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La Guerra de El Salvador (IV): el solvente asesino y el alcalde valiente

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Mauricio Vilanova. San José Guayabal. Foto: Javier Brandolí.

Mike ha matado a 27 personas con sus 28 años. Fue palabrero de su clica de Barrio 18 (jefe de su pandilla). Acabó en la cárcel. Delató a buena parte de los suyos para conseguir la libertad. Sus ex compañeros le buscan para matarlo y vive escondido. Nos citamos en un lugar privado, no acepta que le haga fotos ni ponga su nombre real. "Mike está bien", dice. ¿Por qué cuenta su historia?, le pregunto a Juan Carlos, un fotoperiodista estadounidense de origen salvadoreño que me ha ayudado a que Mike quiera reunirse conmigo: "Creo que está arrepentido y busca perdón".

Mauricio Vilanova, de 58 años es desde hace 16 años alcalde de San José de Guayabal. Le planta cara a las maras usando sus mismas estrategias de control de territorio. Recluta civiles para su "lucha". Va armado y le acompaño a patrullar junto a sus hombres por algunas zonas donde hay mayor presencia de las maras. Está amenazado de muerte, sabe incluso que hubo una orden que se giró en el penal para que lo liquiden. Se deja hacer fotos, me habla de su familia, decidió no esconderse.

Ahí van algunas frases de los dos protagonistas de esta guerra para ayudar a entender algo el conflicto desde las dos perspectivas: la del pandillero que creció entre las maras y la del alcalde que lucha por la libertad de su pueblo...

El asesino solvente

"De niño estaba rodeado de la pandilla 18. Convivía con ellos haciendo favores, fumando marihuana, haciendo compras para hacer parte de la pandilla. Entonces viene un día la pregunta: ¿quieres ser parte de la pandilla?".

"No hay conflicto ético. Si yo no mato a este tipo él me va a matar mañana a mí. Entonces ya no existe aquella valoración de la vida de él, me importa poco porque lo veo como un enemigo que me va a matar a mí si yo no lo mato".

"Recuerdo las caras de las 27 personas que maté. Se dieron algunos casos donde eran vecinos, había algún vínculo de amistad, pero tenía antecedentes malos con la pandilla y había que matarlo".

Recuerdo las caras de las 27 personas que maté.


"Uno tiene muchas novias, pero una es la principal. Todas las chiquillas quieren estar con uno por protección. La novia se siente protegida y con un estatus".


"El promedio de alguien que mata es cinco o siete rivales y cae preso. Yo llevaba 15 y todavía seguía en las calles. Yo era de los que cuando el palabrero mío decía hay que ir donde fulano a matarlo, yo levantaba la mano y decía voy".

"No había nadie con la solvencia de asesino que yo tenía para reclamarme. Nadie me podía decir nada porque yo les decía que yo me lo ganaba matando y que nadie mataba más que yo".

No había nadie con la solvencia de asesino que yo tenía para reclamarme.

"A esas alturas de mi vida todos sabían que yo me estaba gastando cada fin de semana 1500 dólares en una discoteca".

"No me siento un traidor. Hoy no me familiarizo con las pandillas, sería mejor que no existieran. A mí me detuvieron porque me traicionó uno de mi clica".

"Me arrepiento todos los días de la muerte de todos. Independientemente de si eran contrarios, si me hubieran querido matar, a cuantos mataron ellos, eso no me importa. Hoy lo veo diferente y siento que yo no tenía el derecho para quitarle la vida a ninguno".

El alcalde valiente

"Hay que organizar a la mayoría desorganizada para enfrentarse a la minoría muy organizada".

"Aprendimos de las tácticas de las maras. Nosotros también tenemos como ellos informantes en los barrios. He regalado más de 70 teléfonos a vecinos. A veces sabemos hasta donde se van a dar los balazos".

"Tengo padres y madres que colaboran en secreto con nosotros y que nos dejan cuando descubren que su hijo a entrado en la pandilla".

Un día llegó una madre a la escuela a decir que me iban a matar.

"Me han amenazado a mí y a mi hija. La MS dio la orden de que me mataran. Nosotros les hemos dado fuerte. Un día llegó una madre a la escuela a decir que me iban a matar"

"Nadie quiere morir pero creo que hago lo que debo hacer. Yo respeto a un marero no lo veo como un enemigo. La pena de muerte no es la solución. Un primo colaboró con la pandilla dejándoles la casa".

"Creo que estamos en una guerra. Hoy nos sentimos mucho más amenazados que en los tiempos de la guerra"

Los datos: El Salvador fue en 2015 el país más violento del planeta sin vivir una guerra convencional (Siria). Murieron 6700 personas, una media de 104 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Murieron de media el año pasado 18,4 personas al día en un país del tamaño de la mitad de Extremadura y la población de la comunidad de Madrid (6,3 millones). 46.232 salvadoreños han solicitado a ACNUR ser considerados refugiados.

Puedes leer aquí la primera, la segunda y la tercera parte de este reportaje