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La corbata de Otegi

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Foto: EFE

Este artículo fue escrito conjuntamente con Egoitz Gago Antón, doctor en Estudios de Paz de la Universidad de Bradford, Reino Unido y profesor de la Universidad de Bogotá.

Mucho se ha hablado sobre la salida en libertad del líder de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi. Buena parte de los medios de comunicación nos han recordado, una y otra vez, su pasado oscuro como miembro de ETA, su compromiso con la izquierda abertzale y, finalmente, el insulto que representa para la honorable democracia española el hecho de que una persona así pueda hacer política sin renegar de su pasado.

Sin embargo, muy pocos medios de comunicación se han hecho eco de la inevitabilidad y la importancia de que alguien como Otegi pueda hacer presencia política en la realidad vasca de nuestros días.

Nos guste o no hay un elemento que no se puede ignorar: Arnaldo Otegi representa una opción política muy significativa en Euskadi que, desde luego, no puede ser pasada por alto. Una relevancia que, nos guste o no, es propia de un escenario de posconflicto armado y, por ende, de normalización de la vida política, en la que la democracia se sustantiva por la opción presente de dejar las armas y disputar las urnas. Al respecto, Irlanda del Norte, el Sinn Féin y Gerry Adams nos ofrecen un perfecto ejemplo.

Muchos sectores políticos de Euskadi y de España, empero, se empeñan en desmontar la figura de Otegi con ataques a su persona que rozan el ridículo. Sobre todo, porque no podemos olvidar que Arnaldo Otegi ha cumplido sus (en plural) deudas con la sociedad, primero como miembro de ETA y segundo como supuesto líder de la trama que buscaba reconstruir la Mesa Nacional de Batasuna.

¿Qué podemos esperar para el futuro si disfrutamos, como adolescentes contrariados, de sacar las fallas políticas a agentes activos de la normalización política?

La condena, a todas luces injusta, se basaba en la suposición de que Batasuna funcionaba para ETA. Un binomio por el cual, la pertenencia a Batasuna te convertía, ipso facto, en parte de la organización armada. Discúlpennos, pero este hecho se ha probado carente de fundamento, habida cuenta de cómo se sucedieron los acontecimientos que condujeron a la dejación de armas por parte de ETA.

¿Qué intención puede tener una sociedad en la construcción de paz deslegitimando a la cabeza de la opción política que engloba en nacionalismo radical? ¿Qué podemos esperar para el futuro si disfrutamos, como adolescentes contrariados, de sacar las fallas políticas a agentes activos de la normalización política?

No nos engañemos. Hay un discurso caduco y antiguo que se resiste a desaparecer. No vamos a entrar en lo dicho dentro de la política española, sobre todo los sectores de PP, Ciudadanos y el PSOE más rancio. Es sorprendente cómo la política vasca ya no va de la mano de su sociedad. La división entre "demócratas" y "no demócratas" ya no existe. El camino hacia la "normalización política" ya se ha recorrido. La sociedad vasca ya se entiende entre sí. Ya está avanzada en su proceso de reconciliación.

Las élites políticas del PNV, del PSE-EE y del PP deberían entender que, para enterrar realmente el conflicto, la pelota está en su tejado. Deberían dejar de equiparar violencia con nacionalismo de izquierdas. Deberían de utilizar las formas de convivencia que la sociedad vasca hace tiempo que ha hecho suyas. Mientras se siga pidiendo responsabilidades por acciones ya pagadas, vinculando valores morales a posiciones políticas o utilizando desgracias personales para realizar ataques sin sentido seguiremos con un pie en un episodio de la historia que debemos superar.

Arnaldo Otegi y la formación que representa, EH Bildu, lo están haciendo. No significa que se deba de estar de acuerdo con sus posiciones u olvidar el pasado, pero la tan ansiada reconciliación no trata de hacer nuevos amigos. Trata de ser capaces de vivir con el que piensa diferente. De resolver los conflictos utilizando algo más que la descalificación, el insulto o la violencia.

Medidas como la inhabilitación de Otegi para ejercer cargos políticos son leña para que un fuego que ya no calienta siga activo. El fuego que ha permitido a muchos hacer política con la situación de violencia que, en otro tiempo, atravesó Euskadi.

La persecución política seguirá siendo un argumento válido para la izquierda abertzale. ¿Quieren normalización? Dejemos que Otegi se presente a las elecciones y que el proceso político alimentado por la sociedad dicte qué valor tiene su opción política. Otegi ya lo esta haciendo, o ¿qué creen que pensó cuando se puso esa corbata en Bruselas?