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Federer derriba a Del Potro y se cita con Nadal en semifinales

10/11/2013 13:33 CET | Actualizado 10/01/2014 11:12 CET

La rivalidad más celebrada en la última década tendrá un nuevo capítulo hoy en el O2 de Londres: Roger Federer se deshizo de Juan Martín Del Potro (4-6, 7-6 y 7-5) y se verá las caras con Rafael Nadal en las semifinales del ATP World Tour Finals (15.00, Tdp y C+). Se enfrentarán dos genios de la raqueta en el que será el trigésimo segundo duelo entre ambos. Nadal domina 21-10 el cara a cara, pero el suizo siempre le ha derrotado bajo techo (4-0).

Lejos de su mejor versión, Federer aún se vale de su amplio repertorio para ganar a tenistas de tronío, a pesar de que el partido de hoy no fue una excepción y mezcló claros y oscuros, como le viene ocurriendo toda la temporada.

Del Potro, con una continuidad desconocida, arrinconaba al suizo y le rompía el servicio en dos ocasiones. El argentino lanzaba un sartenazo tras otro y el ex número 1 del mundo respondía más por inercia que con verdadera intencionalidad. La desidia se apoderaba del ganador de diecisiete grandes, quien jugaba sin una hoja de ruta orientada. Ni siquiera el empuje de una grada entregada conseguía despertarle.

Poco que objetar, sin embargo, al juego de un Del Potro eficaz, sólido, centrado, convencido de sus armas y que golpeaba la bola como si se tratara de un enemigo en una pelea de bar. Los dos breaks en contra pesaban como un plúmbeo lastre en la mochila de un Federer que, a pesar de romper un saque al tenista de Tandil, no logró remontar su pésimo arranque.

Ahora bien, el segundo set cobró otro cariz y asistimos a un nuevo partido. Federer y su varita mágica volvieron a la pista colocando globos imposibles, inalcanzables para un gigante como Del Potro, combinados con excelsas y milimétricas dejadas y voleas inimaginables. Un festín para la vista, una delicia plástica, cuasi artística, para el público más esteta. Los destellos de días pasados se multiplicaban y la discontinuidad daba paso a una regularidad magistral; aunque enfrente tenía a un sacador de alta reputación que arreglaba cualquier desaguisado desde el servicio. Por eso se llegó a un tie break que marcaría el destino de ambos. Para Federer era un cara o cruz; para Del Potro, una oportunidad inmejorable de cerrar el partido. Fue en ese instante cuando apareció la mejor versión del tenista de Basilea, quien se resistía a ser enterrado sin pelear. Respaldado desde la grada por un gentío con ganas de jarana y de ver a su héroe derribar al cíclope Del Potro, el suizo sacó su artillería pesada: un clínic de cómo jugar una muerte súbita. Sin vacilar lo más mínimo, se mostró intratable en el saque y osado en el resto: 7-2. Un ciclón, una marejada imparable para su rival, atónito ante la obra que estaba contemplando en primera persona.

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Roger Federer se mostró satisfecho con su nivel de juego en el partido que le enfrentó a Del Potro. FOTO: J.M.

Pero llegaba el momento más temido por el número 7, quien ve las llamas muy cerca cuando el partido se alarga más de lo previsto. Empezó fuerte el argentino, volviendo a sus orígenes: la pegada por castigo; no obstante, Federer se agarraba al partido desde el alambre, como el trapecista que se juega la vida delante de los espectadores. Así sobrevivía el suizo a los truenos que Del Potro, cual Zeus, disparaba por toda la pista, en un ejercicio de fuerza y precisión que le reportaba la primera rotura en el primer servicio de su oponente. Desencadenado el argentino, Federer replicaba gracias a su orgullo y genio. El que salió de la lámpara mágica para quebrar el saque del número 5 cuando peores sensaciones transmitía, cuando la fatiga le llamaba y el suizo se dejaba seducir. Dos horas de partido y el duelo volvía a empezar. No importaba el cansancio; la meta estaba cerca y Roger cogió el partido por la pechera: se procuró dos bolas de break en el undécimo juego y no perdonó. El saque de Del Potro naufragaba en el peor momento.

Pareció, por instantes, que el suizo recobró el crédito perdido a lo largo de una temporada para borrar de su historial. La peor, sin duda, de su sobresaliente carrera; si bien aún está a tiempo de cerrarla acorde a su currículo. Le espera en semifinales el número 1 del mundo, Rafael Nadal; un miura, una piedra en las bailarinas de Federer. O sea, un reto solo a la altura del ganador de diecisiete grandes.