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CETA: hacia una globalización más justa

16/02/2017 11:47 CET | Actualizado 16/02/2017 11:47 CET

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Ayer miércoles, el Parlamento Europeo dijo sí al Acuerdo Comercial con Canadá, el conocido como CETA por sus siglas en inglés. Ha dicho sí a una política comercial de la UE que no se limita a suprimir barreras comerciales, sino a garantizar y promover los estándares sociales, laborales y medioambientales que compartimos con Canadá.

Porque, no nos olvidemos, estamos hablando de un socio, Canadá, que es el país que más se parece a la UE por sus valores democráticos, su nivel de desarrollo, su defensa del Estado del bienestar, de la sostenibilidad y de los derechos humanos. Un país con quien nos unen extensos lazos históricos, culturales, políticos y económicos.

Por todo ello, es razonable y positivo estrechar nuestra relación a través de un acuerdo económico y comercial global, como es CETA. Porque, si no podemos negociar con Canadá, ¿con quién negociamos?

Una amplia mayoría de eurodiputados, pertenecientes a casi todos los Grupos Políticos, excepto los representantes de la extrema derecha del Frente Nacional y de la extrema izquierda de la Izquierda Unitaria, hemos dicho NO al modelo insolidario y mercantilista de Trump de América first, hemos dicho NO al nacionalismo anti-europeísta de Marine Le Pen, y hemos dicho SI a un Acuerdo Comercial basado en valores y que sirva de referencia para otros Acuerdos.

Es el momento de contraponer un modelo de política comercial que sirva para regular mejor la Globalización, basada en la defensa de nuestros principios y valores frente al avance del proteccionismo y de los nacionalismos cuyas terribles consecuencias conocemos demasiado bien en Europa.

Ser de izquierdas no es ser proteccionista ni nacionalista, la globalización es un hecho no una opción y, o la regulamos desde la UE con aliados como Canadá, o las reglas las impondrán otros.

Ser de izquierdas no es ser proteccionista ni nacionalista, la globalización es un hecho no una opción y, o la regulamos desde la UE con aliados como Canadá, o las reglas las impondrán otros.

Es necesario hacer frente a los retos de la globalización, sin duda. Pero, ¿cómo?

En mi opinión, necesitamos dotarnos de una gobernanza y regulación económica global que permitan repartir mejor las enormes ganancias de la apertura económica, reduciendo la brecha de renta y de oportunidades entre los ganadores y perdedores. Se necesita desarrollar un marco económico incluyente, con instituciones supranacionales que elaboren una regulación más exigente de los mercados financieros y que luchen contra los monopolios, los cárteles y los privilegios corporativos. Es urgente conseguir una armonización fiscal a nivel internacional que evite la elusión del pago de impuestos de las grandes corporaciones, que exija que se paguen impuestos donde se generan los beneficios y que luche eficazmente contra los paraísos fiscales.

Pero todo ello no es ni será suficiente.

No se puede imputar a la globalización lo que es responsabilidad de las políticas nacionales. Los Gobiernos nacionales tienen que comprometerse en combatir la desigualdad, por razones de justicia social y de eficiencia económica.

Los socialdemócratas concebimos la política comercial de la UE como un instrumento para establecer una mejor regulación del comercio, para que sea justo, al tiempo que protege y promueve los estándares europeos y, también, como un instrumento para promover los derechos humanos y estimular el crecimiento sostenible y la creación de empleos de calidad. Para ello hemos trabajado y hemos conseguido mejorar el resultado final.

CETA es uno de los acuerdos comerciales más avanzados celebrados por la Unión Europea en términos de integración, liberalización del mercado y desarrollo sostenible.

Pero CETA no es un acuerdo perfecto. Ningún acuerdo lo es, siempre queda margen de mejora y esa es la responsabilidad de los políticos: trabajar para avanzar sin quedarse anclados en criticar todo sin construir nada. Por ello, el Grupo Socialdemócrata seguirá trabajando para conseguir mejores Acuerdos comerciales, proponiendo las medidas necesarias para que nadie se quede atrás.

Todavía queda mucho por hacer pero, sin duda, con CETA hemos dado un importante paso adelante en materia de transparencia, de desarrollo sostenible, de participación de la sociedad civil y de defensa de nuestro Estado de Bienestar y servicios públicos.

CETA no puede ser visto como una amenaza, sino como una oportunidad en defensa de estos principios y valores que tanto Canadá como la Unión Europea compartimos y defendemos a nivel internacional. Por ello, con este acuerdo, la UE y Canadá se comprometen a trabajar juntos en todos los Foros Internacionales para avanzar hacia una globalización más justa y sostenible.

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