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Superhéroes gitanos en las calles de Nueva York: entrevista a Vicente Rodríguez

25/06/2017 09:53 CEST | Actualizado 25/06/2017 10:05 CEST

Con motivo del lanzamiento del Instituto Europeo para las Artes y la Cultura Romaní (ERIAC), el 8 de junio nos encontramos en Berlín con Vicente Rodríguez. Original de Alfafar (Valencia), Vicente es una de las jóvenes promesas europeas del emprendimiento social y cultural: con sus proyectos RomaPop y Long way to Justice, en 2016 este Quijote millennial formó parte de la lista Forbes de los 30 personajes menores de 30 años más influyentes de Europa; destacando como el activista de mayor impacto en el ámbito de los derechos de las minorías, con un compromiso especial por la emancipación del pueblo gitano.

En tu trabajo como profesor en la Universidad de Washington, los últimos dos años los has dedicado a hacer una gira de conferencias por los Estados Unidos para promover un cambio de la representación de los gitanos y las gitanas en la cultura pop, especialmente en el mundo del cine y el cómic. ¿Cuáles han sido tus principales destinos?

Durante los últimos dos años he estado trabajando en lo que se llamaría lobby cultural. Aunque yo vengo del mundo de los derechos humanos y del activismo juvenil, siempre ha llamado mi atención la falta total de estructuras y mecanismos para la mejor representación del pueblo gitano dentro de la cultura popular, y particularmente, la cultura joven.

En 2015 funde RomaPop como parte de una fellowship de Open Society Foundations y viajé extensivamente por la geografía estadounidense, New York, Filadelfia, Boston, Miami, Washington DC, Austin, Albuquerque, L.A, San Francisco, Seattle, Minneapolis y algunas otras ciudades. Durante el último año, mis principales destinos han sido las convenciones de cómics y de cultura popular, como la del New York Comic Con, donde RomaPop desarrolló lo que podríamos llamar una estrategia de confrontación pública con autores y editores del mundo del cómic americano.

¿Qué tipo de cambios te gustaría ver?

El tipo de cambio que buscamos con RomaPop es el mismo que ha logrado la comunidad afroamericana y asiático-americana durante los últimos 40 años. Es decir, narrativas justas y propias que no nos exoticen ni victimicen. En los últimos años, Marvel Comics, por ejemplo, ha llevado a cabo una serie de políticas editoriales en defensa de la diversidad. Como resultado tenemos un Capitán America Afroamericano, un Spiderman Latino y un Hulk asiático; sin embargo, en nada se ha avanzado en relación al pueblo gitano: en el mundo del cómic y del sci-fi seguimos siendo representados como ladrones, brujas y bohemios; y generalmente existe un ataque brutal por parte de autores y editoriales a nuestro pueblo.

¿Por qué crees que un cambio en los modos representación en la cultura popular puede ser favorable para combatir el antigitanismo?

Aunque la situación es distinta de país a país, si echas un vistazo a la historia reciente de Europa, verás que el éxito de la extrema derecha y del discurso xenófobo y contra las minorías son resultado en gran parte de la instrumentalización por parte de las élites neofascistas de la cultura popular. El lenguaje de la cultura popular tiene una capacidad inmensa para impregnar y afectar a la opinión pública, especialmente a los más jóvenes. Además, asistimos a un momento en el que el discurso de la cultura popular se ha puesto de moda debido al activismo digital y a las nuevas redes que facilitan la globalización 3.0.

Un cambio en las narrativas dentro de la cultura popular a nivel global tendría un sentido especial en la lucha contra el antigitanismo, ya que humanizaría a los gitanos y gitanas que han sido desprovistos de su condición humana, debido a las manipulaciones políticas, mediáticas y culturales.

Tú que conoces bien tanto Europa como los Estados Unidos, ¿cuales son los mitos y estereotipos sobre los gitanos y gitanas que se comparten a ambos lados del Atlántico?

Aunque algunos de los estereotipos sobre el universo gitano, al otro lado del charco, no son más que variaciones de los mitos que se han formado en Europa, la percepción estadounidense del pueblo gitano es totalmente diferente; para empezar, la mayoría piensa que los gitanos son un pueblo imaginario, unas criaturas fantásticas: un disfraz de Halloween muy popular es el de gitana, por darte un ejemplo. Puedo decirte que muchísimos estadounidenses no dudarían en incluir a los gitanos en una lista de criaturas fantásticas, junto al Hombre lobo y Dracula.

