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La única y verdadera tumba del Quijote está en México

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La única tumba de Alonso Quijano, más conocido como Don Quijote, no está en Alcalá de Henares, ni en Castilla la Nueva, ni en Castilla la Vieja, ni en algún rincón perdido de la Península Ibérica.... Está en Guanajuato, México.

No es casualidad, el Caballero de la Triste Figura es seguramente el mejor embajador de esa inmensa entidad social, cultural y económica llamada Hispanoamérica. Nada une más que una lengua común. Bueno, rectifico, nada une más que una lengua común que no sea una camiseta de fútbol repetida frente a un televisor.

Nada une más que una lengua común que no sea una camiseta de fútbol repetida frente a un televisor.

La figura del Quijote y Cervantes son respetadas y amadas en todo este vasto continente como algo propio. Buscando información sobre si era cierto que era la única tumba del Quijote en el planeta, como nos anunciaron en una comida los responsables culturales de la Embajada española, parece cierto. La única otra referencia que he encontrado tampoco está en España, está en Colombia, en Popayán, pero la información hasta ahora me es confusa (animo a algún lector a contestar si la tumba de Guanajuato está en disputa).

Guanajuato, en todo caso, no le rinde sólo un homenaje de piedra a la obra del escritor de Alcalá de Henares, sino que desde el pasado 2 de octubre y hasta el 23 realiza su 44 Festival Cervantino que este año con el 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes ha preparado una espectacular programación de eventos. España, que es en esta ocasión invitada de honor, ha contribuido enormemente también desde su Consejería de Cultura de la Embajada en México a que la voz del Quijote resuene en esta, su última morada.

Bajo el lema "De la locura al idealismo", esta bellísima ciudad mexicana, quizá con los subterráneos de coches más impactantes que haya visto en ningún lugar del mundo, parecen catacumbas a motor, y con un museo de momias estremecedor, se convierte en capital mundial del cervantismo, y por ende de toda la cultura hispanoamericana, con un programa que ofrece más de 700 actividades y contará con 3500 artistas de 38 países.

"Queremos un Cervantes vivo, no el Cervantes que se obliga a leer en las escuelas", dijo el director del Cervantino, el escritor mexicano Jorge Volpi.

"Queremos un Cervantes vivo, no el Cervantes que se obliga a leer en las escuelas. Ese Cervantes maestro de la ironía que es capaz de apreciarse en todas las variaciones que habrá en la mayor muestra que se ha llevado a cabo en el continente americano", dijo el director del Cervantino, el escritor mexicano Jorge Volpi en la presentación de este macro-evento cultural en el que México ha desplegado de nuevo parte de su fuerte músculo cultural (el país es una constante apuesta por crear, sea en grandes espacio, pequeñas galerías o en las esquinas de las calles).

Yo, paseando por Guanajuato tropecé con la tumba de Don Alonso Quijano. Allí estaba Arturo, un hombre bajito, de pelo blanco y edad avanzada. "Güero, venga acá", me dijo. Me acerqué y tras saber que yo era un periodista español me invitó a una taberna a tomar una cebadina mientras me aseguraba que me contaría una historia real que en su familia pasó de boca en boca. Nos sentamos algo apartados del resto y me comenzó a narrar el verdadero final de Don Quijote que aquí les repito sin quitar ni añadir nada:

La historia de Arturo y el final real del Quijote

Don Quijote se apresuró a recoger sus pocas pertenencias, guardarlas en bolsa ufana y perderse en la noche de su villa castellana. Habló antes con Miguel, su amigo, y le pidió que le dijera a los otros que se redimió en una cama, sano ya de su mal de alturas, hasta que sus ojos se cerraron libres de todo pecado. Todos le llorarían y el tendría la libertad del vagabundo para volver a partir.

Al sur, pensó, mientras abrazaba a su compadre manco y andaba oculto por la luz de una hora en la que los galgos ladran aún roncos a los forasteros. El Hidalgo sabía que incumplía su promesa de volver a casa tras su derrota con el Caballero de la Blanca Luna, pero era menester demostrar que la peor locura del hombre es la de no perseguir los sueños que le son propios.

En Sevilla, Don Quijote consiguió enrolarse en un barco que marchaba a América.

En Sevilla, Don Quijote consiguió enrolarse en un barco que marchaba a América, al Mundo Nuevo, donde el caballero había escuchado que había hombres que predecían las cosechas en extraños calendarios y que los dioses eran serpientes emplumadas y grandes gatos.

