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Hematomas y la pasión

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No salimos muy bien parados de nuestra visita al este del país. Aunque disfrutamos mucho los paisajes (foto) y el tiempo nos recibió con un sol inesperado, no conseguimos ganar el partido ante Leiknir Faskrudsfjordur. Y no es que solamente nos lleváramos un punto a casa ante el último clasificado, también nos llevamos una buena cantidad de moratones. Las entradas que recibimos fueron muy duras y varios jugadores salimos lesionados del partido. En mi caso, apenas podía andar al término del partido y lo primero que me vino a la cabeza es que en cuatro días debíamos jugar la semifinal de copa ante Valur Reykjavik.

El viaje de vuelta a casa me lo pasé dudando si iba a poder jugar o no el siguiente partido. Me entró aún más incertidumbre cuando al día siguiente descubrí que la zona de la pelvis y mis partes íntimas estaban amoratadas, y no solo eso sino que la cadera también me dolía mucho. Me resultaba difícil caminar y el fisioterapeuta del equipo me recomendó visitar al médico. Le contesté que estaba mucho mejor y que sólo había sido el golpe, estaría bien en un par de días.

Tenía miedo de que el médico me diera la baja y no podía perderme la semifinal de copa, estaba a un paso de jugar la primera final oficial de mi modesta carrera como jugador y mi club estaba a un solo partido de jugar el partido más importante de toda su historia. Alguien podría pensar que circunstancias como esta van incluidas en el sueldo del futbolista pero aunque hubiera sido un partido del recreo cuando aún iba al colegio habría tratado de no perderme el encuentro. Y eso solo se puede explicar entendiendo la pasión que uno tiene por lo que hace. Cuando existe amor por algo y te sientes vehemente no hay nada que te pueda parar, y si lo hace no hay consuelo para tu dolor.

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Llegó el día del partido y el dolor era menor que días anteriores pero seguía estando ahí. Antes del partido, dos ibuprofenos, mucha crema para calentar la zona y las ansias por jugar hicieron que me olvidara de cualquier mal que hubiera en mi cuerpo. Entre mis compañeros podía notar las ganas y la ilusión que había por vestirnos de corto y saltar al césped. Aún así, todo esto no fue suficiente para derrotar a Valur y perdimos por 1-2.

Con el pitido final mi cuerpo volvió a llenarse de dolor, la tristeza me invadió y el fútbol me recordó, una vez mas, lo complicado que es y el trabajo que cuesta llegar lejos en cualquier competición, seas quien seas o juegues para el equipo que juegues. El único alivio que nos queda es que dejamos una imagen muy buena en el partido y tuvimos ocasiones para conseguir un resultado mejor en un partido que fue televisado por la televisión nacional para Islandia y por una casa de apuestas muy conocida a nivel mundial. Un consuelo que no desahogó mi ánimo ni mi dolor, pero que me estimuló para seguir luchando por ello cada día, por difícil que sea.