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El tiempo vuela, es hora de alcanzar un acuerdo climático en 2015

25/02/2015 07:13 CET | Actualizado 26/04/2015 11:12 CEST

"El tiempo pasa, pasa, pasa volando hacia el futuro", dice la letra de un clásico de Steve Miller Band , que también se puede aplicar a las tan necesarias acciones a favor del medio ambiente mundial, con la velocidad y escala apropiadas. Sin embargo, cada tanto surge una discontinuidad que desgarra el tejido del tiempo político, desencadenando cambios perturbadores.

Esto ocurrió durante la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano de 1972, que llevó a la ONU a establecer formalmente una conexión entre medio ambiente y desarrollo; en 1980, con el lanzamiento de la Estrategia Mundial de Conservación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que reveló cómo el desarrollo se encuentra íntimamente ligado a un ecosistema sano; en 1987, con la publicación del Informe Brundtland (Nuestro Futuro Común), que definió con más detalle el término "desarrollo sostenible"; y nuevamente en 1992 con la Cumbre de la Tierra, que se convirtió en el origen de los grandes acuerdos internacionales sobre el medio ambiente, en especial de la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

En 2005 entró en vigencia el Protocolo de Kioto de la CMNUCC, el primer acuerdo internacionalmente vinculante que establecía metas de reducción de emisiones para los países industrializados. En 2010, los miembros del CDB adoptaron las Metas de Aichi en Nagoya, Japón, brindando un marco mensurable con miras a mejorar la situación de la biodiversidad a nivel global.

En 2012 tuvo lugar Río+20, que dio inicio a la ambiciosa agenda del desarrollo sostenible post 2015. Se espera que esta agenda y los concomitantes Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) sean adoptados por los Estados miembros de las Naciones Unidas durante la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible que se realizará en septiembre de este año.

A fines de 2015, los miembros de la CMNUCC se reunirán en París para acordar un nuevo tratado que, se espera, comience a reducir el ritmo de emisión de CO2 a la atmósfera, algo que amenaza con hacer retroceder décadas de avances.

Si bien es difícil entusiasmarse con una serie de reuniones y un largo listado de siglas, éstas sin embargo nos indican el camino que seguir; el mundo finalmente comienza a entender la dura realidad de que estamos llevando a los sistemas que sostienen la vida del planeta al límite y de que debemos apresurarnos a encontrar soluciones. En cuanto al cambio climático, el umbral de seguridad de 2 grados centígrados está a punto de ser cruzado; mientras tanto, en términos de biodiversidad, la tasa de extinción será 1000 veces más elevada que los niveles observados en el registro fósil.

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Vista de la refinería Vanderbijl Park y los terrenos agrícolas que bordean el área industrial

Algo que distingue a los ODS y al acuerdo climático de París de la mayoría de los esfuerzos previos para establecer metas, objetivos y pactos es que se espera sean adoptados por todas las naciones negociadoras y no solo por un conjunto de las mismas -es decir, se estará acordando un verdadero esfuerzo mundial. En cambio, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, adoptados en 2000 con la fecha objetivo de 2015, se centraban principalmente en mejorar las condiciones socioeconómicas en el mundo en desarrollo. El acuerdo climático de Kioto, por otro lado, se limitaba a países industrializados, pero no decía nada respecto al compromiso de naciones emergentes como China e India, ambos grandes emisores.

La financiación es crucial. Después de todo, vivimos en una economía globalizada y los intereses a corto plazo desbancan a la mayoría de los objetivos a largo plazo. Ayudar a los países en desarrollo a realizar la transición hacia una economía baja en carbono es un ingrediente esencial a la hora de asegurar un acuerdo en París. Los recientes compromisos de capitalizar el Fondo Verde para el Clima (GCF), que llegan a poco más de 10.000 millones de dólares, junto a unos 3000 millones de dólares en financiamiento relacionado con el clima provisto por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, representan un muy bien comienzo.

Hay razones para creer que, juntos, los ODS y un sólido acuerdo climático podrían comenzar a conducir esta nave llamada Tierra de vuelta por el camino correcto. Mucho depende de la reunión de París, porque si fallamos en diciembre, no tendremos una oportunidad similar de alcanzar un acuerdo en el corto plazo. Pero si tenemos éxito, esta estrategia también representaría una tardía reivindicación del importante papel que puede jugar el muchas veces desacreditado sistema multilateral, uno que puede servir de complemento a los compromisos voluntarios de varios países, como los anunciados en la Cumbre de Secretario General de la ONU.

Oh, oh, hay una solución...