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'Breve historia del conflicto armado en Colombia'

03/02/2017 07:20 CET | Actualizado 03/02/2017 07:20 CET

2017-02-01-1485962843-206479-Capturadepantalla20170201alas16.22.57.jpgSe acaba de publicar, por parte de La Catarata, Breve historia del conflicto armado en Colombia. Y es que, precisamente, de eso es de lo que se trata este libro, de sintetizar más de cinco décadas de conflicto interno. El conflicto colombiano, formalmente, inicia a mediados de los años sesenta, cuando en el convulso contexto de Guerra Fría, América Latina, en general, se erige en una región de profundas asimetrías sociales en las que, como nos diría Juan José Linz, la democracia quiebra, y confluyen proyectos desde arriba, a modo de dictaduras militares, y desde abajo, con base en luchas guerrilleras.

Y aunque Colombia, tradicionalmente, se dice que es la democracia más estable de Latinoamérica -apenas interrumpida por cinco años de dictadura en los cincuenta-, lo cierto es que sus bases democráticas son profundamente endebles, incluso en la actualidad. De hecho, las raíces del conflicto armado se remontan, si cabe antes, no solo a la muerte en 1948 del líder Jorge Eliécer Gaitán, que enarbola la bandera de las reformas sociales en aras de la mejora de la dimensión social del Estado, sino antes, con la aparición de los primeros campesinos levantados en armas, por la ausencia de mecanismos redistributivos de la propiedad de la tierra. Mecanismos aún irresolutos, en la medida en que Colombia se trata del único país del continente sin haber experimentado proceso alguno de reforma agraria.

Así, el libro, tras problematizar sobre las raíces del conflicto más longevo de la historia latinoamericana, trata de abordar los diferentes esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos colombianos, desde 1978 y hasta la actualidad. Los intentos de negociación frustrada se intercalaron con políticas de cariz más reactivo, pero, igualmente, infructuosos. Esto, por la debilidad endémica de la institucionalidad colombiana, pero, igualmente, por la yuxtaposición de factores que albergaban la posibilidad de hacer proliferar y consolidar grupos armados que, bien a modo de guerrillas, bien a modo de paramilitarismo, incluso, con cárteles del narcotráfico de por medio, se hicieron dueños y señores durante décadas de buena parte del territorio colombiano. Esto, haciendo valer el dicho de que "Colombia siempre tuvo más territorio que Estado". De la breve historia de todos ellos se trata, también, en el libro.

La 'Política de Seguridad Democrática' de Uribe, desde una comprensión por la que el fin justifica los medios, se sirvió, al menos informalmente, del paramilitarismo y de una militarización de la vida cotidiana.

Cobra especial atención en este trabajo el intento del presidente Andrés Pastrana por negociar, en lo que fue conocido como el "Proceso del Caguán", y la política beligerante de Álvaro Uribe, coadyuvada por el Plan Colombia de Estados Unidos. Sin embargo, en ambos casos, la superación por la vía negociada, primero, y militar, después, devino imposible. Ello, porque la magnitud, especialmente de las FARC, se traducía en un grupo guerrillero que, en su mejor momento, a inicios de la década pasada, casi aglutinaba 20.000 efectivos armados, con presencia en una tercera parte del territorio colombiano, y con unos ingresos anuales que superaban los 1.300 millones de dólares. No obstante, este pie de fuerza se redujo muy sustancialmente. La Política de Seguridad Democrática, desde una comprensión por la que el fin justifica los medios, se sirvió, al menos informalmente, del paramilitarismo y de una militarización de la vida cotidiana, copada por excesos democráticos, que, sobre la base de un ingente gasto militar, finalmente, terminó debilitando muy sustancialmente a las FARC y al ELN, aunque sin atisbo de derrota. Esto, gracias a la ubicación en enclaves fronterizos y alejados de los centros decisorios del país, y gracias a los ingresos que provinieron del control sobre los enclaves cocaleros.

Y es así que se produce, ya a finales de la década pasada, un contexto de "estancamiento doloroso". Es decir, las guerrillas terminan profundamente debilitadas (por ejemplo, las FARC reducen su pie de fuerza a 7.000 guerrilleros y 120 municipios) pero el Gobierno no termina por obtener la victoria militar. Resultado: dada la correlación de fuerzas, continuar en el conflicto es mutuamente desfavorable para las partes en liza y se hace imprescindible negociar. Un ejercicio que acaba de terminar, al menos formalmente, con las FARC y que se inicia con el ELN, pero que supone todo un reto en la (re)construcción del Estado colombiano y su institucionalidad.

Finalmente, se dedica un capítulo entero al paramilitarismo. Un fenómeno que surge a finales de los setenta y que, sobre todo, una vez que son desarticulados los cárteles de Medellín y Cali, busca erigirse en los "señores de la guerra", con un proyecto criminal que, en algún momento, involucró a sectores de la Fuerza Pública y del gobierno colombiano - especialmente a nivel local y regional- y que, si bien queda desarticulado en 2005, hoy en día sigue más vigente que nunca, rebautizado como "Clan Úsuga" o "Bandas Criminales". Esta herencia paramilitar contaría con más de 2.000 efectivos, y se trata de una de las mayores amenazas para la seguridad del país y el actual proceso de construcción de paz que tiene lugar en Colombia.

Todo, finalmente, se aborda incorporando testimonios de mandatarios colombianos, comandantes de las FARC, del ELN y del paramilitarismo que, junto con datos oficiales, favorecidos por la Presidencia de la República, dan buena cuenta de la magnitud y relevancia del último de los exponentes de la Guerra Fría, y de este largo siglo XX que comenzaría en 1917 y concluiría con el fin de este conflicto armado.

Puedes leer aquí la Introducción del libro