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Los muebles socialistas

26/01/2016 07:07 CET | Actualizado 26/01/2017 11:12 CET

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Foto: EFE

Con los resultados del 20D en la mano, el PSOE saltó de alegría gritando de alegría que había conseguido salvar los muebles. Realmente se decía que había sido Pedro Sánchez el que había conseguido salvar los muebles, y tal manifestación dejaba a las claras que las expectativas eran peores. De hecho, desde el batacazo en las elecciones catalanas de finales de 2010, los distintos dirigentes socialistas están atravesados por la subjetiva sensación de una continua caída en el favor de la opinión pública española. Así, cada convocatoria electoral se vive más como una amenaza que como una oportunidad. Una sensación que es alimentada por encuestas y los propios resultados electorales.

En cuanto escuché o leí el comentario, me acordé de la historia de un amigo que, en los inicios de la postguerra española, literalmente salvó los muebles: un momento antes de que las fuerzas de orden público fueran a expulsarle de su casa, sacó todos los muebles que pudo a la calle. Era todo el patrimonio que quedaba a su familia. Algo se salvaba de la ruina. Pero lo que era una solución -parcial- se convirtió en un problema central: ¿qué hacer con los muebles? ¿dónde llevarlos? ¿quién aceptaría su depósito por un tiempo incierto? ¿quién disponía de sitio suficiente?

Los socialistas corren el riesgo de quedar desahuciados y perder los muebles que salvaron.

El PSOE salvó los muebles; pero no sabe ahora qué hacer con ellos. Para ser más justos con la difícil posición de Sánchez: el problema ahora es qué hacer con los muebles salvados. Dentro del partido, como si se tratara de una familia o de un pequeño grupo de vecinos, todos opinan; pero ningún argumento es contundente. Se reciben y son escuchadas con atención ofertas desde distintas posiciones. Pero todas aparecen bajo la sospecha de que lo que realmente quieren esas ofertas es quedarse con los muebles salvados. Lejos parece el interés de tales ofertas por admitir los muebles en su seno para devolverlos intactos tras un período prudencial de cuatro años de legislatura.

El PSOE salvó los muebles y ahora tiene que decidir qué hacer con ellos. Ponerlos bajo la gestión del PP, apoyando la investidura de un presidente de este partido, es como situarlos en una vieja casa con la que tienen poca coherencia estética. Es poner muebles de cuidado diseño moderno en un salón con piano y grandes cuadros del abuelo general o gran terrateniente colgados de las paredes. Uno de los dos estilos acabará en el trastero. Y quien manda, manda al trastero los muebles que no son suyos. Situarlo al cuidado de Podemos es dejarlos al cuidado de niños que tienen poco cuidado con las cosas. Si, como vimos en el Congreso, dejan los abrigos en cualquier sitio, se tiene la sensación que acabarán subiéndose a los muebles o dándole patadas. Cuando finalice el período de depósito, nadie sería capaz de reconocerlos.

Después están los que, hoy por hoy, viven demasiado lejos del PSOE -simbólicamente- como para llevar a su residencia los muebles. Son los nacionalistas en carrera centrífuga. Muy lejos. También está Ciudadanos, pero el espacio que tiene esta formación es demasiado pequeño como para albergar el patrimonio socialista.

La otra solución es algo parecido a quedarse en la calle con los muebles, sin aceptar ninguna de esas ofertas envenenadas o inútiles, a la espera de mejor suerte en clave de nueva convocatoria de elecciones. Los antecedentes inmediatos de este escenario hacen difícil predecir que se cambiará la tendencia y que los resultados procurarán a los socialistas un espacio más que suficiente para ser ellos los que tengan el espacio suficiente. Corren el riesgo de quedar desahuciados y perder los muebles que salvaron. Ahora bien, desde otro punto de vista, los muebles habrían dejado de ser el problema.

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