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Djokovic no tiene compasión de Nadal y se proclama campeón de la Copa de Maestros

12/11/2013 12:45 CET | Actualizado 12/01/2014 11:12 CET

Novak Djokovic acabó con la resistencia de Rafael Nadal (6-3 y 6-4) en un ejercicio digno del mejor guerrero. Repite título y concluye el torneo con un sabor de boca más dulce que como lo empezó. No hay mejor colofón para un tenista imbatido desde que fuera derrotado por el español en la final del US Open, en el pasado mes de septiembre.

Djokovic empezó sin dudas, amasando su victoria con su derecha y su fascinante resto. Tanto fue así que al segundo juego le rompió el servicio a Rafa y lo confirmó en el siguiente servicio. El 3-0 y un 15-30 ponían a Nadal al borde de un precipicio del que no se cayó por milímetros. Salvó su saque y quebró el de Nole. El desaguisado estaba arreglado y las tablas volvían al marcador. Ahora la presión iba al bando serbio. Djokovic, no obstante, es un tenista de una pieza, incapaz de descomponerse, invulnerable a las cicatrices que Nadal le ha producido en estos años. Por ello el serbio fue capaz de procurarse dos bolas de break en el octavo juego, rematadas con un punto soberbio: una volea imparable incluso para Rafa. Un punto que, además de lo preciosista, supuso un golpe psicológico, una daga en el corazón del ganador de trece grandes, quien cedía su servicio y dejaba a su rival sirviendo para coronar su gran actuación.

Partido empinado para Nadal. Un Djokovic -casi- intratable en esta superficie y que llevaba 21 victorias consecutivas hasta el partido de anoche- se guardaba en el bolsillo el primer set. La tendencia apenas viró en el segundo parcial. El ganador del año pasado se colocó con un 0-40 en el tercer juego del segundo set. Nadal remó y rescató dos bolas, pero a la tercera el mejor restador del circuito demostró sus credenciales. Un resto esquinado y bajo que Nadal no pudo levantar. Unas cadenas que empezaban a pesar demasiado -más cuando el número 2 del mundo confirmó su servicio-. Djokovic era superior; no fue una apisonadora pero se hizo con la batuta y supo gestionar el partido hasta un exitoso final. Durante el camino, aunque al balear no le flojearon las piernas, fue quien marcó la pauta.

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Djokovic se mostró intratable ante Rafael Nadal y se coronó campeón del ATP World Tour Finals. FOTO: J.M.

Probablemente, ambos recordaban el reciente duelo de Beijing, donde Djokovic no dio opción a Nadal. Además, el mazo inquebrantable del serbio no le permitía al español pensar con claridad ni desarrollar su juego desde el fondo de la pista. Nole vivía en sintonía con los márgenes de la pista, una historia de amor con las líneas que empujaba a Nadal, una y otra vez, a jugar alejado de su zona de confort. Junto a ello hay que subrayar que el serbio realizó un trabajo en la red digno del mejor Sampras: serio, agresivo y contundente-. A pesar de ello, Rafa salvaba un 15-40 y ponía el 3-4; yéndose a por el partido, tirándose a tumba abierta, sin escudo. Y así logró levantar otro break point en el noveno juego y presionar al tenista de Belgrado. Quedaba la tarea más hercúlea: romper el servicio de su oponente. El héroe griego estaría orgulloso de Rafa, quien exigió a Djokovic hasta la última gota de sudor (40-40). Pero ahí apareció la frialdad del número 2: un ace. En la siguiente jugada Nadal decidiría su destino: su derecha se iba fuera y el serbio se coronaba por segundo año consecutivo en Londres.

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Djokovic consideró justo que Nadal acabara el año como número 1. FOTO: J.M.

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