Jesús Andreu

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El ascenso hispano en EEUU: una oportunidad para España

Publicado: 03/01/2013 07:00

Atrás han quedado los tiempos en los que se vaticinaba la influencia que iban a adquirir las comunidades hispanas en Estados Unidos. El futuro ya es presente y los hispanos constituyen un colectivo con un impacto decisivo en las esferas política, económica y cultural. La razón fundamental está en la demografía, ya que los hispanos son más de 50 millones y representan el 17% de la población, habiendo sido en la última década los responsables del 56% del aumento demográfico. Muestra de este peso decisivo son las últimas elecciones presidenciales. En ellas el 71% de ellos votó por Barack Obama y el 27% por Mitt Romney. Con todo, la demográfica no es la única razón, también lo son su afán de esfuerzo y superación y una envidiable vitalidad.

En un momento en el que el crecimiento de las potencias emergentes nos abruma, cabe señalar que si los hispanos se independizasen serían una más entre ellas. Su ingreso per cápita es mayor que el de Brasil, Rusia, India y China, y dentro de poco, más del 10% de las empresas estadounidenses serán hispanas. Así, no es de extrañar la mejora de su perfil profesional tanto en el sector privado y la administración pública --pensemos en Sonia Sotomayor, jueza del Tribunal Supremo--, como en las industrias culturales, en la que se encuentran figuras consagradas del star system (Jennifer López, Benicio del Toro) y narradores de la talla de Junot Díaz. Nuevos líderes emergentes y de opinión contribuyen a su vez a consolidar el prestigio de la lengua en español.

Por otro lado, la presencia de hispanos en las universidades estadounidenses bate récords año tras año. Según estadísticas del Pew Hispanic Center, el 16,5% de los estudiantes matriculados en 2011 pertenecen a este colectivo, lo que equivale a más de dos millones de universitarios. Además, los porcentajes son aún más abultados en las fases de enseñanza previas (high school, primaria, etc.).

Esto nos pone sobre la pista de las tendencias de futuro, aún más espectaculares: el 55% de los hispanos aún no tiene 18 años --cada año los cumplen 500 mil-- y está previsto que el colectivo rebase los 140 millones en 2050, un tercio del total de la población estadounidense. Si estamos de acuerdo con el fundador de la Sociología, Auguste Comte, según el cual "la demografía es el destino", qué duda cabe que el porvenir les sonreirá.

Ante esta situación, Huntington creyó ver una amenaza a la identidad nacional estadounidense sin percatarse de que las civilizaciones latina y la occidental no difieren y que los hispanos han desempeñado un rol crucial en la construcción histórica de Estados Unidos. Hoy, los hispanos están integrados con naturalidad en la sociedad estadounidense y conforman, en su diversidad, una nueva identidad hispano-norteamericana, plenamente bilingüe, emprendedora y creativa.

Desde España es lógico que interpretemos esta realidad como una oportunidad para plantear acciones específicas hacia los hispanos. El gobierno español supo verlo desde finales de los 90 y muchas han sido las acciones de acercamiento y conocimiento. La Fundación Carolina, por ejemplo, ha traído ya a España a casi 200 en su programa "Líderes Hispanos de los Estados Unidos". Ahora es la vez de lo económico. Si su mercado se ha convertido en un objetivo prioritario para las empresas estadounidenses, debe serlo también para las nuestras y para eso hay fomentar la inversión española en las empresas hispanas.

Para conseguirlo, lo que resulta más pertinente --¡y realista!-- es contemplar nuestro vínculo con los hispanos desde el marco de las relaciones con EEUU. Los hispanos son antes que nada norteamericanos, especialmente los de las nuevas generaciones, pero también latinos y es en esa biculturalidad donde se puede encontrar el éxito. Al menos para las que se conviertan en empresas con sabor latino.

Seamos pragmáticos: EEUU ya está entre los 10 principales países inversores en España y España es hoy uno de los 10 primeros inversores mundiales en el país. Y, más allá del turismo y la gastronomía, los españoles estamos cautivando a los estadounidenses gracias a nuestros actores y directores, a nuestros cocineros, a nuestras empresas de telecomunicaciones e infraestructuras, a nuestra red de trenes de Alta Velocidad o a nuestras energías renovables. Como se ha encargado de recordar recientemente el embajador Alan Solomont, hemos generado decenas de miles de trabajos en EEUU.

Ahora bien, es cierto que las comunidades hispanas pueden ayudarnos a fortalecer la imagen exterior española --la cual por cierto está mucho mejor valorada fuera que dentro de nuestras fronteras--, y a redoblar el eco de la cultura en español por el mundo. Por nuestra parte, hemos de esforzarnos por articular un espacio transatlántico ampliado que incorpore a Iberoamérica sobre el pivote hispano y en el que España sirva de puerta de entrada recíproca a europeos y americanos. Un espacio, en fin, anclado en los principios universales que todos compartimos: la libertad, la democracia y el imperio de la ley.

 

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