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Iberoamérica 'intra-histórica'

07/01/2015 07:23 CET | Actualizado 08/03/2015 10:12 CET

Hoy más que nunca hacer prospectiva parece inútil. La volatilidad de los mercados y la posibilidad no tan remota de que el mundo se desquicie aún más -por un colapso chino o la ruptura de Europa- invitan a la cautela a la hora de pensar en el porvenir. No obstante, estos ejercicios son consustanciales no solo a la alta política, sino a los proyectos de vida, a los sueños y ambiciones que cada persona traza para sí. Hay una palabra que expresa esta alerta de futuro, tanto en el plano individual como en el colectivo: sostenibilidad. En este sentido, el escenario institucional más sostenible que cabe idear -de acuerdo con PwC y EsadeGeo- es el de una gobernanza global en la que las naciones regulen coordinadamente los conflictos económicos, sociales o de cualquier orden. Es también el escenario más optimista.

Sin necesidad de contraponer a esta opción una alternativa apocalíptica, a medio plazo lo más realista es imaginar la conformación de grandes bloques regionales, muy integrados internamente, aun rivalizando entre sí por los recursos energéticos. De hecho, esta es la clave desde la que mejor se entiende la construcción de unos Estados Unidos de Europa, en la que estamos inmersos. Pero también la existencia de la Liga Árabe, de la Asociación del sudeste asiático (Asean) o del Nafta, en el Norte de América. Obviamente, la reconfiguración mundial está por definir, pero ya se esbozan incluso coaliciones inter-regionales: el libre comercio avanza hacia Europa, existe un foro Sur-Sur desde hace años y en mayo de 2014 Rusia y China firmaron un acuerdo energético en el marco de la Conferencia sobre Interacción y Desarrollo de la Confianza en Asia.

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En este tablero dinámico llama la atención la ausencia de un bloque iberoamericano consolidado, que en cambio aparece fragmentado -como ya reflejé en este blog- en diversos y hasta contrapuestos programas de integración (Alba, Mercosur, Alianza del Pacífico, etc.). Una fragmentación que se deja notar en cada Cumbre Iberoamericana hasta el punto de que hay países decididos a finiquitarlas. Bajo una óptica diametralmente opuesta, la Segib -a través de su nueva secretaria, Rebeca Grynspan- parece dispuesta a relanzar el sistema iberoamericano recurriendo con audacia a los factores que en la actualidad están marcando la diferencia: la innovación y la atracción de talento.

Es lo que se desprende de la Declaración de Veracruz que, además de sentar las bases para la implantación del "Erasmus latinoamericano", hace hincapié en el impulso a la movilidad empresarial, al tiempo que habla del establecimiento de una Agenda Digital, soporte de la economía del conocimiento. No por casualidad se trata de los mismos puntos -focalizados en la movilidad laboral y la inversión en I+D- que definen los propósitos de la recién estrenada Comisión Juncker. Por descontado, al contrario que en Europa, las dificultades en el subcontinente empiezan en el terreno de la voluntad política, toda vez que resulta preciso contar con la aquiescencia de los países desafectos y recuperar la confianza de Brasil.

Y sin embargo -lo que es paradójico- Iberoamérica es una realidad supranacional de facto por encima de gobiernos e instituciones, un verdadero bloque regional, más compacto en lo geográfico, afectivo y cultural que cualquier otro. Más "intra-histórico", como diría Unamuno. En la fuerza de este legado descansa la credibilidad que despierta Iberoamérica, no solo como proyecto político de futuro sino como enclave comercial y de inversión económica de este mismo presente. Precisamente por ello el liderazgo institucional de la Segib -todavía sostenido en su mayor parte por España- no puede desfallecer ya que está condenado al éxito.

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