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Carta a un nieto que no tengo

24/09/2017 09:32 CEST | Actualizado 24/09/2017 09:33 CEST
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Querido nieto que te encuentras únicamente en mi cabeza y en mi corazón. No sé si llegarás, como tampoco sé, si así lo haces, si serás hombre o mujer, niña o niño, hoy por hoy eres puro deseo, anhelo de una vida que va más allá de mí, que echa a volar cuando yo me encuentro en la despedida. Sólo necesito verte, la tristeza arrebata mi yo cuando me hago consciente de todo aquello que no puede hacer.

Ahora veo las imágenes de los que tendrán que ser tus padres y percibo sus aromas, el sabor de sus rostros cuando les besaba y el peso de sus cuerpos cuando los tenía en brazos, cosa que no podré hacer contigo. Mis manos ya son incapaces de sostenerte, no podré sentir tu cabeza sobre mi hombro y besar sin descanso tu rostro. Sólo puedo imaginarte tumbado sobre mi pecho levantando la cabeza para mirarme sonriendo; ese pequeño cuerpo moviéndose sobre mi pecho. No puede demostrarse el amor sin contacto físico: no podré dormirte, no podré bañarte, no podré darte de comer ni sacarte a pasear.

Pienso a menudo como podrás encariñarte con ese extraño y viejo ser que sólo podrá contemplarte desde esa rara silla o esa cama. Espero que mi mirada, mi sonrisa y mis palabras puedan hacer llegar a ti el inmenso cariño y la adoración ante la fuente de energía que supondrá tu nacimiento, en tu existir existiremos todos, cada uno de nosotros formamos parte de un solo ser y el principal objetivo de nuestra existencia es transferir la vida que hemos recibido, ser él punto y seguido de la naturaleza que formamos parte. Con nuestro actuar hacemos historia, con el tuyo también la haré yo. La vida es una simple carrera de relevos y en cada uno de ellos permanece algo nuestro, puede ser un poco egoísta que yo quiera contemplar hasta donde llega el mío.

No temas, la vida ruge a veces como un león desmelenado y en otras ocasiones te canta al oído como un jilguero. No te asustes, lo peor que puede ocurrir es que le tengas miedo.

Llegarás rompiendo a llorar, un llanto poderoso rajando el silencio, reivindicando tu lugar en este mundo; mientras mis lágrimas ya se derraman en silencio, caen lentamente inundando mi cara. Llegarás con fuerza, acumulando cada día tu porción de energía, haciendo crecer el ego necesario para hacerte un hueco. Yo me iré escurriendo hacia la nada contemplando maravillado ese espectáculo de vitalidad. Es por todo esto por lo que quizás llegue tarde, el fruto de la vida me superará, lloraré de emoción al verte y quizás de tristeza en la oscuridad de la noche soñando con el abuelo que me gustaría haber sido. Dirás qué todo lo que estoy diciendo no pasan de ser elucubraciones, fantasías de un viejo incapaz de adivinar lo que será o no será, pero con esas fantasías te hago nieto mío, te acuno, te beso, aun siendo una mera hipótesis ya te estoy queriendo.

En esta fantasía, todo mi cuerpo recupera su ser, hago un nido con mis brazos en el que todo el planeta tierra te acoge con alegría mientras yo te beso y me decido a esperar. No temas, la vida ruge a veces como un león desmelenado y en otras ocasiones te canta al oído como un jilguero. No te asustes, lo peor que puede ocurrir es que le tengas miedo, en una y en otra ocasión saldrás victorioso sí la huella que dejas es firme, es tu huella y no tú lo que perdurará. Ya estás viviendo a través de mi imaginación. Un beso muy grande en el que dejo colgada algo de mi vida para que tú puedas heredarla.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.