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Diario de una 'startup': el Círculo de Competencia (6)

10/08/2017 07:30 CEST | Actualizado 10/08/2017 07:30 CEST
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Cantina del kibbutz Ein Gedi.

Crear una startup equivale necesariamente a invertir en una startup. Si el fundador no va a invertir su propio dinero (lo que es rarísimo), por lo menos va a invertir una cantidad de tiempo considerable con su correspondiente coste de oportunidad.

Ya puestos a invertir, es siempre inteligente escuchar a los mejores inversores para buscar consejo, y hace poco leí en este sentido un librito bastante interesante llamado El Tao de Charlie Munger. Warren Buffet es el inversor vivo más respetado, y los que lo conozcan sabrán que la mano derecha de Warren Buffet durante casi 60 años ha sido el venerable Charlie Munger.

En este libro, Munger nos ofrece unas cuántas perlas de sabiduría, entre ellas el concepto que él llama su Círculo de Competencia. El concepto del círculo de competencia no es más que puro sentido común, pero a veces el sentido común es el menos común de los sentidos. Elaboremos un pelín más.

En primer lugar, entre los aprendizajes que Munger nos libra, cuenta que él no se ha hecho rico diversificando sus inversiones. Diversificar es una forma de asegurarse un retorno medio, pero no es una fórmula que permita obtener retornos mejores que los de cualquier inversor no informado. Por el contrario, Munger nos explica que él se ha hecho rico concentrándose en las mejores inversiones que se le han presentado cada vez que ha tenido ocasión. Y para poder hacerlo, siempre ha ahorrado e invertido en negocios lo más líquidos posible para poder invertir en mejores negocios en caso de que éstos se presenten.

Munger es un inversor atento, y cuándo se le presenta una oportunidad para invertir, Munger lo hace exclusivamente en negocios que entiende cómo funcionan. Atención: Munger reconoce no ser un genio, por lo que no invertir en negocios que no entiende supone obviamente no invertir en muchos buenos negocios. Su comprensión es finita, y Charlie Munger así lo asume: estamos hablando de uno de los inversores más lúcidos de todos los tiempos, y una de sus principales enseñanzas es que son más las posibles inversiones que no entiende que las que entiende.

Una vez entendido el posible negocio, Charlie invierte en el mismo solamente si, considerando otra serie de factores (como sus flujos de caja o los rendimientos de otras inversiones similares) le interesa. Poco antes de la explosión de la burbuja de las punto com, muchos inversores pensaban que Charlie Munger y Warren Buffet (que no invirtieron en ninguna de esas empresas) estaban totalmente desfasados. Evidentemente, después de explotar la burbuja fueron en cambio aplaudidos como genios; la verdad es más sencilla: no invirtieron en las punto com porque no entendían su modelo de negocio.

Cuando se trata de desarrollar un producto que no existe, muy a menudo asumir con ganas la responsabilidad y el riesgo de empezar es más importante que la experiencia previa.

Dado que llevo más de diez años trabajando en proyectos de desarrollo de software, asumo que un proyecto de este tipo entra dentro de mi ámbito de competencia básica. Sé por lo menos lo suficiente: que cuando se trata de desarrollar un producto que no existe, muy a menudo asumir con ganas la responsabilidad y el riesgo de empezar es más importante que la experiencia previa.

Sin embargo, aún siendo competente para llevar adelante tal proyecto, no soy un genio, y mi comprensión de muchos proyectos de startups que hoy existen y que mañana pueden ser rentables es muy limitada. Recientemente invité a un amigo mío a colaborar en Okakiben, la startup que estamos creando, y rechazó hacerlo porque estaba esperando una beca de Google para crear su propia startup orientada hacia el ámbito de la inteligencia artificial y el periodismo.

Si bien creo entender cómo la inteligencia artificial puede generar claramente un negocio para Uber o para futura industria del coche autoconducido, reconozco que mi limitada comprensión me hace más difícil entender cómo la inteligencia artificial puede revolucionar la industria periodística. Adelanto que el proyecto de mi amigo consiguió finalmente financiación de Google, pero para los plumillas que lean estas líneas con preocupación quédense tranquilos: por lo menos su proyecto no consistía en sustituir directamente a periodistas por algoritmos para escribir artículos, que todo se andará.

Si creo, en cambio, entender cómo funcionan la mayor parte de empresas de la economía colaborativa, sobre las que he escrito anteriormente, y llevaba tiempo buscando una idea en este ámbito. Tanto es así que ahora hace un año viajé a Israel y visité un par de kibbutzim buscando ideas de colaboración inspiradoras. Y pasar un par de días en un kibbutz fue realmente interesante pero no me llevó más allá que a retener que los ámbitos en los que la colaboración es más fructífera son, por este orden, el cuidado de los niños, la cocina y la lavandería.

No tengo niños, por lo que descarté iniciar tema alguno fuera de mi círculo de competencia (los niños). En cambio, cuando mi hermana me expuso poco después una idea que le vino al oler el delicioso curry que preparaba su vecina, no lo dudé: lo que hoy es Okakiben empezó a tomar forma entonces.

PS: Agradeceré a todo aquél que con el simple gesto de dar un like a este link contribuya a enviarme de nuevo a Tel Aviv, esta vez para presentar en un pitch nuestra idea.

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