Partió una mañana de julio de 1615 y le recibió un terremoto en la isla de La Española que lo destruyó todo el 8 de septiembre. Cuatro días después vio como unos vientos endemoniados, en una isla llamada Puerto Rico en la quiso refugiarse, hicieron levitar la casa de Dios allí levantada.

Entonces Don Quijote, asombrado del poder de La Tierra hechizada como nunca la había contemplado, pensó que aquello eran maldiciones de las ínsulas que pretendían acabar con su ruta y partió para la Nueva España donde llegó a principios de 1616, al puerto de Veracruz. Eran tiempos de una sequía extrema que llevaba el hambre y la enfermedad por toda esta vasta tierra en la que asoman pirámides tan altas que los molinos castellanos le parecían ahora pequeños gigantes.

Enfermo y agotado, el Hidalgo castellano llegó finalmente a la ciudad de Guanajuato, que cumplía casi 70 años de vida y donde los jesuitas acababan de abrir una misión.

Enfermo y agotado, el Hidalgo castellano llegó finalmente a la ciudad de Guanajuato, que cumplía casi 70 años de vida y donde los jesuitas acababan de abrir una misión y la ciudad había decidido tener como patrono a San Ignacio de Loyola. Allí, el caballero de la triste figura, viejo y agotado, decide morar en una pequeña casa con un patio y un pozo al abrigo del Cerro de la Bufa.

Una noche Don Quijote escuchó unas extrañas voces provenientes de una cueva y sin dudarlo entendió que allí se presentaba su última batalla. Tomó sus viejos harapos de los tiempos caballerescos que aún guardaba y trepó hasta la cima encontrando una mujer más bella que Dulcinea que firmemente le miraba. Entonces ella se acercó andando despacio y le habló del hechizo de aquellas montañas que siempre le habían esperado para mostrarse. "Mi señor, llevamos mil lunas esperándole para enseñarle el tesoro más grande que nunca se haya contemplado. El mar no es un trozo de espacio, es un trozo de tiempo que por fin ha cruzado".

Don Quijote dudó, pensó que su locura buscaba reírse de un pobre viejo enfermo y dio dos pasos hacia atrás. En ese instante, la dama hechizada le señaló al frente y el anciano hidalgo contempló cómo se abrían las entrañas del suelo de Guanajuato y aparecía una ciudad hecha de oro y diamantes, por la que corrían ríos de plata y en la que había algunos relojes cuyas horas se marcaban con esmeraldas. Había dragones sobrevolando tejados de seda y se escuchaba la música del canto de algunas sirenas.

Don Quijote le narró a una bella mujer en Guanajuato su historia justo antes de morir y le pidió que por favor la contara para que llegara a su país y se supiera que no estaba loco.

"El secreto no volverá a conocerse, sólo aquel puro que cree en ánimas y estrellas puede contemplar lo prohibido para el resto de los hombres", dijo la dama. Don Quijote miró toda aquella obra y una lágrima comenzó a rodarle por el rostro. "Era cierto, todo era cierto", musitó antes de sentarse sobre una roca, acomodar la cabeza junto a unos matorrales y dejarse morir lentamente con un gesto de alegría en su delgado rostro. Aún fue encontrado a la mañana siguiente por antepasado de mi familia que lo halló ya moribundo. Don Quijote le narró su historia justo antes de morir y le pidió que por favor la contara para que llegara a su país y se supiera que no estaba loco. Luego falleció y mi familiar lo bajó a la ciudad donde recibió sepultura en la tumba que ya contempló bajo este epitafio hoy borrado:

Yace aquí el hidalgo fuerte
que a tanto extremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco,
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.

Salimos de la taberna, mientras Arturo me explicaba que lo ocurrido con Don Quijote es hoy una tradición que se celebra en la ciudad como un festejo: el Día de la Cueva en el que se recuerda la leyenda del Pastor y la Bufa. Volvimos a la tumba y mi anciano amigo mexicano me dice, "Pinche Hidalgo, no estaba loco, les engañó a todos". ¿Es verdad lo que me ha narrado?, le pregunté. "No entendió nada, ¿qué es verdad y qué es mentira?, ¿es que no leyó El Quijote?", me contestó justo antes de marcharse por una calle estrecha y empedrada.