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2017: el retorno de los conservadores

09/01/2017 07:21 CET | Actualizado 09/01/2017 07:21 CET

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François Fillon es candidato de la derecha en las próximas elecciones en Francia.

El mundo de la política se divide groseramente en tres tipos de posiciones: reaccionarias, conservadoras y progresistas.

Según la RAE, un reaccionario es alguien "opuesto a las ideas innovadoras", un conservador alguien "favorable a mantener el orden social y los valores tradicionales" y un progresista alguien de "ideas avanzadas", quiera eso decir lo que crea oportuno la RAE. De forma algo más simple (y quizás ramplona) este bloguero entiende que un reaccionario es aquel que quiere volver a un orden anterior, un conservador es quien desea mantener el orden existente y un progresista alguien que desea construir un orden nuevo. Huelga decir que mi definición personal no juzga en absoluto que posición es la correcta, y este bloguero es en la mayor parte de los casos un progresista, pero en algún caso será un conservador y en otros incluso un reaccionario.

De hecho, en nuestro mundo posmoderno en el que las ideologías tienen una importancia cada vez menor, una proporción creciente de personas insatisfechas no son consistentemente ni reaccionarias ni progresistas, sino una combinación de ambas. Es decir, muchos ciudadanos pueden ser favorables al mismo tiempo a la pena de muerte y a la introducción de una renta básica universal sin que ello suponga contradicción alguna en su psique ni en sus ideas. Pero incluso dentro del marco de una ideología es posible encontrar actitudes que pueden ser en un dominio reaccionarias (por ejemplo, oponerse al cultivo de transgénicos) y en otro progresistas (favoreciendo por decir algo la introducción de impuestos al capital).

De acuerdo a este orden de cosas, un reaccionario no es lo opuesto a un progresista, puesto que tanto éste como aquél ambos pretenden subvertir el orden existente, sino que es lo contrario de un conservador, que es el que apuesta por mantenerlo.

La causa última del desajuste actual radica en el hecho de que los que se dicen progresistas parecen haber renunciado a realizar cambios de fondo, convirtiéndose de facto en conservadores. Esto ha permitido a los reaccionarios asumir el rol de únicos agentes de un cambio sustancial, y de ahí su auge en las encuestas.

Los dos hitos que parece que mejor definen lo que ha sido el 2016 fueron la salida del Reino Unido de la UE y la elección de Donald J. Trump como 45º presidente de los Estados Unidos de América, y ambos parecían eventos imposibles para muchos opinadores. Pero si se piensa detenidamente, la UE propone unas políticas que han enriquecido a Alemania en detrimento de la periferia de Europa y Hillary Clinton (que consiguió pese a todo la mayoría del voto popular) proponía simplemente la continuidad de las políticas de Barack Obama. En el sentido estricto de la palabra tal y como yo la entiendo, votar por mantenerse en la UE o por Hillary Clinton era un voto conservador, y puesto que en ambos países soplaban vientos de cambio, los electores se inclinaron por las opciones que mejor supieron encarnarlo.

La resolución de la crisis de la socialdemocracia pasa (creo yo) por abrazar sin complejos políticas de cambio. Si hay que elegir una opción conservadora, los electores optarán por el original, los partidos conservadores, en lugar de una mala copia.

La resolución de la muy cacareada crisis de la socialdemocracia pasa (creo yo) por abrazar sin complejos políticas de cambio, puesto que si se trata de elegir a una opción conservadora los electores elegirán la original (los partidos conservadores) en lugar de una mala copia. En Estados Unidos, Bernie Sanders hubiera podido encarnar efectivamente esa alternativa, y en Europa solamente veo a Yanis Varoufakis como alguien capaz de hacer otro tanto.

En 2017 vamos a tener dos compromisos electorales mayores en Europa: uno en Alemania y otro en Francia, que son, mal que nos pese (y sobretodo la primera), quienes cortan el bacalao en la UE y especialmente desde el brexit, por lo que estas citas deberían interesar a todos los españoles (ya adelanto que no lo harán)

En Francia, país en el que vivo, la izquierda no deja de ceder terreno a la derecha porque el electorado percibe a ambas opciones como conservadoras y/o representantes de las "élites" (a traducir en lenguaje político hispano por "la casta"), al mismo tiempo que el Frente Nacional crece en número de votos. El diagnóstico del Partido Socialista es derechizarse (puesto que la opinión se mueve hacia la derecha, movámonos hacia la derecha), obviando el hecho de que la posición que el PS tome puede hacer mover la opinión general de los franceses, en una dinámica muy común en estos tiempos en que carecemos de líderes carismáticos capaces de mover a la opinión en el sentido de su acción en lugar de lo contrario.

Está por ver a quién va a elegir el PS como candidato, pero las encuestas apuntan a que será el catalán Manuel Valls, casi tan a la derecha como el exbanquero y telegénico exministro de economía Emmanuel Macron, un independiente al que las encuestas dan hoy resultados casi tan buenos como a Valls. Así pues, la izquierda derechizada y dividida tiene muy pocas opciones ante François Fillon, y Marine Le Pen, que es una muy probable candidata a la segunda vuelta lo tendrá tan difícil como ya lo tuviera su padre en esa hipotética batalla contra Fillon, puesto que el sistema electoral francés es estrictamente el mismo que entonces y el peso ganado por el Frente Nacional es real pero solamente relativo.

El sistema electoral en Alemania hace más probable que un si un partido como la AfD tuviera un peso como el que tiene el FN en Francia este partido llegara al poder. Pero por mucho que Merkel haya perdido popularidad a causa de la crisis de los refugiados, es muy improbable que los electores alemanes opten por salir de una UE que parece un traje cosido a su medida. Y a no ser que los socialistas alemanes consigan en el último minuto un candidato mucho más potable que Merkel, todo apunta a que seguirán siendo el socio menor de la Große Koalition.

Así pues, después de los sobresaltos de 2016 auguro que 2017 será el año retorno de los conservadores. Y si por casualidad tuviera razón, creo que nos intentarán vender la moto de que ello es una gran noticia para Europa. Tiempo al tiempo...