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El camino para emprender soñando y persistiendo

08/10/2017 09:16 CEST | Actualizado 08/10/2017 09:16 CEST

Olga Vallejo

El verano más apetecible para mi es el de finales de junio, cuando tengo unas ganas locas de mojito, bailar, terrazas bonitas con amigos, ver las estrellas sobre la playa en la noche con el reflejo de la luna, oler a pescadito frito, tomar sandia sin descanso y degustar helados a go-go.

Es la estación de mostrarse, sin trampa ni cartón, broncearse o no, pero sí bañarse y dejar que cada gotita refrescante acariciándote se evapore a pleno sol.

Es el momento de disfrutar más que nunca, en todos los sitios parece que nos dicen que en verano pasa de todo.

Y no sé cómo, yo lo empecé a bombo y platillo, de repente toda duda se disipo, y ante caminos borrosos, como si fuera una película romántica, todo quedó claro sin más, aunque con más de un sollozo.

Nuevo rumbo, nueva etapa, nuevos retos que estaba postponiendo, aquí estaban.

Es increíble cómo en la sociedad el hecho de emprender es ya una alternativa firme a la poca conciliación de los trabajos por cuenta ajena, y cuánto cuesta hacer un negocio rentable que te de un salario parecido al trabajo normal.

Emprender es tan duro porque hay que encontrar esa manera con la que conseguirás rentabilizar tu negocio, cómo hacer que los que te rodean te entiendan, te apoyen, te empoderen hacia aquello que te va a hacer feliz y para lo que tienes talento en tu elemento que decía Ken Robinson ...

Y es que la vida debería resumirse en una misión y rodearte de un 'aporta o aparta'; quien me cuida, me tiene.

Sin darme cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, han pasado tres meses más, y veo asomar el otoño; en un abrir y cerrar de ojos, donde a veces cayó una lagrima, donde a veces el sol deslumbró en plena tarde veraniega.

Te tengo que decir que otoño es mi estación; de manta, calcetín, vela, libro y taza caliente, muy hygge; de atardecer naranja pero no noche inmediata, de hojas bailando hacia el suelo y de plantas inesperadas de colores rojizos y tallo verde, de celebraciones americanas y creativas que reúnen para no mostrarse o dar gracias.

Y ya a punto de cumplir 41, con la revolución ya serena, el camino de baldosas amarillas aparece deslumbrante y nada zigzagueante, parece que lleva recto hacia donde quiero, hacia donde creí que sería difícil llegar, a vivir bien de mi negocio, disfrutarlo y andar en libertad hacia donde siempre soñé.

Y como protagonistas estelares me exasperan, llenan de amor e iluminan en el arcén, mis dos tintineantes acompañantes, y como no, la vida: con zancadillas, alegrías, dudas, apoyos inesperados, dolor sentimental, sorpresas, baches, cariños soñados y muchos maravillosos aprendizajes.

Este año ha sido de grandes cambios y alegrías pero, siendo como soy y conociendo la adversidad, no hay mayor certeza de que ayudar te da impulso, las caídas enseñan y las conversaciones iluminan, sanan y te reflejan.

Habrá que esperar al verano próximo para bañarme de nuevo de noche con la luz de la piscina turquesa, bajo las estrellas brillando y sintiéndome poderosa. Pero se ahora, casi a ciencia cierta, que lo que creí que podía ocurrir está ocurriendo y es sólo un camino que he ido creando poco a poco, trabajando mucho y creyendo.

Vivo muy bien de mi negocio, ¡por fín! Y te digo que conciliando se hace muy muy duro, pero con ayuda de muchos en el camino lo toco con la punta de mis dedos, lo he conseguido y me hace muy feliz.

Si quieres seguir esta estela, ve a por ello, si yo he podido tú puedes.

¿Te atreves a soñar, a persistir y seguir, a colaborar sin esperar, a trazar la vida que siempre has querido aunque te hagan dudar o digan una y otra vez que no?

Te deseo lo mejor, y cualquier cosa que te pueda ayudar escríbeme a hola@experienciar.es

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