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La guerra de El Salvador (I): el país más violento del mundo

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Escuela infantil, Soyapango. Foto: Javier Brandoli

En El Salvador hay una guerra que nadie cuenta porque a Centroamérica casi nadie la cuenta. Los refugiados no se acumulan en nuestras fronteras ni se hunden en nuestras aguas. Centroamérica es quizá con algunas partes de África y las ex repúblicas asiáticas soviéticas la parte del mundo menos narrada.

El planeta, al menos el mediático, pega un salto desde Colombia hasta México y en medio se deja unos cuantos miles de muertos olvidados y decenas de miles de inmigrantes que como por arte de magia se hacen visibles sólo cuando intentan cruzar a Estados Unidos. Se deja también poetas magníficos, comunidades de agricultores de montaña, ciudades casi modernas... Se deja, en fin, vida normal aunque tenga tanta muerte alrededor.

En números, esa guerra callada es demoledora. Quizá, para captar la atención del drama de lo que allí pasa sea bueno ponerle el titular de que en 2015 El Salvador fue el país más violento del planeta (entre los que no están en guerra convencional como Siria) con más de 6.700 asesinatos oficiales y una media de 104 muertos por cada 100.000 habitantes. En esa misma media, en América Latina, la eterna región más violenta del globo, le sigue Venezuela con 90 y Honduras con 57.

Más de 6700 asesinatos oficiales y una media de 104 muertos por cada 100.000 habitantes.


Si quieren, por enmarcar más la desgarradora realidad que vive el país en este conflicto, falta decir que El Salvador tiene la extensión de Gales y la población, 6,3 millones, equivalente a la región de Madrid. Metan ahí ahora, en esa proporción de población y espacio, 18,3 asesinatos al día e imaginen sus vidas.

Ahora sumen los que huyen en silencio, siempre todo en ese silencio en el que se hacen los precipitados entierros, se recogen algunos enseres y se corre a ninguna parte con el pánico de no denunciar a los que mataron a tu hijo, madre o hermano para que no te maten a ti también. Oficialmente según ACNUR hay ya 46.232 refugiados: 14.778 ya obtuvieron ese estatus y 31,454 esperan la resolución que impida que los manden de regreso a su particular infierno.

Esa alta cifra de refugiados es sin embargo mínima comparada la de los inmigrantes ilegales que se juegan la vida para llegar a EEUU. Se calcula que hay 1,6 millones de salvadoreños viviendo en tierras gringas y que al día salen 300 inmigrantes del país a intentar el sueño americano. Entre 2009 y 2016, las autoridades migratorias norteamericanas han detenido a 47.500 niños y menores salvadoreños que ingresaron solos e irregularmente en el país.

Las autoridades migratorias norteamericanas han detenido a 47.500 niños y menores salvadoreños.


Hay en todo caso nuevas vías de escape de la violencia de las maras, se corre donde se pueda sobrevivir, y la ruta sur se está abriendo paso camino a Costa Rica ante el aumento de deportaciones desde EEUU. El también país centroamericano "recibió en 2015 un solicitud récord de 2203 solicitudes de asilo, cifra que se superará ampliamente en 2016", explica un informe de Insightcrime.org. Según este estudio, "un 46% de esas peticiones son de salvadoreños".

Al norte, los desaparecidos son tantos en tierras mexicanas que hay un movimiento desde hace una década, "Caravana de Madres Centroamericanas de Inmigrantes Desaparecidos", que cada año intentan encontrar, al menos, los restos de sus seres queridos en México. Mucho que buscar, se calculan que hay entre 70.000 y 120.000 desaparecidos.

Sobre los ejércitos de esta guerra, el ministro de Defensa de El Salvador, David Munguía, declaró el año pasado que las maras contaban con 60.000 hombres y las fuerzas policiales y ejército eran de cerca de 50.000. En realidad, a las maras, contando familiares, allegados y colaboradores aunque no pertenezcan a las pandillas, se les calcula un colectivo superior a las 300.000 personas.

Las maras contaban con 60.000 hombres y las fuerzas policiales y ejército con cerca de 50.000.

2016, enero y febrero, comenzó con una violencia desatada. Se batieron registros de muertes históricos con una media de 23 homicidios por día. El incremento respecto al mismo periodo de 2015 fue de un 78%. Sin embargo, las principales maras, Salvatrucha, 18 Sureña y 18 Revolucionaria, lanzaron un sorprendente comunicado conjunto en el que anunciaban que decretaban un alto el fuego desde el 26 de marzo: "Hemos virado línea a toda nuestra gente para que cese todo tipo de homicidio a nivel nacional", decía el video subido a Youtube.

Los archienemigos mareros, cuyo principal propósito histórico era matarse entre ellos para dominar el territorio, parece que podrían haber acercado posturas para confrontar a un estado que ha declarado a las pandillas y sus integrantes terroristas. De abril a junio la reducción de homicidios fue significativa, en torno a un 50%, aunque en las últimas semanas parece que vuelve a haber un repunte. "Las víctimas de masacres aumentaron un 88% en lo que va de 2016", aseguraba un reciente informe de la Fiscalía.

La anterior tregua de las maras de 2012 no sirvió para nada que no fuera que se rearmaron las pandillas.


La anterior tregua de las maras de 2012 no sirvió para nada que no fuera que se rearmaron las pandillas e incrementaron su inmenso poder dentro de los penales, desde donde se dirige todo (ahora a los líderes se les lleva a cárceles de máximas seguridad para evitar que sigan girando órdenes a sus soldados externos). El resultado fue la explosión de violencia de 2014 y 2015.

Por resumir, y si quieren por comparar con algo más cercano y de lo que Hollywood hizo algunas taquilleras películas, señalar que en la cruel Guerra Civil que asoló el país entre 1979 y 1992 se calcula que hubo en torno a 80.000 víctimas. 2015 igualó la media de muertos de los años en los que oficialmente había en El Salvador una guerra reconocida por todo el planeta.

En ese panorama tomé un vuelo desde Ciudad de México hace tres semanas para regresar a El Salvador -ya estuve hace un año- a intentar entender y contar algo de esta historia. Cuando parecía que el vuelo de Avianca medio vacío estaba a punto de despegar aparecieron dos agentes mexicanos, un hombre y una mujer, con cerca de 20 personas, la mayoría mujeres y con los ojos cargados de llanto. Sus rostros narraban cicatrices. Partimos...

Puedes leer aquí la segunda parte de este reportaje