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La soledad no tiene quien le escriba

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Llevo unos días pensando en una noticia que flotaba sobre el chapapote de la actualidad informativa. El titular, que pasaba prácticamente inadvertido, decía que un hombre con 3500 amigos en facebook había muerto solo sepultado bajo la basura que se acumulaba en su casa. Padecía el síndrome de Diógenes. La policía fue alertada por una de sus amigas virtuales, extrañada porque aquel no se conectaba a la red social desde hacía días, siendo como era muy 'activo'. Sus sospechas confirmaron el fatal desenlace.

Lo que no podía suponer ella, ni la policía, ni ninguno de los miles de amigos que poseía la víctima, era la soledad que habitaba y las condiciones en las que deshojaba sus días: con una ventana como único cordón umbilical que le conectaba con la realidad exterior de su vida (el resto de accesos se encontraban tapiados de basura) y un ordenador que le abría su interior enfermo al resto del mundo, y mostraba sus emociones elevándose sobre las cumbres de desechos.

Tuvo que ser una amiga a la que no había visto jamás quien diera la voz de alarma, porque nadie cercano a él lo echó a faltar. Facebook le ofrecía el calor humano que la realidad le negaba, y en su caso suplía a esa persona con la que compartes vida y compañía o que cada noche, por muy cansado que estés y por agotador que resulte en ocasiones, te llama y te pregunta cómo te ha ido el día, cómo te va la vida.

Aunque de manera artificial, al menos Facebook debió aliviar parte su soledad

Con toda seguridad la naturaleza de su enfermedad no ayudó a que esta situación fuera diferente, pero lo sorprendente es el extraordinario número de amigos que poseía en el mundo virtual frente a un círculo familiar y de amistades totalmente desolado en la vida real. Y aunque de manera artificial, al menos Facebook debió aliviar parte su soledad.

No es el único caso. Es más frecuente de lo que pudiéramos pensar y cada cierto tiempo los titulares nos descubren situaciones semejantes. Historias tristes de soledad y desolación entreveradas en el mismo espacio que habitamos. Historias que no vemos ni sabemos leer porque vivimos de espaldas a la realidad que nos envuelve. Y tan ensimismados, tan preocupados por banalidades, tan condicionados por la visión que nos ofrecen del mundo, que perdemos la perspectiva de lo realmente importante; la perspectiva de lo único que de verdad vale la pena: cuidar de nosotros y de cuantos nos rodean; preocuparnos por nosotros y por los demás; embellecer con palabras y con gestos el pequeño espacio de vida que nos circunda. Intentar hacer más agradable una vida ya de por sí complicada y en ocasiones inhóspita, sin más.

¿Hay algo más interesante que mejorar nuestras vidas con pequeños gestos que iluminen nuestro espacio cotidiano?

Podrá parecer una ingenuidad ¿pero acaso hay algo más importante que eso? ¿Hay algo más interesante que mejorar nuestras vidas con pequeños gestos que iluminen nuestro espacio cotidiano? Decorar nuestra existencia con actos bonitos, generosos, solidarios; como quien decora su casa. Derrocharlos para sentirnos más persona. Dar y darse. Conocer y dejarse conocer. Construir una sociedad no sólo interconectada a una realidad virtual, sino también a las personas.

Porque nos pasamos el día conectados, sepultados por montañas de información, como aquel bajo la basura y, sin embargo, sabemos más de cualquier personaje público que de nuestro vecino. No sabemos quién es, qué le preocupa, cómo se encuentra, a qué se dedica...y siempre podrá ayudarnos mucho antes y con mayor interés que el tertuliano o la 'tronista' que mejor nos cae ¿no te parece? ¿Por qué no empezamos por ahí?

Esta receta puede ayudarnos a ello. Invitar a una conversación y de paso a un plato que es la reinterpretación de las clásicas habas frescas con bacalao: Milhojas de habas y bacalao. Milhojas como todas esas preocupaciones que se nos acumulan y que sin embargo son prescindibles en su mayoría. Milhojas, en este caso, que junto a las habas y al bacalao crean una combinación perfecta cuando se unen a la untuosidad del huevo, la sutileza del aguacate y la frescura del tomate. Un conjunto de un cromatismo espectacular y un sabor único que no dejará indiferente a nadie, y tal vez se confirme como el inicio de una buena amistad.

Que lo disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 150 g de habas frescas en grano.
  • 4 tomates firmes y maduros.
  • 3 huevos duros.
  • 150 g de migas de bacalao desalado.
  • 1 cebolleta.
  • 2 aguacate maduro y firme.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • 1 diente de ajo pequeño.
  • Unas gotas de zumo de limón.
  • Sal.

ELABORACIÓN

  • Quitamos la piel a los granos de haba. Reservamos.
  • Cortamos los tomates en rodajas finas, salamos ligeramente y reservamos.
  • Pelamos el ajo y lo cortamos en trocitos muy finos. Hacemos lo mismo con la cebolleta. Mezclamos con el bacalao y le añadimos aceite de oliva virgen extra. Removemos bien y reservamos.
  • Pelamos los aguacates y cortamos en daditos (añade unas gotas de limón para que no ennegrezca). Reservamos.
  • Pelamos los huevos y los cortamos en rodajas.
  • Emplatado: Utilizando un molde de cocina, ve colocando, por este orden, de abajo hacia arriba y formando capas: tomate, bacalao, aguacate, huevo duro y habas tiernas. Rocía con un hilillo de aceite de oliva virgen extra y añade unas escamas de sal.

Sencillo, espectacular y delicioso. A disfrutar.

NOTA

Puedes utilizar también salmón marinado (no lo mezcles con ajo). Si lo prefieres, prepara un tartar con atún, salmón fresco o incluso gamba y tunéalo con el adobo que más se ajuste al sabor de tu casa; le quedará de maravilla a este milhojas con habas.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: El infierno. Russian Red.
Para la degustación: 5 Razones. Manu Chao.

VINO RECOMENDADO

Los Molinos, verdejo. DO Valdepeñas.

DÓNDE COMER

En la terraza, en el balcón, en la playa, en la montaña...donde sea que prefieras, pero al aire libre, lejos de la soledad de una habitación sin vistas más que a uno mismo. Y por supuesto bien acompañados de amigos que nos hagan reír. Se recomienda regar bien la ensalada con el vino.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Dejar el móvil, cerrar el ordenador y caminar; caminar hasta que caiga la noche, ahora que se retrasa. Eso sí, parando en cada estación y apeadero a charlar con quien te plazca, que no hay ninguna prisa.