Ignacio Oliveras

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Imperialistas y arquitectos

Publicado: 02/09/2012 10:02

Francesc-Marc Álvaro publicó recientemente una columna en La Vanguardia en la que reflexionaba alrededor de un gin-tonic junto a su tío Baixamar sobre cómo los distintos imperialismos han forjado sociedades distintas entre los pueblos colonizados, por lo que por ejemplo el militarismo que ha lastrado tantas naciones latinoamericanas entroncaría con el fantasma del general Pavía y con nuestra triste tradición golpista.

Creo que Álvaro anda muy en lo cierto y seguramente el imperialismo inglés fue menos bestia en general que el español. En países como Malasia, Singapur o Mauricio, colonizados por los ingleses, he podido constatar que guardan un grato recuerdo del buen gobierno de su antigua metrópolis, y por lo menos en los dos últimos países la educación secundaria y el sistema legal copian directamente el sistema educativo y la common-law inglesa. Y ambos son países estables desde su independencia.

Mucho menos interesante resulta sin embargo el legado urbanístico británico, presente también en Mauricio. Cuando llegué por primera vez a Quatre Bornes, ciudad en la que vivo, el taxi me dejó en un hotel junto al Ayuntamiento y al mercado. Pese a la proximidad a estos dos polos de actividad, al salir a dar una vuelta me costaba creer que estuviese en el centro de la ciudad, que como español inconscientemente relaciono con una Plaza de la Catedral o una Plaza de Armas. Nada de eso existe en Quatre Bornes, que reproduce el estilo inglés de ciudad en el que el centro no existe como tal, sino que los principales edificios se alinean en lo que en la mayoría de las ciudades inglesas se conoce como la High Street y en Mauricio se denomina la Royal Road, y que constituye además por regla general la arteria comercial de la ciudad.

La arquitectura española es, en mi opinión, muy superior a la inglesa. Y no me refiero a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a la Cidade da Cultura, a la T1 del aeropuerto de El Prat o a cualquier otra obra de arquitectos estrella que pueblan la práctica totalidad de nuestra geografía desde que Bilbao inaugurara el Museo Guggenheim y ninguna ciudad española que se preciara pudiera no hacer otro tanto. Si uno quiere hacerse una idea de la impresión que todos estos edificios alienígenas -hijos de la bendita descentralización y del maldito despilfarro- tan fuera de contexto provocarán en el visitante dentro de veinte años, le aconsejo este link sobre la era cósmica de la arquitectura soviética muy encarecidamente. Me refiero por supuesto a la arquitectura que conforma nuestras ciudades compactas y agradables de vivir, y en las que es asequible desplazarse a pie para realizar cualquier recado. Y es el mismo tipo de ciudad que puede encontrarse en Cuba, una isla cuya historia colonial guarda muchos paralelismos con la de Mauricio pero en donde existen ciudades deliciosas como La Habana, Trinidad o Camagüey que no se encuentran aquí. Los mauricianos, como los singapurenses, viven muy de puertas para adentro, todo lo contrario que los hispanos. Siempre había tendido a pensar que la propensión a salir a la calle de los españoles se debe al clima agradable, pero esto no es del todo cierto, ya que se debe en mayor medida a un urbanismo agradable que debemos al buen hacer de nuestros arquitectos.

Como hijo de arquitecto que soy, sé bien los estragos que la crisis está causando entre estos profesionales, que pese a su excelente preparación se ven hoy abocados a menudo a una insoportable precariedad. Afortunadamente para ellos, me consta que los arquitectos españoles gozan de un merecido reconocimiento en el extranjero y la emigración resulta por lo tanto asequible, y hoy en día muy aconsejable. El único compatriota que me consta que vive en Quatre Bornes es un arquitecto alicantino que antes de venirse a Mauricio había trabajado en Chequia y en Sudáfrica. Espero sinceramente que a él se unan muchos más, a ver si entre todos ellos consiguen darle un buen arreglo a Quatre Bornes, Rose Hill, Vacoas, Curepipe y otras muchas ciudades de Mauricio que tanto los necesitan.

 

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