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Cuando el corazón se rinde y la tecnología lo impide

17/10/2017 07:28 CEST | Actualizado 17/10/2017 12:38 CEST
Fundación FADEI

Las enfermedades del sistema circulatorio son la primera causa de muerte entre los españoles, según datos de 2015, los últimos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Destacan la insuficiencia cardíaca, el infarto agudo de miocardio y las enfermedades hipertensivas, todas ellas pueden llevar a una parada cardiorrespiratoria. De hecho, cada año fallecen en España 30.000 personas por paradas cardíacas y un 25 % de éstas son presenciadas por personas que podrían salvarles la vida si contasen con un desfibrilador cerca.

Pero aún hay más: todos podemos ser víctimas. Las personas sanas también pueden tener un fallo del corazón y sufrir una muerte súbita. El 50 % de quienes fallecen súbitamente "no muestran ninguna enfermedad o antecedente relevante ni se detecta la causa del infarto", asegura el cardiólogo Ignacio Fernández.

Ante una parada cardíaca, el tiempo de respuesta es vital. Hay que auxiliar al paciente en los primeros minutos, ya que, superados los cinco minutos, las secuelas crecen de forma exponencial. Cada minuto que transcurre sin actuar desde que se produce el paro cardíaco se reducen las probabilidades de supervivencia entre el 7 % y el 10 %. Si se tarda más de diez minutos, en caso de sobrevivir, las secuelas son tan importantes que pueden ser incompatibles con la vida.

Por eso es imprescindible que cada vez haya más espacios cardioprotegidos, es decir, que aumente el número de edificios y lugares públicos dotados con un desfibrilador y con personal formado para usarlo. El objetivo es que, en el caso de que se produzca un paro cardíaco, se garantice que ese sitio "está preparado para actuar eficientemente como primer interviniente hasta la llegada de los servicios de emergencia", según detalla la Sociedad Española de Medicina y Seguridad del Trabajo, entidad que certifica los espacios adecuadamente cardioprotegidos.

Desfibrilar nunca fue tan fácil

El corazón late gracias a un impulso eléctrico generado en el nódulo sinusal, situado en la entrada de la vena cava superior del propio corazón. Si el latido no es correcto se considera "latido no efectivo", ya que el corazón no envía adecuadamente la sangre a los órganos. Y esta situación puede provocar la pérdida de consciencia o respiración anómala, signos de una parada cardiorrespiratoria.

No hay tiritas que curen un corazón sin latido, sólo la rápida actuación con un desfibrilador. Cuando alguien sufre un paro cardiorrespiratorio, el primer paso –y el más importante, según Jordi Monllao, formador en Soporte Vital Básico y Desfibrilador Externo Automático (DEA)-, es que las personas de su alrededor sepan reconocer la situación y actúen en consecuencia. Es entonces cuando se debe, en primer lugar, alertar a los servicios de emergencia. En segundo lugar, se deberían iniciar las maniobras de Soporte Vital Básico (SVB) o Reanimación Cardiopulmonar (RCP) hasta que llegue la ambulancia o el paciente se recupere. Y por último, se tiene que solicitar un desfibrilador, si se dispone de alguno cerca.

Cualquier persona puede utilizar un desfibrilador como los que se instalan en los espacios cardioprotegidos. Es bien sencillo. Una vez puesto en marcha, el dispositivo da las instrucciones necesarias para asistir al paciente. Para empezar, hay que colocar unos electrodos en el pecho de la víctima para que el aparato efectúe un electrocardiograma. Así, el desfibrilador lee el ritmo cardíaco y detecta si es necesaria una descarga eléctrica o no para restaurar el ritmo cardíaco normal generando latidos efectivos y revertir la situación.

Una vez más, la innovación se pone a nuestra disposición para hacernos la vida más fácil. Aunque, en este caso, sería más acertado decir que nos hace la vida más larga.

Si finalmente el paciente necesita recibir descargas, el aparato indicará cómo proceder. Actualmente, podemos encontrar dos tipos de desfibriladores: el DESA y el DEA. El Desfibrilador Externo Semi-Automático (DESA), instalado en el 98 % de los espacios cardioprotegidos, avisa que nadie toque al paciente -para evitar que se electrocute- e informa a la persona que asiste de que ya puede presionar el botón para aplicar la descarga.

En cambio, el Desfibrilador Externo Automático (DEA) advierte que nadie toque al paciente y libera una descarga directamente sin presionar ningún botón. En el caso de los aparatos automáticos, Rubén Campo, fundador del Proyecto Salvavidas, recuerda que "en momentos de ruido y angustia puede que alguien no oiga el mensaje de que no hay que tocar a la víctima y se lleve una descarga", mientras que con los semi-automáticos, que son "cien por cien fiables", la persona que presiona el botón puede verificar que realmente nadie está tocando al paciente.

La innovación al servicio de la cardioprotección

La tecnología en desfibriladores no deja de avanzar. No sólo son cómodos y fáciles de usar, sino que también personalizan la potencia de la descarga. Óscar Saorín, socio y gerente de la empresa de servicios integrales de cardioprotección Caryosa Hygienic, asegura que existen desfibriladores que al efectuar el electrocardiograma "detectan la impedancia del paciente y liberan la descarga en función de su peso". Por ejemplo, un niño de 10 años necesitaría una descarga de 100j, mientras que una persona de 100 quilos, la necesitaría de 300j.

Además, Carlos Reñé, también socio de Caryosa Hygienic, añade que algunos modelos permiten "conocer el estado del dispositivo en remoto las 24 horas del día para evitar revisarlos periódicamente de forma presencial" y así tener información más rápida y precisa.

Incluso algunos desfibriladores envían una señal al 112 de forma automática en cuanto se ponen en marcha. Esto es "importante para que los servicios de emergencia envíen inmediatamente los recursos necesarios al lugar donde está instalado el aparato", explica Francesc Xavier Jiménez, responsable de Procesos Clínicos del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) de Cataluña.

Una vez más, la innovación se pone a nuestra disposición para hacernos la vida más fácil. Aunque, en este caso, sería más acertado decir que nos hace la vida más larga. Eso sí, no por contar con estos avances tecnológicos podemos relajarnos, ya que para beneficiarnos de ellos necesitamos que haya un desfibrilador cerca. Y eso no se cura con patentes: hace falta más voluntad.

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