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El día en que en México conviven vivos y muertos

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Los muertos salen, llegan a las casas, se sientan, charlan sin charlar y regresan allá, lejos, tras saber que todo sigue ese orden impreciso en el que todos los vivos entienden que deben cruzar en algún momento de su lado. Y la fiesta, en este país con tanta imaginación y necesitado de vender su tanta vida, se desparrama por calles, montañas y cementerios. Es el Día de los Muertos en México.

Y yo esto lo vi hace exactamente un año en forma de mariposa en los campos de Michoacán, donde Sabino, un indio mazahua, miraba al cielo consternado y se preguntaba en voz alta: "¿Qué hicimos que este año no vinieron nuestros muertos?".

Con la cabeza gacha repasaba los errores que pudieron haber cometido en su comunidad para que las decenas de millones de mariposas monarcas no estuvieran ese 1 de noviembre.

Entonces, con la cabeza gacha y mientras Ilaria, su esposa, nos preparaba unas tortitas para aguantar mejor la espera, repasaba los errores que pudieron haber cometido en su comunidad para que las decenas de millones de mariposas monarcas no estuvieran, como cada año, ese 1 de noviembre en sus campos, tras su migración kilométrica que les lleva desde Canadá, atravesando EEUU, a aquellas montañas mexicanas : "Para nosotros ellas son nuestros muertos que vienen a visitarnos", me explicaba.

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Y luego, no muy lejos de allí Olivia Vázquez, una india otomí, nos abría la puerta de su casa y nos enseñaba una capilla donde ella colocaba con mimo imágenes de sus vírgenes y de sus mariposas. "Yo vivía con mi abuelita materna. Ella en esta temporada nos platicaba de las mariposas y cuando las veía nos decía -ya llegan los muertos-. Las pequeñas, las blancas, nos indicaba que eran angelitos".

Pero aquel año no llegaron en su fecha sagrada del 1 de noviembre, huracanes al norte mandados por el cielo lo impidieron, y unos y otros tuvieron que ir a los panteones a reunirse con sus familias. Nosotros fuimos a Patzcuaro, una villa bellísima pegada a un lago, y tras ser invitados por una familia que hacía vigilia para reencontrarse con su padre y marido ya fallecido de una de esas enfermedades que se pegan al alma y el riñón, encontramos un cementerio lleno de velas y gentes. Todos alrededor de la tumba de su ser querido, comiendo y hablando de esas cosas que son la rutina de la vida y que cuesta resumir en una sola noche un año después.

Las familias en todo el país mantienen una tradición maya de sacar de las tumbas los huesos de sus difuntos, lavarlos con mimo uno a uno y devolverlos a su descanso eterno.

Y así es en todo el país, donde hasta en lugares como Pomuch, en Campeche, las familias mantienen una tradición maya de sacar de las tumbas los huesos de sus difuntos y con mucho mimo lavarlos uno a uno. Tras dejarlos limpios, los envuelven en un paño que han cosido durante ese año las abuelas para devolverlos a su descanso eterno.

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O en Ixtenco, en el estado de Tlaxcala, donde hay un orden preciso de llegada de las ánimas para no perturbar con improvisaciones el complicado reencuentro. Allá decidieron que el día 28 de octubre aparecen las ánimas de los accidentados o los que murieron en desgracia; el día 29 la de los niños no bautizados que deambulan en el limbo; el 30 es el turno de los fieles difuntos y el 31 el de los infantes que sí tuvieron la precaución de ponerlos al día con la burocracia divina. Ya con todos reunidos, el 1 se hacen ofrendas florales y comidas y el 2 se despide a todos hasta dentro de 365 días.

O en Veracruz, donde la tradición explica que uno de los pisos del inframundo está atravesado por un río tan caudaloso que se necesita la ayuda de un perro que transporta al muerto en su lomo. Dicen que si el difunto no trataba bien a los canes corre el riesgo de quedarse en las aguas para toda la eternidad.

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O en Ciudad de México, donde este pasado sábado la muerte fue "erte, mu-erte" con un desfile, que se hizo por primera vez, que copiaba la última película de James Bond, Spectre, que comenzaba con un maravilloso desfile del Día de los Muertos que hasta el sábado nunca se había producido en la ciudad. Y como a los mexicanos nadie les gana en talento imaginativo, decidieron convertir el cine en realidad y celebrar con decenas de miles de personas un divertido y estético cortejo fúnebre por las calles del centro de la capital.

Y si no, si diera la casualidad de que la llegada de los muertos les toma un sábado en Chiapas, pongamos por ejemplo esa localidad regida por un sincretismo maya y cristiano en el que en la Iglesia se hacen ritos chamánicos llamada San Juan de Chamula, no se apuren, la fiesta se alarga hasta el lunes: las ánimas no pueden regresar a su casa un domingo, ese es un día que no se trabaja. Algunas reglas rigen igual para los de aquí y los de allá, digan lo que digan los dioses.