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FEI: Fanatismo Explosivo Intermitente

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Foto: GETTYIMAGES

La intermitente e imparable sucesión de actos de violencia de apariencia terrorista, fanática o psicopatológica, tanto masivos como en pequeña escala, si es que a ese dolor se le puede poner escala, nos obliga a reflexionar sobre sus causas y efectos. Solo si somos capaces de explicar y comprender qué pasa dentro de la cabeza de esas personas "fanatizadas" o "trastornadas", podremos entender lo que sucede en el mundo global, irracional y bárbaro, que lo facilita y promueve.

En la actualidad nadie duda de que el mundo se comporta como un gran cerebro global colectivo, que genera y comparte información, dando lugar a una especie de conciencia global que condiciona el comportamiento humano. Las TIC, internet y las redes son el hardware y el software que sustentan el funcionamiento de ese ciberbrain planetario, que, al igual que el cerebro humano, puede actuar para bien y para mal, para crear o para destruir, para el amor o para el odio, y también puede enfermar o sanar.

Pues bien, hay un curioso mecanismo cerebral denominado "kindling" (traducible como encendido, acaloramiento, arrobamiento, etc.) que explica ciertas conductas patológicas del cerebro humano que, una vez activadas, tienden a repetirse periódicamente, a reaparecer sin previo aviso, de una forma aparentemente autónoma. Por ejemplo, algunas crisis epilépticas, o crisis de ansiedad, o episodios de violencia en el contexto del denominado "Trastorno explosivo intermitente". El proceso de activación del Kindling se produce cuando al cerebro le damos pequeñas descargas eléctricas, o estímulos químicos con drogas como la cocaína, o incluso estímulos psicológicos estresantes, que desencadenan pequeñas descargas bioeléctricas cerebrales sin apenas repercusión conductual. Si esas estimulaciones se suceden con una periodicidad más o menos diaria, acaban desencadenando una "explosión" bioeléctrica cerebral (el kindling), acompañada de una conducta patológica (crisis) y una vez desarrollado este mecanism,o tiende a persistir y reaparecer de forma autónoma, sin desencadenantes aparentes. Digamos que el cerebro ha desarrollado un mecanismo patológico autónomo que persistirá indefinidamente si no hacemos nada para pararlo, para "apagarlo".

Está en marcha nada menos que una lucha por los derechos civiles, encabezada por los jóvenes y su inagotable energía.

Pues bien, mi hipótesis es que el cerebro informacional colectivo, el ciberbrain planetario, ha desarrollado una especie de kindling global que explica el desarrollo y la reaparición de conductas violentas periódicas, sin previo aviso y sin necesidad de estímulos desencadenantes.

El cerebro global esta recalentado, acalorado, siempre al borde del incendio, al límite de la explosión, y genera comportamientos críticos sucesivos claramente socio-patológicos. En ese cerebro global hay fisuras, grietas, que facilitan la explosión, como son ciertas personas con debilidades y deficiencias en la capacidad de autocontrol, fáciles de estimular y condicionar por mecanismos de persuasión, seducción o fanatización. Esas personas, una vez desarrollado su propio kindling, tenderán a repetir conductas anómalas sin necesidad de que nadie las active. Y eso, a nada que nos fijemos, es lo que está sucediendo ahora mismo en el mundo. Junto a atentados terroristas protagonizados por grupos condicionados y entrenados para ello, hay muchas acciones violentas aparentemente autónomas, de personas que actúan como verdaderos "lobos solitarios", aunque en realidad ni son lobos, ya que su agresividad no tienen sentido adaptativo, ni son solitarios, ya que forman parte de una red informacional y social que facilita su conducta.

Pero más allá de las explicaciones neuro-biológicas (individuales) o socio-biológicas (colectivas), si de verdad queremos comprender lo que sucede tenemos que ir al trasfondo cultural y humano de los protagonistas. Del texto, lo que sucede, al contexto, el lenguaje global que lo contiene y construye. Y en el lenguaje siempre están las palabras. En este caso, la palabra clave es "fanatismo". Es una palabra muy antigua, que nace de una raíz indoeuropea común con "Teos" (dios). Fanático en origen era el celador que guardaba un templo, el defensor de esa divinidad exclusiva y excluyente. Pero fanático y fanatismo también tienes raíces compartidas con frenético o frenesí, que equivale a estar poseído (poseso) por un fervor religioso subyugador o delirante, y también equivale a locura o trastorno mental. Y, finalmente, otra rama etimológica de fanático lo emparenta con el griego φἀνος y φαινω, que equivale a estar iluminado o deslumbrado por una luz cegadora.

Luego ya tenemos el círculo completo: fanatismo es delirio religioso, pero también es frenesí patológico, y también deslumbramiento cegador. Esos tres tipos de conceptos explican tres tipos de comportamientos (terroristas, iluminados y trastornados), que se están dando a la vez en el mundo en forma de actos de violencia irracional, bárbara, impredecible e inevitable. Solo si comprendemos los mecanismos que los sustentan y adoptamos las medidas "bio-psico-socio-terapéuticas" adecuadas, podremos "evitarlos o impedirlos".

Pero de esto, de esas medidas y opciones, hablaré otro día, por no extenderme demasiado, pero, sobre todo, por darme tiempo para reflexionar y opinar de la forma más atinada posible.

Mientras tanto, quede aquí mi deseo de salud para todos y de paz para el mundo.