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En busca del ADN de Dalí

20/07/2017 11:19 CEST | Actualizado 20/07/2017 11:27 CEST

Getty Images

Queda muy poco para que acabe la cuenta atrás. Hace días que se veía venir y en unas horas será una realidad: alguien volverá a ver el cuerpo de Salvador Dalí casi 30 años después de haber muerto, una noticia que no ha llegado exenta de polémica.

Todo empezó en 2007, cuando Pilar Abel denunció ser hija de Salvador Dalí. Esta vidente de 61 años, que se anuncia en internet como Jasmine, "vidente de nacimiento", lleva 10 años intentando demostrar, con diversas pruebas de material genético, que el genio surrealista es su padre. Al parecer, su madre, que era la asistenta de una familia vecina de Dalí en Cadaqués, se habría acostado con el pintor, a pesar de que quienes conocían al genio afirman que no le gustaba el contacto carnal. Sus gustos sexuales serían más próximos al voyeurismo y al onanismo, como deja claro su amigo Carlos Lozano en su biografía, escrita por Clifford Thurlow y publicada como Sexo, surrealismo, Dalí y yo.

Finalmente, en junio de 2017, una jueza de Madrid ordenó exhumar (en este caso algunos dirían profanar) el cuerpo de Dalí para extraer ADN para poder corroborar esta historia, algo a lo que la Fundación Dalí se ha opuesto desde el principio. Y es que, no será tarea fácil. Para llevar a cabo estos trabajos necesitarán una grúa especial que levante la losa de 1.500 kilos y cerrar el museo al público durante varias horas. Pero independientemente de estas dificultades técnicas, esta historia ha levantado ampollas en el entorno del pintor, que siempre ha protegido a capa y espada su imagen y reputación y ha huido de escándalos.

Así que, en teoría, hoy 20 de julio se exhumará el cuerpo de Dalí para obtener ADN. Pero aún hay una polémica más. Esta vez en el ámbito científico. El forense que dirigió las tareas de embalsamamiento del cadáver en 1989, Narcís Bardalet, aseguraba estos días en la prensa que el formol que se utilizó podría haber perjudicado la estructura genética y por lo tanto podría no obtenerse su ADN, dándose una exhumación estéril.

Según explica Bardalet en el libro En l'escena del crim: 10 nous casos del forense Narcís Bardalet, de Claudia Pujol Devesa, los trabajos de embalsamamiento consistieron en colocarle un catéter en la arteria femoral izquierda para inyectarle, con una bomba, la solución conservante a base de formol, alcohol y agua destilada entre otros elementos. Le inyectaron unos cinco litros de este líquido fijador conservante, ya que Dalí pesaba menos de 70 kilos y se tiene que administrar lo correspondiente a un 8% del peso corporal del difunto. El proceso finalizó cuando le pusieron Nobecutan, un producto quirúrgico que tensa la piel, y lo maquillaron. La intención era reconstruirle la cara que tenía en los años 80, antes de su declive, a pesar de parecer un muñeco de cera a la vista de los que fueron a su capilla ardiente.

Pero, ¿es cierto que no se podrá extraer ADN? Según el catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada, José A. Lorente, sí que es posible obtener una cantidad suficiente de ADN con la calidad necesaria para hacer un análisis de este tipo. Lorente reconoce a este bloguero de ElHuffPost que es cierto que el formol desestructura la molécula de ADN pero "el proceso de embalsamamiento no consigue que el formol llegue a todos y cada uno de los tejidos del cuerpo fallecido en cantidad suficiente". Por eso, considera que es posible obtener algún tejido llamado "duro" como huesos, dientes, uñas o pelos como material biológico válido para analizar el ADN de un cadáver de hace 30 años, como es el caso de Salvador Dalí.

"Seguro que gran parte del ADN estará dañado por el formol (y otros posibles productos usados), pero se puede intentar hacer con grandes posibilidades de éxito a priori, ya que la tecnología actual en un laboratorio con experiencia lo permitiría", añade.

¿Qué le pasa al cuerpo cuando se embalsama?

El proceso de embalsamamiento se realiza para conservar artificialmente un cuerpo. Y para conseguirlo, hay que detener al máximo los llamados "fenómenos destructores del cadáver", es decir, la autolisis o la putrefacción. Esto le encantaría a Dalí y a Lorca, promotores del término los putrefactos para referirse a las personas anticuadas, cursis o retrógradas.

Para llevar a cabo la paralización de este proceso de destrucción del cuerpo se usan una serie de sustancias que -como el formol- tienen la capacidad de "fijar" el material biológico a través de la desnaturalización de las proteínas.

¿Cómo se cotejan los ADN?

El catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada explica que lo más normal y habitual es que el material de huesos o dientes se triture y pulverice, de modo que esas partículas de polvo -si las miramos al microscopio- no dejan de ser grupos de células que formaban parte del hueso o del diente. Se parte de la base de que dentro de cada célula hay un núcleo y dentro de cada núcleo, ADN, por lo que se añaden líquidos que rompen la pared de la célula para que el ADN quede libre (esto se llama extracción). Después, se limpia o purifica. Y a partir de ahí, por medio de un proceso de amplificación o multiplicación artificial de las partes del ADN que nos interesan para la identificación (usando la llamada reacción en cadena de la polimerasa) se genera un número suficiente de unidades o fragmentos de ADN que se pueden separar y visualizar por procesos de electroforesis capilar.

Finalmente, por lo general y dependiendo del tipo de estudio a realizar, se comparan los resultados de una persona con otra para ver su relación biológica. Por ejemplo, una hija hereda de su padre la mitad de su ADN autosómico (el que está en los cromosomas 1 al 22) y el cromosoma X o cromosoma 23 de los que hay en el núcleo.

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