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¿Alguien en Europa piensa en las mujeres refugiadas?

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Foto de un centro de refugiados en Hungría/REUTERS

Las mujeres y niñas refugiadas son las más vulnerables en todas las etapas de su viaje a Europa; las que se enfrentan a mayores riesgos desde que salen de sus países, atraviesan tierras desconocidas, cruzan pasos fronterizos y esperan en los centros de refugiados.

Según los datos del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), ellas representan el 38% del total. Una cifra que va en aumento si tenemos en cuenta que el pasado mes de enero el 55% de las personas que llegaron a Grecia eran mujeres y niñas, un hecho que choca con el enfoque claramente masculinizado de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.

Este 8 de marzo, el Parlamento Europeo ha querido dedicarlo a ellas para arrojar luz sobre esta realidad. Porque si el drama de los refugiados que quieren alcanzar Europa se ha convertido en la vergüenza de las instituciones europeas y los Estados miembros, incapaces de actuar con responsabilidad y de anteponer la ley y los principios de la Unión a los egoísmos nacionales y partidistas, el drama de las mujeres refugiadas en aún más vergonzoso.

Las mujeres y niñas no acompañadas, las que son cabeza de familia o están embarazadas, son las presas más fáciles de mafias y desalmados. Cientos de ellas han sido violadas y explotadas a través de redes de trata de seres humanos en su camino a Europa, una terrible experiencia que en la mayoría de los casos ni siquiera se tiene en cuenta cuando esas mujeres, niñas y adolescentes, llegan a los centros de acogida. Allí no disponen de atención médica ni psicológica, tampoco cuentan con espacios para madres e hijos, ni duchas o dormitorios separados...

Esta semana votaremos en la Eurocámara un informe en el que reclamamos a la Comisión Europea y a los Estados miembros que apliquen la perspectiva de género al drama de las personas refugiadas y demandantes de asilo.

Para hacer frente a los traumas psicológicos, la vergüenza y la estigmatización que muchas padecen es fundamental contar con personal especializado que sepa cómo afrontar estas experiencias dramáticas.


Para mejorar su seguridad y protección, lo primero que reclamamos es que se abran vías seguras y legales hacia la UE, porque es la única manera de evitar que caigan en las redes criminales que trafican con personas.


Las mujeres que han sufrido abusos deben recibir una atención especializada, ayuda médica y psicológica. Y en el caso de que estén embarazadas, hay que garantizarles el pleno acceso a la salud, a sus derechos sexuales y reproductivos, incluida la opción de interrumpir el embarazo en condiciones seguras.


Para hacer frente a los traumas psicológicos, la vergüenza y la estigmatización que muchas padecen es fundamental contar con personal especializado que sepa cómo afrontar estas experiencias dramáticas. Además, deben llevarse a cabo investigaciones independientes sobre todas las denuncias de abusos sexuales y violencia de género en los centros de detención de inmigrantes o en las fronteras.


Nuestro informe reclama también que las mujeres refugiadas sean inscritas individualmente y reciban la documentación que garantice su seguridad personal, libertad de circulación y acceso a los servicios de primera necesidad con independencia de sus maridos. Disponer de un estatuto jurídico independiente del de su cónyuge es fundamental no solo para su empoderamiento, sino también para el principio de no devolución


Y pedimos sensibilidad a quienes examinen las solicitudes de asilo de mujeres que proceden de países como Afganistán, Irak o Somalia, porque corren mayor riesgo de ser víctimas de la violencia sexual y la discriminación por razón de género en caso de retorno a su país de origen


Argumentos más que suficientes para que alguien en Europa se pare a pensar en ellas, para que la Comisión y los Estados se comprometan con políticas y medidas de migración y asilo que tengan en cuenta el género y lo que ello implica. De lo contrario, nuestra incompetencia e indecencia será doble.