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Inocencia, emprendimiento y pedales

06/03/2015 07:10 CET | Actualizado 05/05/2015 11:12 CEST

No sabía el grado de inocencia con el que vivía antes de emprender un negocio relacionado con bicicletas en España. Cuando empiezas todo son ganas, ilusión y recursos propios (sin recursos no hay emprendimiento, se quedan las ganas y la ilusión solas). Tras un período de investigación y gestación mental viene el parto. Aparece una gran idea innovadora. Después, si te atreves a ejecutar, sólo vienen años de trabajo, jornadas interminables, poco dinero, sacrificio, luces y sombras. Pero, curiosamente, sobrevives. Sí, esto es cierto, no hay estadísticas mortales por emprendimiento en movilidad sostenible.

Y así es el cuento de los comienzos: érase una vez la vida de los que emprenden, que para facilitar las cosas (que ya trae per se el emprendimiento) toman como elemento central de negocio la bicicleta. Se van descubriendo las dificultades. Van saboreando esa parte de inocencia con la que se comienza. La vida para los emprendedores tiene un antes y un después. Como antes y después de Cristo, pues lo mismo.

La vida se separa en dos períodos: antes de abrir el proyecto y el tsunami de después. Se abre otra puerta, otra vida, posiblemente otra deuda y otra percepción de la realidad. Sobre todo cambia el significado del trabajo y la relación con el dinero. No se para de pagar y pagar, aunque no se tenga dinero, pagas facturas varias, pagas proveedores, pagas alquileres, pagas altas de la seguridad social, pagas gestorías, pagas impuestos. Y, mientras, ves cómo cuesta ganar cada euro con cada uno de tus minutos de trabajo. Ahora que ya no tienes jefe, por primera vez no crees que fuera tan malo tener uno.

El emprendimiento y el pedal se dan la mano, e inocentemente, como una hormiga trabajadora, logras convertirte en un elemento del cambio de paradigma en el transporte. Las sombras están claras y las luces tardan en llegar y están al final de carril bici. Gracias a pequeños visionarios, diminutas soñadoras, incansables currantes, apasionadas ciclistas urbanas que cuando cierran los ojos ven que en el futuro está la bici. Gracias a esas personas se dan los cambios, las cosas evolucionan y los aires se limpian. Miran sin distorsión la idea de que el velocípedo ocupa un lugar sin precedentes en la movilidad sostenible. Cuidado, avisamos, este elenco de personajes está en crecimiento exponencial y lo mismo puede conseguir algo. Conseguir que el paradigma cambie, que el tipo de empresas del sector se renueve lentamente, que se cree una economía un poco más verde, y que finalmente se comprenda que a todos lados, todos, no podemos ir en coche, porque la realidad no lo permite. Porque los límites de la calidad del aire ya están suficientemente saturados.

El Bicity, impulsado por la Red de Ciudades de la Bicicleta, ha sido una señal de que todo esto es cierto. La bici y la movilidad sostenible viven un momento incipiente en emprendimiento.

Este encuentro nacional ha unido a los jóvenes actores del sector que han puesto sobre el papel las ideas que nadie había escuchado todavía. Han sido jornadas de trabajo y de compartir experiencias, de poner rostro, de motivar y de creer. Porque para esto del emprendimiento hay que tener mucha fe. Y no hablamos de negocios de bicis como tiendas o talleres, sino de negocios que le han dado una vuelta más y han visto que la bici va a necesitar muchas más cosas e infraestructuras. Tras los grupos de trabajo del Bicity hubo ganadores e ideas premiadas. Por ejemplo, Don Cicleto, que es una red de aparcamientos para poder dejar tu bici en lugares seguros. Otra idea ganadora fue la de Ciclogreen, que promociona el uso de la bici con nuevas tecnologías con una plataforma online que premia a quien va en bici.

Sin embargo, conozco muchas otras personas, que aunque no han sido primeras ganadoras de este Bicity, aportan mucho. Ejemplos de alquiler de remolques y autobuses para poder hacer salidas con la bici en grupo, como Bike & You, bares donde la bici toma una posición cultural como en La Bicicleta, empresas de formación en movilidad o mecánica de bicicletas como Santa Cleta, fabricación nacional e investigación en I+D+I como los que idean bicis de trabajo en Bikelecing, que han diseñado una bici carrito para el Lipasam (empresa de limpieza pública de sevillana), consultoras especializadas en ejecución de carriles bici como MC, distribución de bicis de carga con nuevas webs como bicisdecarga.com, bicis donde puedes llevar a los niños o la carga profesional, o las nuevas ecomensajerías como Veloces o Txita, que nacen ya utilizando transporte no motorizado. Y, de fondo, el apoyo de Europa con CycleLogistics para sensibilizar sobre la logística sin humos.

Podría seguir nombrando emprendedores, como el club social La Ciclería, como la novedosa editorial especializada Petirrojo, o los que hacen bicis de bambú en Zaragoza. Hay estudios que confirman que cada kilómetro de carril bici genera cuatro empleos directos e indirectos. En Sevilla hay más de 200 km de carril bici y las tiendas y el sector se han multiplicado. Seguiría y seguiría, pero se me termina la inocencia y el papel, porque con el emprendimiento también se pierde un poco de esto. Sorprendentemente, se desarrolla más la perseverancia, la fuerza de voluntad, las ganas de trabajar y de que llegue un día en que puedas decir: lo he logrado. Lo he hecho realidad. Y toda esa gente que acabo de nombrar ya lo ha hecho. Son la revolución silenciosa de la bici. Son parte del aumento del 10% anual que ha experimentado el sector de la bicicleta en los últimos cinco años. En 2013 el sector llegó a 1.050 millones de euros y se vendieron más de un millón de bicicletas, superando en un 43% a la venta de automóviles. Sin duda, con el emprendimiento la inocencia quedó atrás para dar paso al pedal.

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