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Plazas e instituciones: un camino de ida y vuelta

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El pasado 3 de mayo el Congreso de los Diputados se disolvió tras cuatro meses de actividad, haciendo de la XI Legislatura la más corta de la democracia española. Pocos días después se cumplían cinco años de un acontecimiento que cambió radicalmente la forma de entender la política en nuestro país. ¿Por qué mientras el resto de partidos políticos ponía en marcha su precampaña con vídeos desde la Moncloa, eslóganes vacíos y viajes transatlańticos, las diputadas y diputados de Podemos se han dedicado este mes a recorrer las plazas rindiendo cuentas?

Uno de los titulares más repetidos el pasado 15 de mayo hacía referencia al camino que ha conducido a muchos activistas "de las plazas a las instituciones". Una imagen que desde algunos sectores ha intentado usarse como sinónimo de acomodamiento, de equiparación a la casta que combatían. La campaña El Congreso en tu Plaza, desarrollada a lo largo de este mes de mayo con actos en más de treinta ciudades, ha sido el mejor antídoto contra ese relato al demostrar que el camino de las plazas a las instituciones es una ruta de ida y vuelta y que la irrupción de la gente corriente en los espacios de representación no es una anécdota estéticamente curiosa, sino el efecto de un movimiento más profundo que desde el 15M viene cambiando la forma de entender la política en este país.

Tras una legislatura en la que el Gobierno ha intentado esquivar el control parlamentario al que está obligado por nuestra Constitución, era más necesario que nunca poner en valor la rendición de cuentas como uno de los elementos centrales de nuestra democracia. Cuando la ciudadanía pone su voto en una urna, no está entregando un cheque en blanco a sus representantes, sino encargándoles la tarea de defender sus intereses y cumplir con su programa. Si una legislatura acaba tan abruptamente y con tan pocos objetivos alcanzados, entendemos que es imprescindible presentarse ante la ciudadanía y dar cuenta detallada de qué hemos hecho con su voto estos cuatro meses.

Si algo han demostrado estos años es que la ciudadanía de nuestro país no sufre la apatía política que muchos diagnosticaban hace no tanto, sino que tiene un firme deseo de participación y de protagonismo en este momento histórico.

Y así hemos explicado con orgullo cómo, a pesar de que algunos consideren a ésta una "legislatura perdida", las y los diputados del cambio han puesto en marcha proposiciones de ley para hacer frente a la emergencia social, han incluido en agenda temas decisivos a través de cientos de PNL, han creado nuevas comisiones para tareas tan importantes como la lucha contra la corrupción, el voto rogado que en la práctica es negado a quienes han tenido que abandonar el país o la situación de nuestra infancia. Queríamos contar cómo hemos trabajado estrechamente con decenas de colectivos de la sociedad civil para llevar sus demandas al Congreso y facilitarles nuevas vías como la presentación de recursos de inconstitucionalidad. Queríamos demostrar que las instituciones, cuando dejan de estar monopolizadas y al servicio de una minoría privilegiada, pueden ser el mejor aliado de la gente en la transformación de su vida cotidiana.

Hay problemas que sólo se comprenden en toda su magnitud cuando empiezan a resolverse. Si el 15M apuntó a la enorme distancia que existía entre unas instituciones encerradas entre cuatro paredes y lo que vivía y pensaba una mayoría social castigada por las decisiones que éstas tomaban, en este mes de mayo hemos comprobado cómo sigue siendo motivo de sorpresa que los representantes de la ciudadanía se acerquen a ésta para escuchar y rendirle cuentas. Por eso, esta campaña no se ha centrado en las plazas céntricas de grandes capitales, sino que ha ubicado en las pequeñas ciudades, los municipios periféricos, donde más se sufre la distancia, real y simbólica, de un Congreso que debería representarnos a todas y todos. La escenografía de esta campaña ha sido creada de acuerdo con esta necesidad de acercamiento: una trasera con una ilustración de Miguel Gallardo que creemos que ejemplifica esta legislatura mejor que ninguna fotografía; leones de peluche con los que niñas y niños pudieran jugar, sintiendo como propio el símbolo más conocido de una institución que les pertenecerá dentro de unos años; unas sillas doradas en las que personas corrientes pudieran sentarse para recordarnos a todos que los escaños no son propiedad de ningún partido, sino del pueblo.

Si algo han demostrado estos años es que la ciudadanía de nuestro país no sufre la apatía política que muchos diagnosticaban hace no tanto, sino que tiene un firme deseo de participación y de protagonismo en este momento histórico. Por eso, campañas como ésta huyen del formato mitin y generan espacios de encuentro en los que cualquier persona ha podido subir al escenario y formular preguntas, hacer críticas o simplemente explicar a sus representantes problemáticas específicas que merecen respuesta inmediata. Se han escuchado testimonios estremecedores, como el de la madre que, en Mallorca, nos contaba cómo su hija, camarera de piso, no había podido asistir por la imposibilidad de pedir días libres en un sector caracterizado por la ausencia de derechos laborales elementales. Preguntas difíciles como la de quien, en Elche, nos pedía que hiciéramos autocrítica y reconociéramos que podríamos haber hecho mejor en la negociación con el PSOE. Una pregunta anónima, en un pueblo de Córdoba, que en sí misma contaba más sobre el miedo y el caciquismo que cualquier respuesta: "Si vosotros gobernáis, ¿se mantendrán igual las peonadas?". Queremos agradecer especialmente a esos cientos de personas anónimas que subieron a los escenarios el haber puesto rostro a los dolores y las incertidumbres de nuestra sociedad.

Muchas de las ideas que Podemos pone en marcha, tras ser inicialmente tildadas de populistas, malintencionadas o teatrales, acaban siendo asumidas como propias por nuestros adversarios. Recordemos las primarias, las consultas a la ciudadanía, la transparencia en la financiación... Ojalá que esta campaña sirva para que dentro de poco podamos ver a las y los diputados de todas las fuerzas políticas sentados en las plazas de sus ciudades para rendir cuentas ante la misma gente que los ha elegido, ante una ciudadanía que nunca más vea el Congreso de los Diputados como un espacio lejano y ajeno, sino como lo que nunca debió dejar de ser: la sede de la soberanía de nuestro pueblo.