En contraste con esta ficcionalización de la realidad gitana, en Europa todo el mundo se cree un experto en el pueblo gitano, es decir, conocedor de la realidad gitana; y estos expertos (de las universidades, de los servicios sociales, de los medios de comunicación, etc.) suelen asociar a los gitanos con la suciedad, la violencia, el machismo o el trafico de drogas, por citar algunos de los estereotipos más generalizados.

En Estados Unidos, la gente no sabe quiénes son los romaníes, aunque les es muy fácil absorber todos los estereotipos europeos a través del turismo en capitales europeas; por ejemplo, muchos de mis estudiantes americanos me contaban cómo creían que 'gitano' era básicamente una palabra código para criminal, ya que los blancos europeos la utilizaban siempre en referencia al crimen.

¿Con que tipo de apoyos y desafíos te has encontrado?

Los retos han sido inmensos, desde los tiempos de Yul Brinner, la comunidad romaní no ha vuelto a dialogar con la industria de la cultura popular americana. Cuando yo llegué a EEUU, no teníamos embajadores ni aliados, los grupos de lobby de otras comunidades ni siquiera creían que los gitanos existían: los artistas, editores, actores y directores salían corriendo nada más escuchar la palabra 'gitano'.

Era además mi primera vez en Estados Unidos, perdido en otro país, sin amigos, sin mucho dinero, sin un plan infalible, solo con una intuición de lo que podría funcionar. Pensé muchísimas veces en abandonar esta loca empresa, pero persistí y, contra todo pronóstico, prosperé. El éxito desde luego fue fruto de los apoyos que pude encontrar en el camino: el apoyo de la oficina de iniciativas gitanas de OSF fue fundamental, también fue muy especial el apoyo de un pequeño grupo de activistas judíos, afroamericanos y feministas que se lanzaron conmigo en paracaídas en defensa de los gitanos delante de casi 200.000 personas en el Comic Con de Nueva York. También recibí un apoyo tremendo de la Universidad de Washington y de muchos amigos y colegas que invirtieron tiempo y dinero en garantizar el éxito de mi misión.

En el mundo de los Comics y de Hollywood, muchísimos autores expresaron su interés en mi trabajo y su crítica a la mala representación que sufrimos, entre otros, Wesley Snipes, a través de Twitter... Como decía Ruben Blades, la vida te da sorpresas...

¿Por qué has planteado este tipo de activismo cultural en Estados Unidos y no en Europa?

En Estados Unidos existe una tradición de protesta basada en el argumento moral y una idea de progreso para las minorías que yo nunca he visto en Europa, y mucho menos en el caso de los gitanos, donde sería difícil decir si la situación es hoy mejor o peor que hace 20 años. El discurso antigitano está absolutamente normalizado, en la universidad, los mass media y en los partidos políticos en lugares como Rumanía, Hungría, Francia o Italia... Y si hablamos de cultura popular, explíqueme usted cómo utilizar el argumento moral contra un folklorismo europeo íntimimamente imbricado con el antigitanismo.

En tu doble condición de activista y profesor, ¿cómo crees que podría utilizarse la cultura popular como herramienta para educar en Derechos Humanos y combatir el racismo?

Recientemente estuve en Berlín en el lanzamiento del Instituto Europeo Romaní de las Artes y la Cultura (ERIAC). Como educador y como joven profesor, tengo la convicción de que la cultura será el instrumento de nuestra liberación; pero eso depende de nosotros y de nuestra capacidad para construir iniciativas como ERIAC y llevarlas a buen puerto. El camino hasta lograr una representación justa es esquivo y extremadamente complejo. Muchos factores juegan en contra de los oprimidos. Sin embargo, justo ahora, a principios del siglo XXI, por primera vez algunos gitanos y gitanas tenemos acceso al mundo de la cultura global.

La cultura no es más que un lenguaje, un discurso si se quiere, y como tal, puede ser poderoso tanto a favor como en contra de un objetivo político: quizás, un día, la misma cultura popular que nos representa como brujas y ladrones nos represente como parte integrante de la ciudadanía, como la cultura de gran valor que somos, como superhéroes y superheroínas.

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