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Los políticos del sur de Europa son unos corruptos y sus finanzas un desastre. ¿O eran los del norte?

09/07/2012 08:54 CEST | Actualizado 07/09/2012 11:12 CEST

"Cuanto más nubloso es un país, y más fríos y húmedos sus inviernos, más probable es que sus finanzas y políticas sean previsoras".

La cita es del economista y político alemán Thilo Sarrazin. En su último libro, Europa no necesita el euro, (Europa braucht den Euro nicht, editorial DVA), este exdirectivo del banco central alemán argumenta que su país no necesita al euro y aliña esta reflexión con unas cuantas pullas dirigidas a los países del sur de Europa, cuya crisis económica considera un problema "cultural". Las tesis de Sarrazin han sido criticadas desde el moderado Gobierno de Angela Merkel y el personaje no tendría más importancia si no fuera por el apoyo que ha tenido el libro entre muchos de sus conciudadanos, que lo han aupado al ranking de los más vendidos.

Pero, ¿nos merecemos esta fama y las subidas constantes de la prima de riesgo? ¿Es el caso Bankia una muestra más de esa negra cultura española del mangoneo? ¿Hace bien, al fin y al cabo, Inglaterra en cerrar sus fronteras a los vecinos del sur?

Los datos

Para Sarrazin, y los que piensan como él, el problema fundamental de los países del sur de Europa es su cultura de la holgazanería. Pero, ¿se puede llamar vago a una persona que trabaja más horas que tú? Según datos de Eurostat, los griegos trabajan 43,7 horas por semana, más que los alemanes, que lo hacen de media 42 horas. Nosotros lo hacemos 41,6 horas, más que franceses, finlandeses, irlandeses, daneses y un largo etcétera.

Habrá quien diga que es un problema de productividad y, en parte es cierto, pero también en esto se tiende a exagerar. De hecho, en contra de los tópicos, España está por encima de la media europea en cuanto a productividad y los alemanes tampoco encabezan esta lista, son superados entre otros por holandeses, belgas y franceses.

¿Está el problema entonces en que los países del sur somos derrochadores por "cultura"? Este es un tópico bastante común que, me temo, el escándalo de Bankia, con la imputación de Rodrigo Rato incluida, no hace más que alimentar. El peligro, sin embargo, de este tipo de respuestas fáciles a fenómenos complejos es que suelen servir para ocultar parte de la verdad.

A la vista de los resultados parece que Grecia, España, Italia y Portugal han crecido en los últimos años a costa de créditos a los que no pueden hacer frente. Hasta ahí la versión más difundida del problema. Lo que generalmente se omite es que igual de irresponsable es el que pide un crédito que no va a poder devolver, como el que toma la mala decisión de conceder ese préstamo. Y los bancos alemanes llevan años tomando esas malas decisiones. De hecho, los bancos de Alemania y Francia se juegan hasta 730.000 millones de euros que corren el riesgo de perder si España e Italia caen.

¿La corrupción política es un mal endémico en España, como el E.coli? Quizás aquí la corrupción sea un asunto más folclórico, pero tampoco es cierto que sea un problema sólo nuestro. No hay que olvidar que el presidente alemán, Christian Wulff, tuvo que dimitir tras ser acusado de corrupción y el propio expresidente Francés está siendo investigado por su supuesta implicación en el caso de Lilliane Bettencourt.

Además, después de todo -y para zanjar de una vez por todas el asunto sobre las supuestas bondades del mal tiempo en relación a la economía de un país- no hay que olvidar que uno de los primeros sistemas bancarios en caer, sin que ni políticos ni economistas pudieran prevenirlo, fue el de Islandia. Un país no precisamente célebre por sus veranos soleados y su cultura del chiringuito.

¿Quiere esto decir que España, Italia o Grecia son mejores que Alemania o Francia? ¿O que los banqueros germanos son más responsables por definición que sus vecinos mediterráneos? No. No creo. Lo que seguramente quiere decir es que hay que tener cuidado con cualquier brote en Europa de populismo, y que no se puede juzgar a todo un pueblo por la falta de previsión de sus gobernantes o a una nación por las malas decisiones de sus empresarios. A partir de ahí, cualquier opinión es discutible.