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Los 'Monuments Men'

30/03/2014 09:49 CEST | Actualizado 29/05/2014 11:12 CEST

Continúa todavía en nuestros cines Monuments Men, película dirigida por George Clooney, que narra la acción de la brigada creada en 1944 por el mando aliado durante la Segunda Guerra Mundial, encargada de recuperar el arte europeo robado y escondido por los nazis durante la ocupación, y devolverlo a sus lugares de origen.

La película es amable de ver y de factura correcta, pero en mi opinión está muy por debajo de la fascinante y sorprendente historia real en la que está basada. Baste ver, si se tiene la ocasión, el documental que realizó National Geographic coincidiendo con el estreno de la película y en el que además participan el propio Clooney y varios actores -¡qué gran reparto, por cierto!-, que supera ampliamente en emoción y viveza a un filme que, al menos a mí, me dejó frío.

La brigada de los monuments men, formada por unos cientos de personas desperdigadas por toda Europa, recuperó y devolvió millones de piezas a sus países y lugares de origen. Con gran heroísmo desarrollaron una actividad que no siempre fue bien entendida por quienes pensaban en ello como una frivolidad en mitad de una guerra que estaba devastando el mundo y llevándose millones de vidas. Pero, ciertamente, este grupo ayudó a recuperar parte de nuestro patrimonio común, de la identidad cultural de Europa, de aquello que representa y representaba lo mejor de nosotros mismos.

Probablemente, -ojalá me equivoqué- Hollywood no hará una película sobre cómo, al mismo tiempo que sucedía lo narrado por Clooney, los aliados en Italia desarrollaban exactamente una labor inversa.

Justamente, el mes pasado se cumplieron sesenta años desde que se produjera el mayor bombardeo de la historia sobre un único edificio. El 15 de febrero de 1944 cientos de fortalezas volantes B 17 descargaron 600 toneladas de bombas sobre el monasterio benedictino de Monte Cassino. Así, se destruyó una de las joyas más importantes de la historia de la humanidad, una magnífica abadía del siglo V, decorada con frescos irrepetibles. Y, lo que es más grave, el bombardeo acababa con cientos de lugareños que se habían refugiado en el edificio previendo que estaría libre de acción bélica.

No había un soldado alemán en todo el perímetro, ningún reconocimiento había detectado presencia germana en el edificio; estos habían declarado el monasterio zona libre de combate. De hecho, los paracaidistas alemanes auxiliaron a los supervivientes y utilizaron el hecho para que el mundo viera cómo los americanos "pretendían arrasar la cultura europea". Militarmente, el bombardeo solo sirvió para proporcionar una zona elevada y derruida, ideal para que entonces, sí se atrincheraran los alemanes. Las ruinas solo cayeron ante los paracaidistas polacos del general Anders después de semanas de combates terribles.

El cómo se tomó esta decisión, absurda y equivocada desde todos los puntos de vista, es un buen ejemplo de cómo siguen ocurriendo las cosas incluso hoy. La abadía se enclavaba en la llamada línea Gustav, perímetro defensivo que los germanos establecieron al sur de Roma.

monte cassino
El cementerio alemán en Monte Cassino, con las ruinas del monasterio de fondo, en julio de 1944.

Tras un primer ataque infructuoso y con muchas bajas, el comandante en jefe del mando aliado del Mediterráneo, el general americano Mark Clark, comenzó a recibir críticas dentro y fuera por su forma de dirigir la guerra. Muchas de ellas, le acusaban de ser muy blando con las poblaciones locales y de tener más en cuenta el patrimonio histórico italiano que las vidas de sus soldados. En ese sentido, el monasterio de Monte Cassino se convirtió en la víctima propiciatoria ideal para ejemplificar esta máxima. Forzosamente, este punto debía ser destruido, porque forzosamente los alemanes lo debían de utilizar como parapeto. Daban igual las evidencias, hasta los medios de comunicación americanos, como por ejemplo The New York Times, acusaban a Clark de pusilánime e irresponsable y reclamaban la destrucción del enclave.

Este argumento fue capitalizado por el general neozelandés Freyberg (vapuleado en Grecia y Creta) que desarrolló una auténtica campaña dirigida a bombardear Monte Cassino. Una vez que este bombardeo se produjo, este mismo sujeto afirmó en su delirio que pudo observar figuras ardientes de alemanes tratando de escapar entre las ruinas.

Hoy en día se asume este hecho como un tremendo error aliado. Es una buena muestra de que el mismo ejército que organizó los monuments men, también recogía en su seno verdaderos anti monuments men y es importante conocer siempre las dos caras de la misma moneda.

Igualmente, es una buena muestra de lo que la psicosis colectiva, la intoxicación informativa y la cobardía de quienes se cruzan de brazos, puede llegar a provocar. Una prima donna como el general Clark, perfectamente consciente de lo equivocado de la acción, pero presionado por la obsesión de su imagen pública, pudo pararlo y no lo hizo por cobardía. Esto provocó la pérdida de cientos de vidas y de un patrimonio insustituible.

La historia castigó el ego de Clark cuando prácticamente el mismo día de su gran triunfo se produjo el Desembarco de Normandía, lo que convirtió su soñada conquista de Roma en un hecho secundario.