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Los piojos, esos amigos inseparables de nuestros hijos

28/09/2012 10:17 CEST | Actualizado 27/11/2012 11:12 CET

Aunque los piojos de la cabeza no transmiten enfermedades, estos insectos diminutos crean mucho estrés social. Con la vuelta al cole los casos de pediculosis se disparan y también la psicosis. A estas alturas del primer trimestre muchos padres ya se estarán quejando de que a su hijo "le han pasado piojos" y otros tantos habrán descubierto que, a pesar de los tratamientos, la cabeza de su hijo parece una pista de baile con piojos todavía vivitos y coleteando.

Para los padres que todavía no han tenido su primera experiencia, primero, un poco de información básica. Los piojos de la cabeza miden entre dos y tres milímetros, son de color gris café, y no tienen alas. ¡No saltan, ni vuelan, ni se cogen de los animales domésticos! Viven en el cuero cabelludo de los humanos y se alimentan de nuestra sangre. Las liendres o huevos, son todavía más pequeñas y miden un milímetro. Pueden ser blancas, amarillas, marrones o incluso translucidas. Es útil saber que una liendre a medio centímetro del cuero cabelludo está muerta o vacía. Se diferencian de la caspa en que ésta se desprende fácilmente al remover los cabellos.

Los piojos se transmiten principalmente por contacto directo de las cabezas pero también por compartir cepillos para el pelo, toallas y gorros. Los cogen principalmente los niños entre 3 y 12 años pero también hay muchos casos entre niñas adolescentes por la moda de llevar el pelo largo y suelto.

Los síntomas incluyen picor, y veces hay heridas debido al rascado. También hay una sensación de "algo que corre por el cuero cabelludo". Los casos de pediculosis se han multiplicado en los últimos años debido a resistencia en muchos países del mundo a los pediculicidas clásicos, principalmente a la permetrina.

Los laboratorios han empezado han sacar productos con principios activos nuevos que matan a los piojos de otra manera, por asfixia o disolviendo el exterior del piojo. Eliminar las liendres sigue siendo un reto difícil porque pocos productos las matan. Dado que retirar todas las liendres manualmente es una tarea casi imposible, hay que volver a tratar la cabeza a los 8-10 días una vez hayan nacido las ninfas (los bebes).

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Los hijos y sobrinos de la autora. Foto: Jane Kinnear.

El gran problema es que los padres no revisan a menudo las cabezas de sus hijos. Los niños empiezan a rascarse cuando empieza a haber una reacción alérgica a la saliva que inyectan los piojos, pero esta reacción puede tardar tres semanas. Cuando nos damos cuenta de que nuestros hijos tienen piojos la infección puede ser masiva, dado que los primeros piojos ya se han reproducido varias veces. En estos casos conviene hacer tres tratamientos a los 0, 8 y 15 días y pasar la lendrera como tratamiento de apoyo cada día durante un mes. El vinagre no mata los piojos pero sí nos puede ayudar en esta batalla, dado que disuelve la sustancia que une la liendre al tallo del pelo.

Las probabilidades de sufrir una transmisión de piojos se pueden reducir haciendo el pelo menos atractivo para un piojo. Esto se puede hacer con gomina, laca y aceites esenciales de venta en herbolarios. Es importante que el niño no tenga pelos sueltos delante de la cara porque para los piojos estos pelos son como lianas y facilitan que lleguen al cuero cabelludo. Las niñas con pelo largo deben recogerse el pelo y para las melenas más cortas una diadema puede ser muy útil.

Si nuestro hijo sufre una transmisión de piojos no debemos caer presas del pánico. Puede que tardemos varias semanas en acabar con la infección y que a veces parezca que estemos luchando contra un monstruo con mil cabezas. Pero con buenos productos, paciencia y constancia lo conseguiremos.

Jane Kinnear es la autora de www.madrescontrapiojos.com.

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