matemáticas y Lengua.
  • He avanzado, y mucho, aunque si no he aprobado y cumplido mis promesas de principios de curso ha sido porque la realidad lo ha cambiado todo.
  • He conseguido lo importante: llegar a junio. A cualquier precio.
  • Estos suspensos no implican necesariamente que el próximo curso vaya a sacar notas similares.
  • Soy un gran chico, con una gran cabeza. Un hijo que genera confianza en el futuro.

Si fuese -que seguro lo es- un padre con dos dedos de frente, primero se le quedarían los ojos como platos y, después, castigaría a su hijo por mal estudiante, ignorante y soberbio. Además de sentirse profundamente decepcionado con él.

Hoy el presidente del Partido Popular y presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha utilizado todos estos argumentos ante su partido después del batacazo de las elecciones municipales y autonómicas.

Y luego se sorprenderá si pierde las elecciones.

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