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La Guerra del Salvador (y V): ¿pena de muerte?

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Cárcel Ilopango. Foto: Javier Brandolí

¿Es la pena de muerte una salida para la grave ola de violencia que vive El Salvador? El probable en otoño futuro presidente de la Asamblea Nacional, el popular diputado del partido GANA, Guillermo Gallegos, lidera la corriente que pretende reinstaurar una medida abolida en 1983 para delitos civiles. El artículo 27 de la Constitución dice que "sólo podrá imponerse la pena de muerte en los casos previstos por las leyes militares durante el estado de guerra internacional".

"Ante situaciones extremas se toman medidas extremas", me explica Gallegos. El diputado, líder de un partido que es una escisión del derechista ARENA y que se ha convertido en el grupo clave para garantizar la gobernabilidad del izquierdista FMLN, ha asumido los temas de seguridad como parte clave de su campaña. "Hay un cansancio de la población ante los abusos de los mareros. Ya tengo las diez firmas de los diputados para presentar la propuesta en el Parlamento, pero necesito recabar más apoyos para sacar adelante la votación", puntualiza.
"Ya tenemos la pena de muerte en El Salvador, se practica a diario y la realizan las pandillas", señala Guillermo Gallegos, diputado del partido GANA en la Asamblea Nacional de El Salvador.

Hace unos meses le entrevisté también sobre esta cuestión que entonces planteaba que iría a la Cámara a principios de 2016, y la respuesta fue similar: busco apoyos. "Ya tenemos la pena de muerte en El Salvador, se practica a diario y la realizan las pandillas. Tenemos monstruos que no se regeneran en la cárcel", explicaba entonces un político que la propia Fiscalía salvadoreña acaba de reconocer que está seriamente amenazado de muerte por las maras.

La diputada de ARENA, Patricia Valdivieso, también se mostraba favorable a la restauración de la pena capital: "Estamos en una situación desesperada, con la pena de muerte se consigue que un criminal no pueda reincidir y se disuade a que los criminales actúen", explicaba.

Sin embargo, el actual ministro de Seguridad y Justicia, Mauricio Ramírez Landaverde, con el que me encuentro en la Colonia 22 de abril, en Soyapango, uno de los enclaves controlados por las maras, se opone a la restauración de la pena capital: "Creo que no es una solución. No es viable además por los convenios internacionales firmados por El Salvador", dice.
"Estoy en contra del populismo punitivo, la represión ya fracasó durante décadas", asegura David Morales, Fiscal General de Derechos Humanos.

La misma opinión que me manifestaba a principios de año el Fiscal General de Derechos Humanos, David Morales: "Estoy en contra del populismo punitivo, la represión ya fracasó durante décadas. La grave situación de violencia que atravesamos es fruto de décadas de practicar políticas económicas y de seguridad erradas".

El debate para restablecer la pena de muerte está abierto, aunque parece que no cuenta aún con los apoyos necesarios en el ámbito político: se necesitan 56 votos y que el apoyo se repita durante dos legislaturas para reformar la Constitución. "El 75% de la población está a favor", replica Gallegos. Otro debate interesante sobre los límites de la democracia y los plebiscitos populares: ¿debe someterse a votación popular una medida como la pena de muerte?

En el continente americano la pena de muerte se aplica en 30 estados de Estados Unidos, Cuba, Guatemala, Belice, Bahamas, Guayana, Jamaica, Trinidad y Tobago y algunas pequeñas islas de la Antillas. Hace algunos años estuve algunos días conviviendo con los indios Kuna Yala de Panamá, en el archipiélago de San Blas, donde me comentaban que practicaban la pena de muerte enterrando a los condenados vivos en la arena.

En una encuesta de 2015, el 61 por ciento de los estadounidenses seguía apoyando la medida.

En el democrático Estados Unidos, cabeza del planeta, la pena de muerte se realiza con inyecciones letales y ante la falta de suministros, se están agotando, se vuelve a métodos más rudimentarios como la silla eléctrica. En una encuesta de 2015, el 61 por ciento de los estadounidenses seguía apoyando la medida (en 1994, dice CNN, el apoyo era del 80 por ciento).

En 2012, un informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos decía tras analizar todos los estudios realizados hasta la fecha sobre la repercusión de la pena capital en los homicidios que "nuestra investigación no puede responder la pregunta de si la pena de muerte es eficaz para evitar otros crímenes". Es decir, el debate más allá de cuestiones éticas, que parecen claves en este asunto, tiene aristas que impiden dar al menos una respuesta científica de resultados.

¿Volverá la pena capital a El Salvador? Parece complicado, pero si la ola de violencia se mantiene es probable que aumente su apoyo entre los afectados.

Si en la lotería de nacer le hubiera tocado vivir allí, ¿saltaría una valla, cruzaría un mar en una barca endeble o atravesaría un desierto donde le esperan mafias y hambre?


Termino con este post este serial sobre la "Guerra de El Salvador". El país, como siempre en todos los lugares donde hay conflictos, tiene también una vida normal de millones de salvadoreños que cada día realizan su vida ajenos o de perfil a este problema. Yo lo viajé y disfruté también un poco, con ciertas precauciones nocturnas, mientras realizaba estos reportajes. La vida se impone siempre a la muerte, la primera es mucho más fuerte.

En todo caso, el planeta está lleno de historias buenas y malas que suceden ajenas a los grandes titulares mediáticos y supongo que es bueno tratar de contar otras realidades que ocurren lejos de las fronteras europeas y que se desarrollan sin que nadie les preste atención. Muchos de esos inmigrantes que quizá a algunos de ustedes les parezcan una amenaza cuando los tropiezan en sus calles o en sus telediarios tienen su origen aquí, en estas guerras ocultas del globo. Piense, ¿qué haría usted si en la lotería de nacer le hubiera tocado vivir allí? ¿Saltaría una valla, cruzaría un mar en una barca endeble o atravesaría un desierto donde le esperan mafias y hambre? Piense.

P.D. Los datos: El Salvador fue en 2015 el país más violento del planeta sin vivir una guerra convencional (Siria). Murieron 6700 personas, una media de 104 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Murieron de media el año pasado 18,4 personas al día en un país del tamaño de la mitad de Extremadura y la población de la comunidad de Madrid (6,3 millones). 46.232 salvadoreños han solicitado a ACNUR ser considerados refugiados.