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Por qué pongo a mis hijas por delante de mi marido

20/02/2016 09:50 CET | Actualizado 20/02/2017 11:12 CET
Jennifer S. White

Atender las necesidades de mis hijos implica, en ocasiones, elegir entre mis necesidades y las suyas.

Como madre, sé que esta es la posición más difícil.

Por la noche, lo que me apetece es acurrucarme con mi marido y estar enteramente con él, pero, al mismo tiempo, estoy vigilando a una de mis niñas con el monitor de bebés y estoy pendiente de la otra, que está durmiendo. En otras palabras: siempre tengo a mis hijas en la cabeza.

Para ser sincera, soy la clase de persona que siempre tiene mil cosas en la cabeza. (De hecho, la razón por la que practico yoga no es porque me resulte fácil estar al tanto de mi vida, sino porque no me parece nada fácil, así que necesito practicar).

Mi marido, sin embargo, encuentra mucho más fácil concentrarse en lo que hace, ya sea estar con las niñas cuando se despiertan o prestarme atención por la noche, en las dos únicas horas que tenemos para estar solos.

Actualmente hay un debate abierto sobre anteponer a tus hijos o a tu pareja. Voy a decir claramente que este debate me da asco.

Como madres, todas nos hemos encontrado en posiciones difíciles y haciendo malabares para cumplir con nuestras rutinas al mismo tiempo que somos buenas madres. ¿Y ahora se supone que también tengo que elegir entre el hombre al que quiero y mis hijas? Voy a decirte quién va a ganar siempre aunque puede que, por desgracia, no sea una respuesta que me haga muy popular.

Mis hijas. Spoiler: mis hijas ganarán siempre.

Eso no significa que mi matrimonio no sea importante para mí o que mi marido ahora sea menos importante para mí que el día en que nos dijimos "sí quiero", pero sí que significa que, al elegir tener hijos con él, ellos son mi prioridad.

Si es cierta esta idea contemporánea de que nuestros hijos algún día nos agradecerán que les hayamos puesto por debajo de nuestras necesidades de pareja, mis hijas van a sentirse muy decepcionadas.

Porque yo he elegido conscientemente querer a su padre, pero también he elegido intentar llevar de la mejor forma posible que nuestras salidas nocturnas, nuestras sesiones de achuchones y nuestras necesidades de pareja estén temporalmente en espera.

Mi marido me dijo que él no quería estar casado con alguien que le pusiera por encima de sus hijos. Él valora que yo quiera estar ahí para nuestras hijas.

Pero eso no significa que ninguno de los dos juzguemos a los padres que salen por las noches y tienen decenas de niñeras disponibles entre las que elegir -y si suena como si lo estuviera juzgando, es solo porque me da un poquito de envidia-, significa que he aceptado que, con dos niñas de menos de 5 años, las noches de salir con mi marido siempre implicarán llevar un vestido lleno de manchas de comida y a unas ruidosas acompañantes.

Llevé a mis hijas a una boda hace poco y me sorprendió que uno de los invitados mostrara su desaprobación. Aunque mis hijas fueron más que bienvenidas, y habían sido invitadas por la novia, aparentemente yo debería haber elegido la opción niñera y haber rechazado la invitación a dos menús de niños. Pero no lo hice.

En vez de eso, me entusiasmó que mis hijas también estuvieran invitadas. Me encantó comprar vestidos nuevos para ellas y llevar yo uno que ya tenía en el armario. Uno de mis recuerdos favoritos de la infancia es el de bailar con mi padre en las bodas de sus primos, pero ahora ni vivo cerca de mi familia ni había sido invitada últimamente a bodas en las que los niños fueran bienvenidos.

Nos lo pasamos genial. Fue una noche estupenda para los cuatro.

Mis hijas se portaron muy bien e incluso superaron mis expectativas (yo esperaba que se quedaran dormidas después de bailar una canción). Puede que la más pequeña se me quedara dormida en el hombro, pero mi marido, mi niña de 5 años y yo bailamos hasta reventar y aguantamos despiertos mucho más de lo normal.

¿Que si no me habría gustado bailar lento durante toda la noche con mi marido? Obviamente.

¿Que si habría dejado a mis hijas con sus abuelos si vivieran más cerca de nosotros? Seré sincera: a lo mejor.

Pero de una cosa estoy segura: fue una noche memorable para los cuatro, y todo el que haya perdido su tiempo preguntándose si mis hijas no se comportarían bien o si serían una carga para mí ya puede respirar tranquilo.

Me encanta ser madre.

Aunque ahora estoy experimentando más frustraciones, preocupaciones y dificultades que nunca -incluso en la relación de más de 21 años con mi marido-, también estoy experimentando más amor y más cariño de lo que creía posible.

No hay cosa más gratificante en el mundo que ver cómo mi hija de 5 años disfruta bailando con el vestido amarillo que ella misma ha elegido -con tanta energía que me alegro de haberle puesto unos pantalones cortos debajo- en una celebración tan magnífica.

Mis hijas crecerán, y puede que me agradezcan (o no) que haya puesto mi relación con su padre en un segundo lugar inmediatamente posterior a su propia educación. No podemos predecir cómo nos verán nuestros hijos cuando crezcan, aunque, por supuesto, podemos especular.

Así que estoy haciendo lo que creo que es lo correcto. Hago lo que mi marido y yo creemos que es lo correcto, porque los dos estamos educando juntos a estas dos criaturas.

Lo correcto es asegurarse de que tanto mis necesidades como las de mi marido están cubiertas por separado y reconocer que mis hijas sólo tienen una infancia y yo quiero estar presente en ella.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero

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